
Series: crítica de ‘Caballos lentos – Temporada 6’ (‘Slow Horses’), de Will Smith y Adam Randall (Apple TV)
La mejor serie de espías del streaming vuelve con otra temporada brillante, afilada y emocionante, confirmando que ya es un auténtico clásico. Desde el 15 de septiembre por Apple TV.
Una de las mejores y más consistentes series de las plataformas de streaming, Slow Horses aterriza en su sexta temporada como una máquina en pleno funcionamiento, una especie de equipo bien entrenado (un Manchester City de la mejor era Guardiola, digamos) en la que todos saben lo que tienen que hacer y lo hacen muy bien. Las historias funcionan, el tono es (casi) siempre el justo, los personajes son fantásticos y, en seis compactos episodios en los que no sobra (casi) nada, vuelve a demostrar que está un par de puntos arriba del resto de sus competidores. A esta altura ya es innegable que estamos hablando de un clásico.
En ese equipo aceitado, la figura destacada es sin dudas Gary Oldman, oscura y muy graciosa alma de todo el asunto. Su Jackson Lamb es una de las mejores creaciones televisivas de todos los tiempos, al punto que a esta altura bien podría considerarse entre lo mejor que ha hecho en toda su carrera este extraordinario actor británico que tiene un prontuario de grandes personajes a lo largo de cuatro décadas y pico de carrera, desde que se hiciera famoso gracias a su inolvidable interpretación de Sid Vicious en Sid & Nancy (1986). Pese a su pelo graso, su alimentación preocupante, sus comentarios ácidos, sus olores fétidos y su aspecto de homeless, Lamb demuestra siempre ser un inteligente, práctico y muy leal jefe de su pequeño y enmarañado ejército de «caballos lentos», los agentes «de segunda» que tiene a su cargo.
En esta temporada, en la que se adaptan no uno sino dos libros de Mick Herron (Joe Country y Slough House), el misterio pasa por descubrir quién está buscando para asesinar a los miembros de su departamento, la Slough House, quienes además —y quizás no casualmente— han sido borrados de los archivos de la fuerza. No solo buscan a los actuales sino, fundamentalmente, a ex miembros ya retirados de la fuerza, a quienes un par de misteriosos asesinos visita y despacha brutalmente. La tarea consistirá entonces en tratar de contactarse con otros ex-agentes, ocultarlos, ocultarse, escapar y, en paralelo, tratar de descifrar quiénes los buscan y por qué motivos. No será fácil ya que parecen haber muchos intereses y sospechosos en juego: agentes rusos, medios de extrema derecha, turbios asuntos del pasado y la intromisión del MI5, con Diane Taverner (Kristin Scott Thomas) a la cabeza, con intereses que muchas veces entran en conflicto con los de Jack y los suyos.

Otra vez, dentro del equipo, el engranaje emocional más claro pasa por River Cartwright (Jack Lowden), quien (SPOILER de la Temporada 5) ha perdido a su abuelo, David (Jonathan Pryce), y tiene que lidiar con una serie de reapariciones en su vida —algunas buenas, otras no tanto, en ambos casos con grandes intérpretes detrás que regresan—, reapariciones que alteran sus planes y que, además, están conectadas, de una u otra manera, con el eje dramático y narrativo principal. Cuando Caballos lentos se ocupa de River es, acaso, un tanto más convencional, pero la subtrama que lo involucra, más propia de una serie de acción y suspenso, aporta el balance exacto que necesitan las más ácidas y disparatadas apariciones de Lamb para que el asunto no se desbarranque para un lado o para el otro. Además, su componente emocional sigue siendo alto.
Ese difícil tono —es una serie y unos personajes que no parecen tomarse en serio a sí mismos pero en el fondo sí lo hacen— es el que hace que la serie creada por Will Smith, y dirigida en esta temporada otra vez por Adam Randall, se desmarque claramente del resto de sus pares y, a esta altura, de sus varias imitadoras, las que raramente consiguen ese inspirado juego de réplicas agudas, ironía, humor y a la vez seriedad y compromiso para lidiar con lo que tienen enfrente. Es que, entre broma y broma, Herron y compañía no tienen problemas en despachar a algunos de sus protagonistas o hacerlos vivir durísimas situaciones físicas y emocionales. De hecho, el último episodio de esta temporada quizás sea el más duro y violento de todos los que lleva la serie.
Y los otros dos elementos que aportan a su excelencia pasan por su brevedad (seis episodios, promedio 45 minutos, que parecen aún menos) y por el hecho de que, casi religiosamente, año a año hay otra temporada y uno no tiene que reacomodarse tanto a personajes o situaciones que se borraron de la memoria. Lamb está ahí, su B-Team también (entre los que se destacan la sufrida Catherine y el insoportable Roddy, encarnados respectivamente por Saskia Reeves y Christopher Chung) y reencontrarse con ellos cada año, a esta altura, es como volver a ver a esa familia disfuncional que todos creemos odiar pero que en el fondo amamos. Cada vez más.




La temporada 5 había decaído, aunque la historia era buena. Ya se notaban los elementos demasiado los elementos «de fórmula» de la serie. Esperemos que esta 6ta levante. Por la reseña parece que sí.