
Series: crítica de ‘Cautiva’, de Paula Hernández y Jazmín Stuart (TNT, Flow y HBO Max)
La serie narra la historia de una joven que ingresa a un convento de clausura y sufre abusos extremos durante quince años antes de escapar. Con Carolina Kopelioff, Lorena Vega, Valeria Lois, Rita Cortese y Julieta Zylberberg. En TNT, Flow y HBO Max.
Apoyándose en un hecho real que salió a la luz hace una década, Cautiva narra las experiencias de Clara, una chica muy joven que entra al convento de clausura de las Carmelitas Descalzas y que allí es sometida a insoportables torturas y maltratos por parte de la priora para lograr escapar, 14 años después, y de a poco ir reconstruyendo y contando su historia. Dirigida por Paula Hernández y Jazmín Stuart —tres episodios cada una, alternativamente—, la serie tiene una elegante y serena puesta cinematográfica que, por suerte, va a contramano de cualquier tipo de sensacionalismo que este tipo de historias puede llegar a suponer. Con una actuación consagratoria de Carolina Kopelioff rodeada de un gran elenco en el que se destaca Lorena Vega, Cautiva es una serie inquietante y a la vez sobria sobre los abusos de la iglesia.
Si bien la serie toma la precaución de enfocar las responsabilidades más en una persona específica que en la institución, Cautiva igualmente da la impresión de retratar un sistema cruel y perverso. La serie arranca por la huida de esa suerte de prisión y de ahí se desdobla en dos tiempos paralelos. Uno se ocupará de cómo Clara (Kopelioff), adentro renombrada como María Teresa de la Eucaristía, entró a ese convento, los años que vivió allí, cómo fue degradándose su situación a partir de que la Madre Superiora Cecilia de la Cruz (Vega) heredó y conservó el poder, y la etapa en la que empieza a soñar con huir. Y el otro contará su reingreso al mundo civil y a la vida de su familia, con una madre (Valeria Lois) que no sabe qué hacer ante la novedad y sus dos hermanos (Tomás Wicz y Lautaro Bettoni) que intentan convencerla de hacer públicos los maltratos recibidos.
En todo momento, Cautiva evitará caer en truculencias, tomando más las características de un drama humano con elementos de thriller que de un relato cercano al terror y a las torturas físicas. El eje de la serie pasa por la dualidad con la que Clara parece llevar su cada vez más complicado paso por el convento, muchas veces dejándose convencer por la Madre Superiora de su propia responsabilidad ante cada abuso o maltrato. Así la vida dentro del lugar se va volviendo cada vez más difícil, rodeada de tragedias y crímenes, además de abusos de poder y constantes engaños, impuestos por la despiadada Cecilia, personaje que Vega evita convertir en una villana arquetípica, apostando por una seca severidad.

Quizás hasta más interesante, por lo imprevisible, es la vida de Clara al salir del convento, ya que su shock es tan fuerte que le cuesta muchísimo recobrar una relación más o menos normal con el mundo que la rodea. Una secuencia bailando un tema de Las Pelotas y alcoholizándose de más, junto a otras escenas ligadas a su complicada relación con sus hermanos muestran el talento de Kopelioff a la hora de crear un personaje muy complejo y atribulado —el constante temblor en la voz de la actriz es impactante— que no sabe bien qué hacer en su nueva realidad. La aparición de una periodista de investigación (Julieta Zylberberg) para que denuncie los hechos le da a la segunda mitad de la serie un eje narrativo más clásico —lo mismo que la oposición a hacerlo de los habitantes del pueblo en el que viven—, pero la protagonista nunca pierde la sensación de no saber muy bien cómo adaptarse al hecho de poder tomar decisiones por su cuenta.
Si bien la acción transcurre a lo largo de los primeros quince años del siglo (más precisamente, entre 1999 y 2014), Cautiva se maneja un tanto fuera de época, ya que gran parte de la historia transcurre en el convento o en interiores, quizás por cuestiones presupuestarias. Y si bien es cierto que ganaría en peso si se la conecta más con la realidad (de hecho, la llegada al papado de Francisco marca un giro dramático), el drama del personaje en sí transcurre casi fuera de tiempo, dentro de un lugar en el que existen aún reglas medievales que aquí parecen ser impuestas más por motivos personales que por cualquier regulación religiosa. Allí es donde quizás la serie se vuelve un tanto más tímida de lo que debería, ya que casi siempre prefiere poner la culpa de los maltratos en la Madre Superiora dejando a salvo a la institución en sí.
El muy buen elenco incluye en breves roles a Luis Ziembrowski, Justina Bustos, María Ucedo, Mariano Saborido y Fabio Aste, pero por fuera de los protagónicos ya mencionados se destacan Rita Cortese como Aurora, la un tanto más amable predecesora de Cecilia en el cargo de Madre Superiora del convento; la siempre amenazante presencia de Laura Nevole (los que la conocen de los films de Lucía Seles le temerán aún más) como la mano derecha de ambas Madres Superioras, y Rochi Hernández como la mejor amiga que Celia tiene dentro del convento y la otra víctima de las brutalidades del sistema y de las personas que siguen aplicando sus medievales reglas.



