Venecia 2026: crítica de ‘The Road to Jericho’, de Amos Gitai (Venice Open)

Venecia 2026: crítica de ‘The Road to Jericho’, de Amos Gitai (Venice Open)

por - cine, Críticas, Festivales
05 Sep, 2026 10:33 | Sin comentarios

Archivos, entrevistas y materiales de ficción convierten el trayecto entre Jerusalem y Jericho en una meditación sobre la historia y la destrucción.

Un llamado a la paz, hecho por un cineasta israelí que ha minado ese mismo territorio e ideas a lo largo de su carrera, The Road to Jericho es un film ensayo en modo híbrido de Amos Gitai en el que se combinan material documental, viejas películas suyas y performances artísticas de distintas épocas para ocuparse de ese tema, poniendo principalmente el foco en esa zona que va de Jerusalem a Jericho, ubicadas a unos 40 kilómetros de distancia, pero mucho más en términos de contexto y situación, ya que está última esta ubicada en medio de Cisjordania.

De los distintos elementos musicales, artísticos y poéticos —hay lecturas de textos de parte de Jeanne Moreau, Samuel Fuller e Irene Jacob, entre otros—, lo que más se destaca en este breve film de apenas 74 minutos son dos conversaciones/entrevistas. Una de ellas es con Yitzhak Rabin, primer ministro israelí que fue asesinado en 1995 y uno de los que más trabajó para generar una paz duradera entre ambas naciones. La otra, con un veterano habitante de Khan El Ahmar, una pequeña aldea habitada por palestinos y beduinos que es continuamente atacada por los asentamientos de pobladores israelíes que les hacen la vida imposible a las cientos de personas —incluidos muchos niños en edad escolar— que viven allí.

Entre esos dos momentos, The Road to Jericho combinará lecturas de poesías, materiales de archivo de la zona, algunos interludios musicales, una escalofriante filmación del asesinato de Rabin y materiales de una ficción que transcurre en esos mismos escenarios durante la época de la fundación de Israel. El espíritu que recorre el film, tanto en los textos como en las entrevistas, es el del horror por la situación que se vive allí actualmente y un continuo aunque indefinido llamado a la paz. Sobre el final, otra conversación con un anciano de la zona que recuerda su infancia y las cosas que ya no están más, es otro momento emotivo que pone en perspectiva la destrucción que han causado los ocupantes en esa castigada región.

Presente y pasado se combinan todo el tiempo de maneras difusas —la calidad de los materiales en todos los casos es de baja definición y une los distintos tiempos en uno solo—, pero cubren desde guerras milenarias entre judíos y romanos, de las que habla Fuller en su alocución pública, al presente de la región, en el que la violencia continúa haciéndose presente, por más que los detalles hayan cambiado mucho. En el medio el film mostrará el cambiante y variado paisaje de la zona, testigo mudo de una larga historia de odio, muerte y destrucción.