
Venecia 2026: crítica de ‘Let Us Through, Dear Ancestors’ (‘Makikiraan Po’), de Lav Díaz (Venice Open)
En 1617, un grupo que transporta mármol para una iglesia enfrenta violencia y peligros que revelan la brutalidad del dominio colonial español. En Venice Open, fuera de competición.
En la manera en la que entiende el cine el realizador filipino Lav Díaz, una película de 150 minutos puede considerarse un cortometraje. Y no es esto, o no necesariamente, una broma ligada a que Let Us Through, Dear Ancestors es la más corta película del filipino en muchos años (desde 2011) sino que la propia concepción del film tiene algo de cortometraje, al menos en términos relativos. Es que aquí, lo que se cuenta, es llamativamente breve y simple, y en manos de un cineasta más convencional tranquilamente podría haber tenido la extensión de un corto. En función de la poética narrativa del director de Magallanes, estos 150 minutos funcionan como un corto.
Las implicancias son muchas —políticas, históricas, religiosas—, pero la historia que presenta Let Us Through, Dear Ancestors es sencilla. Todo transcurre en el año 1617, cuando la corona española controlaba Filipinas. Allí, el Padre Enciso (Bart Guingona), encomendero del reino y encargado de evangelizar a las poblaciones indígenas de las islas, se manejaba con una mezcla de libertad y brutalidad: teniendo sexo con las mujeres locales, ya evangelizadas, y forzando a los hombres a construir iglesias. En este caso se trata de una en la que llevan más de diez años trabajando.
Para conseguir más mármol para su construcción envía a un grupo de personas, al comando del un tanto rebelde y displicente Dungwen (Christian Bables) —uno de los tantos hijos que se supone es suyo— a buscarlo, una misión complicada ya que, por un lado, el transporte de esos materiales no es nada sencillo y, por otro, porque los 50 kilómetros de terreno a recorrer están plagados de criminales y ladrones que querrán matarlos y hacerse de esos materiales. De todos ellos, el más temible es un tal Baribari, que los esperará allí y los atacará por sorpresa creando un caos absoluto en la desprolija y agobiada delegación.

A la vez, el Padre Enciso les ha encomendado también que detengan a una sanadora animista cuyas prácticas chocan con las de la Iglesia Católica, y algunos de los enviados se dedican a esa tarea: la de mantener a la curandera (interpretada por la también realizadora Isabel Sandoval) en una pequeña cárcel. Let Us Through, Dear Ancestors divide sus tiempos en dos partes —los preparativos del plan y la ejecución—, pero en la manera de narrar de Díaz nada se muestra necesariamente como tal. El film se arma a partir de viajes, caminatas, conversaciones y de ataques fuera de campo de los que solo vemos sus brutales consecuencias. Y muchas de las implicancias y connotaciones de la historia no están en la narrativa en sí sino en la investigación de su contexto histórico.
Let Us Through, Dear Ancestors avanza por los caminos y paisajes que son familiares al cine de Lav Díaz, lo mismo que las circunstancias que rodean a los protagonistas. Es un film contemplativo y calmo que va ganando en angustia, desesperación y cierta tensión cuando el grupo encargado de la tarea de llevar el mármol empieza a ser atacado, misteriosamente, en medio de una zona selvática e indescifrable. Pero más allá de sus pequeños impactos narrativos, la película se conecta con la propuesta habitual del cine del filipino, en especial en sus retratos minimalistas de época.
La potencia del film aparece con toda su dimensión cuando se lo analiza con perspectiva histórica, ya que, según advierte Diaz, Filipinas sigue funcionando como un país colonizado y mantiene muchas de las costumbres que entraron por la fuerza —de las armas y de la iglesia— entonces. Los encomenderos con sus principalías, los terratenientes con sus haciendas y plantaciones fueron ya estableciendo las diferencias sociales y económicas que siguen existiendo allí hasta nuestros días. Lo mismo que las iglesias que fueron creadas entonces con la sangre de miles de filipinos que murieron construyéndolas.



