Series: reseña de ‘American Hostage’, de Shawn Ryan y Eileen Myers (Prime Video)

Series: reseña de ‘American Hostage’, de Shawn Ryan y Eileen Myers (Prime Video)

por - Críticas, Estrenos, Online, Series, Streaming
27 Sep, 2026 01:49 | Sin comentarios

Un reportero enfrenta una crisis de vida o muerte cuando un secuestrador exige ser entrevistado en vivo en su programa de radio. Con Jon Hamm y Giovanni Ribisi. En Prime Video.

Si la historia que cuenta American Hostage les parece relativamente familiar existen tres opciones que lo explican. Una, que tengan la edad suficiente para recordar el hecho en sí —uno que no trascendió fuera de los Estados Unidos en su momento, 1977— y los otros dos, que hayan escuchado el podcast o visto la reciente película que dirigió Gus Van Sant titulada Dead Man’s Wire, que cuentan la misma historia pero en un formato cercano al radioteatro, en el primer caso, y en uno cinematográfico, en el segundo. Lo más probable es que sea por la película que —estrenada en cines de Argentina con el título de La negociación a principios de septiembre— narra lo mismo en bastante menos tiempo y de forma más concisa.

La diferencia esencial entre serie y película, sin embargo, es otra. Aquel film narraba la tensión general que generaba el raro secuestro y se enfocaba más que nada en la complicada relación entre el secuestrador, el secuestrado y el hecho en disputa. American Hostage pone el foco en algo que en la película era secundario. Allí, el inexperto secuestrador —un hombre muy molesto por los malos tratos y estafas de una aseguradora— se comunicaba con las autoridades a través de un conductor radial en el que confiaba y que funcionaba a modo de intermediario y en ocasiones negociador. Encarnados por Bill Skarsgård y Colman Domingo, la dupla secuestrador y conductor ocupaba una de las varias subtramas del caso. Aquí, esa negociación es lo esencial.

En la serie, el secuestro y el reclamo específico son los que ocupan un lugar secundario en relación a las dificultades, compromisos y problemas éticos que vive el periodista —y el medio en el que trabaja— al negociar con el secuestrador. Encarnado por Jon Hamm (que en nada se parece a Domingo), Fred Heckman no es un DJ que pasa más que nada música como en el film sino un conductor y reportero periodístico de larga trayectoria en Indianapolis, donde transcurre la acción. Giovanni Ribisi interpreta a Tony Kiritsis, el secuestrador que el 8 de febrero de 1977 entró a las oficinas de la aseguradora Meridian y tomó con rehén a Dick Hall (Kristoffer Polaha), uno de los hijos del dueño de la empresa. Y lo hizo de una manera curiosa: usando una suerte de artefacto que conecta un arma a un cable que va alrededor del cuello de su víctima y que activaría si alguien intenta atraparlo o matarlo.

La película ponía mucha énfasis en el artilugio del arma cableada al cuello de la víctima, pero acá eso pasa a segundo plano. La serie desarrollará lo que sucede a partir del secuestro desde el punto de vista de este periodista que ambiciona irse a trabajar a Nueva York o a una gran ciudad y que de golpe se da cuenta que tiene, por primera vez, a todo el país pendiente de sus logros en función a las charlas constantes que va teniendo con Tony. Mientras sus reporteros investigan, los policías se preparan, los abogados negocian (Tony demandaba una disculpa de parte del dueño de la compañía) y Tony lidia con su rehén, Fred va lidiando con las dudas y complicaciones en las que se puede meter si su negociación con el secuestrador sale mal.

Como Network: poder que mata, película de la misma época en la que tuvieron lugar los hechos que esta serie retrata, lo que narra American Hostage es el detrás de escena de un medio que debe lidiar en vivo con una situación crítica y caótica, jugando en el límite entre lo que es ético y lo que no es, lo que es periodístico y lo que no lo es. Shawn Ryan (creador de la mítica The Shield) y Eileen Myers (de Big Love) elaboran una trama compleja que tiene potencial pero pierde fuerza por dos lados en paralelo. Uno tiene que ver con la familiaridad de la historia —si no vieron la película ni conocen el podcast o la historia original, la serie crece en interés— y el otro con una duración que ronda las siete horas y que podría resolverse con varias menos.

La reconstrucción de época está muy bien y Hamm es un especialista en hacer personajes que ocupan un espacio moral algo indefinido. Acá es un tipo que quiere hacer las cosas bien pero que a la vez sabe que ocupar un rol protagónico puede dispararlo a la fama nacional. Y está muy bien también el equipo de colaboradores que lo rodean y que trabajan junto a él, aunque a veces no se pongan de acuerdo y lo desafíen. Mireille Enos tiene una creciente importancia como Barbara, la esposa de Fred, mientras que Ribisi da muy bien como el tipo que perdió la paciencia con los que, según él, los estafaban y tomó cartas en el asunto hasta convertirse, por un rato al menos, en el ídolo mediático de Indiana. Uno que ya nadie recordaba hasta que el podcast, la película y ahora la serie le otorgaron una tardía popularidad.