Series: reseña de ‘Tierra de mafia – Temporada 2’ (‘MobLand’), de Ronan Bennett (Paramount+)

Series: reseña de ‘Tierra de mafia – Temporada 2’ (‘MobLand’), de Ronan Bennett (Paramount+)

por - Críticas, Estrenos, Online, Streaming
16 Sep, 2026 04:00 | Sin comentarios

Los Harrigan enfrentan nuevos enemigos y mayores divisiones mientras su violento imperio familiar se vuelve cada vez más difícil de mantener unido. En Paramount+ a partir del 18 de septiembre.

Una saga de mafiosos más propensa a la violencia que a las ideas y unos personajes más conectados con las armas que con la conversación, MobLand es un caso raro de una serie que funciona bien y que, a la larga, es un desperdicio. Lo primero es bastante evidente. De un ritmo feroz y con una impronta estilística que establece Guy Ritchie —director de los primeros episodios de ambas temporadas—, la serie centrada en una familia mafiosa de Inglaterra es entretenida, explosiva, violenta y por momentos furiosa. A la vez, teniendo en cuenta el talento del elenco reunido en ella —Tom Hardy, Pierce Brosnan, Helen Mirren, Paddy Considine, Toby Jones, Johnny Flynn y otros—, a uno le queda la sensación de que es poco: más fuegos de artificio que otra cosa, más postura y parafernalia criminal que algo genuinamente interesante.

Es en ese sentido que, da la impresión, Tierra de mafia se queda corta. Es una buena serie, eso es innegable, y el elenco ayuda mucho para que lo sea, pero siempre se la nota más interesada en generar impactos certeros —balaceras, explosiones, secuestros, engaños, asesinatos varios, sexo— que en narrar en profundidad una saga familiar. Entonces, lo que podría haber sido un Padrino inglés —o anglo-irlandés para ser justos con el origen de los Harrigan— debe contentarse con ser una versión pret-a-porter de esa saga, más efectista que efectiva, más grandilocuente que grandiosa.

La segunda temporada continúa lo que sucedió al final de la primera y de entrada aparece una división tajante dentro de este Succession con armas que por momentos parece proponer la serie. Papá Conrad (Brosnan) y mamá Maeve (Mirren) están enfrentados a su hijo Kevin (Considine), y lo primero que sucede pone en primer plano ese conflicto, ya que una banda de mafiosos turcos negocia una venta con los dos al mismo tiempo y no hacen más que intensificar el enfrentamiento. Pero lo que entiende Harry (Hardy), el consigliere con armas que tienen los Harrigan, es que no se trata de un error sino de un premeditado intento por dividirlos cada vez más. Y, con ellos en el piso, triunfar.

Contra los Harrigan hay varios. Está la poderosa Kat McAllister (Janet McTeer), que se ubica a otro nivel en la escala de poder —se la describe como «jefa de jefes»—; el sinuoso Colin Tattersall (Jones), un ex policía que se mueve por su cuenta, y ambos han convocado ahora a un nuevo rival: un tal Frankie (Flynn), otro despiadado criminal que sale a meterse en el conflicto interno de los Harrigan tratando de desarmar más aún a la familia de una manera bastante directa y explosiva. Pero no son los únicos, ya que la familia está rodeada de cuervos que huelen sangre y quieren llevarse su parte.

Los Harrigan tienen también otros problemas. El intenso hijo de Kevin, Eddie (Anson Boon), sigue haciendo de las suyas y ahora se le ha sumado a su equipo la hija de Harry, cuyo matrimonio con Jan (Joanne Froggatt) se disuelve cada día un poco más. La hija «bastarda» de Conrad, Seraphine (Mandeep Dhillon), sigue metida en la parte limpia del negocio familiar, pero no puede evitar ensuciarse por otro lado. La abuela Maeve no hace más que meter en problemas a todos los demás con sus decisiones y pedidos intempestivos, mientras que el patriarca Conrad no quiere aceptar lo que todos ven a simple vista: que el hombre está perdiendo sus cabales.

En el medio de todos, el cada vez más torturado Harry sigue tratando de encontrar el equilibrio entre todas las piezas, pero está claro que no puede hacerlo. Parece ser el único hombre más o menos centrado dentro de un grupo de lunáticos que no hacen más que meterse en un problema tras otro porque sí, pero aún así no alcanza. Los Harrigan son inmanejables y Harry tiene que encontrar una manera de sobrevivir a sus locuras y caprichos. Y en ese balance se mueve un poco también la serie, que posee un círculo de excéntricos personajes que no hacen más que echar literal leña al fuego cada cinco minutos mientras que Harry/Hardy concentra en su espalda algo así como la seriedad y profundidad que uno apreciaría ver más en la serie.

Si bien no tiene nada de malo que MobLand sea explosiva y hasta adolescente en su pasión permanente por el caos, por momentos la serie se limita a poner a los personajes en una situación de conflicto extremo tras otro, como si todo tuviera que jugarse siempre a máximo volumen. Es cierto que esa intensidad le permite ofrecer algunas escenas icónicas —da la impresión que Mirren y Brosnan se divierten de lo lindo con sus personajes—, pero uno agradecería también algún atisbo de calma, reflexión y de clima. Una buena historia de mafiosos debería aportar algo más que situaciones de tensión, violencia y peligro. Y esta no tiene ese suficiente extra para quedar entre las clásicas.