Venecia 2026: crítica de ‘Balcanica’, de Nicola Sorcinelli (Giornate degli Autori)

Venecia 2026: crítica de ‘Balcanica’, de Nicola Sorcinelli (Giornate degli Autori)

por - cine, Críticas, Festivales
11 Sep, 2026 07:36 | Sin comentarios

Padre e hijo músicos se escapan de Afganistán e intentan llegar a Europa en esta historia de migración y supervivencia ganadora del premio del público de la Giornate degli Autori de Venecia.

Ganadora del Premio del Público en la sección Giornate degli Autori del Festival de Venecia, esta opera prima italiana se centra en dos inmigrantes de Afganistán que intentan cruzar a Europa y en una doctora de una organización solidaria con la que se cruzan en su camino. Si bien la temática del film no es particularmente novedosa, lo que sorprende del film pasa por la sequedad, la oscuridad y el minimalismo con el que está resuelto. Un elenco pequeño, unas pocas locaciones y mucho recorrido en rutas son suficientes para contar esta historia de sacrificio, miedos, dudas y resiliencia.

Para escaparse de Afganistán, un país en el que el regimen talibán ha prohibido la música, un padre y un hijo que interpretan melodías típicas de su país han decidido huir para probar suerte en Europa, más precisamente en Italia, donde se supone que tienen un concierto arreglado por un primo. Y lo hacen a través de la llamara ruta balcánica, un recorrido difícil, controlado por mafias y lleno de potenciales situaciones peligrosas. Nazar (Babak Karimi, actor y programador de festivales) y su hijo Jalil (Ivar Wafaei) son los protagonistas de esta historia, que los encuentra de entrada en Turquía tras haber sido golpeados por grupos locales que destruyeron sus instrumentos.

Los dos se refugian en una fábrica abandonada y allí conocen a un joven paquistaní llamado Habib (Prince Chughtai) que les (y nos) explica lo difícil que es el tramo que les queda por hacer. A eso hay que sumarle que Nazar tiene el pie muy lastimado y le cuesta caminar. En paralelo, Sorcinelli nos muestra a Greta (Matilda De Angelis), una joven médica voluntaria que recorre la zona en busca de migrantes con problemas de salud a los que ayudar. Así, Greta se topa con Jalil y Nazar, pero el hombre no quiere que ella lo trate. De a poco, sin embargo, irá conociéndolos (a Jalil, más que nada), y pese a los reparos de su colega Edoardo, se involucrará personalmente en su suerte.

La película toma algunas decisiones llamativas respecto a la puesta en escena. La principal tiene que ver con no mostrar ninguna escena violenta ni enfrentamiento y ni siquiera las caras de las personas que se les enfrentan a los refugiados. Y eso parece ser más una decisión ética que una cuestión de presupuesto, ya que la cámara está pendiente de los movimientos de los personajes principales y raramente se aleja de ellos, a quienes sigue bastante de cerca.

Por fuera de los protagonistas lo que se ve en Balcanica está ligado a un paisaje y un clima adverso, la incomodidad física de la travesía, y la sensación —para padre e hijo— que, pese a lo complicado que parecen ser los pasos que siguen, es la única opción que tienen. No hay regreso posible a partir de ahí. No hay vuelta atrás. En cierto sentido, y pese a las obvias diferencias, para Greta es lo mismo: ya ha llegado a un lugar y ha vivido tales experiencias que se le hace imposible volver a ser quién era. Todo es ir hacia adelante, por más riesgos que se corran.