
Venecia 2026: crítica de ‘Jupiter’, de Alexandre Smia (Venice Open)
Con el mundo al borde de una guerra nuclear, el nuevo presidente francés se enfrenta a decisiones que podrían cambiar la historia. Con Denis Menochet, Andre Dussollier, Ella Rumpf y Reda Kateb. En Venice Open, fuera de concurso.
La inminencia de una Tercera Guerra Mundial es un tema clásico del cine desde, bueno, desde que terminó la Segunda. Decenas de películas se han hecho cargo —con distintos tonos, géneros y estilos— de contar potenciales situaciones en las que el destino del planeta está en manos de presidentes, militares, especialistas y jerarcas de todo tipo. Se ha hecho desde el humor —como el caso de Dr. Strangelove, de Stanley Kubrick— a la urgencia de la reciente A House of Dynamite, de Kathryn Bigelow. Y en todos los casos lo que se ha intentado transmitir es la sensación de que, de producirse, esta no sería una guerra más, sino la guerra que acabaría con todas. Y con todos.
El caso particular de Jupiter es que se centra, a diferencia de la mayoría, en el gobierno francés. Son ellos los que ocupan el centro de la acción aquí. Se trata de un film que tiene la estructura de una obra teatral en el que las personas políticamente más relevantes de ese país tienen que tomar una serie de decisiones urgentes cuando la situación política internacional se vuelve angustiante. Y recae en ellos el peso de una intervención.
Todo empieza con un llamado urgente al recién elegido presidente francés, Paul Archambault (Denis Menochet), que debe reunirse con sus ministros y especialistas militares en Jupiter, como se llama el bunker ubicado debajo del Palacio del Elíseo, sede del gobierno de ese país. Al principio Paul —que está atravesando una crisis personal y familiar— parece más preocupado en saber dónde está su esposa, pero cuando se anoticia de los sucesos recientes su semblante cambia. Todo parece indicar que el conflicto entre Rusia y Ucrania se ha tensado más que nunca.

Si bien los nombres de los implicados están cambiados, los personajes tienen bastante que ver con los reales, lo mismo que la disputa territorial y política entre ambos. La diferencia aquí es que los rusos dan a conocer un video en el que se ve a su presidente ser víctima de un atentado de parte, dicen, de los ucranianos, agentado que casi lo mata. Difícil saber si es real, ficticio, actuado, un deepfake o hecho con IA. Lo cierto es que el presidente ruso se ha levantado en armas y tomado la decisión, asegura, de atacar con armas nucleares a Ucrania.
Esa suerte de comisión directiva de Francia —que incluye ministros y asesores encarnados por Andre Dussollier, Ella Rumpf, Reda Kateb, Dominique Blanc, Celine Sallette, Cedric Kahn y Jeremy Lopez— se divide en dos grupos: los belicosos y los negociadores. Lo primero que harán será reunirse de manera virtual con los principales países de la OTAN (Alemania, Italia, Estados Unidos, Gran Bretaña y otros) y de ese cónclave saldrá la decisión de que sea Archambault el encargado de negociar con su par ruso. La charla no será del todo amena, las provocaciones subirán en volumen e intensidad, y al mandatario francés le tocará la incómoda decisión de decidir si sube la apuesta o baja un cambio a las tensiones.
Jupiter no cuenta ni muestra nada nuevo pero en su manera concreta, directa e intensa en la que está narrada (son 88 minutos en total), logra otorgarle nerviosismo y creciente tensión a los hechos. ¿Será mejor bajar la guardia, negociar un poco, entregar alguna «ofrenda» al nervioso presidente ruso para hacerlo bajar un cambio? ¿O responder a agresión con agresión? ¿O es que hay una tercera opción? ¿Algún tipo de jugarreta que les permita volver creíble este ajedrez bélico en el que todos amenazan pero ninguno quiere, realmente, tirar la primera piedra?

Más allá de la particularidad de estar protagonizada por las autoridades francesas en lugar de las estadounidenses —que son las más vistas en este tipo de relatos—, Jupiter se apega bien al formato ya clásico del cine de tensión y crescendo bélico. Es una película cerrada, casi claustrofóbica, en la que una decena de personajes puede llegar a tener que decidir el destino del mundo entero. Como potencia nuclear europea, Francia parece ser la primera línea de defensa ante cualquier agresión rusa contra el continente. Y la responsabilidad de tomar decisiones le ha caído a un presidente inexperto, perturbado y no del todo seguro de qué es lo que hay que hacer en un caso así.
En comparación con la mayoría de los líderes actuales del mundo, se podría decir que Archambault, aún con sus caprichos y decisiones discutibles, parece ser un hombre más o menos sensato y lógico. Por más que sea un tanto terco y que se deje seducir más por sus asesores más belicosos que por los otros, se ve que siente el peso de cada una de sus decisiones. Si esta misma situación sucediera en la realidad, con el nivel de mandatarios que hay en 2026, seguramente Jupiter sería una comedia absurda. Negrísima, pero comedia al fin.



