
Venecia 2026: crítica de ‘London’, de Victor Di Marco y Márcio Picoli (Settimana della Critica)
Un joven brasileño con una discapacidad neurológica rechaza las etiquetas médicas y elige vivir con libertad, sin dejar que lo definan. En la Semana de la Crítica.
London no transcurre en Londres ni tiene (casi) nada que ver con esa ciudad. Pero, de alguna manera, la referencia funciona como una marca, una idea que en algún momento tendrá su sentido, entre espiritual y geográfico. London es realidad el nombre del protagonista, un joven de Porto Alegre con una vida bastante particular. Interpretado por Victor Di Marco, uno de los directores, London tiene una discapacidad neurológica que le dificulta un poco el habla y el funcionamiento de una pierna y parte de su cuerpo. Y su profesión no es muy común que digamos: trabaja en un local dedicado al fetichismo sexual como «dominante». London vive con otras dos personas —Luke y Lilá— con similar trabajo y también algunas discapacidades físicas, distintas a la suya.
La película se ocupará durante su primera parte en acompañarlo en sus experiencias, en su vida cotidiana, en las fiestas o eventos en los que trabaja, compartiendo con sus dos amigos y también visitando a su madre y a su hermana menor. En medio de esa rutina aparece el que quizás sea el tema central de la película: las dificultades que London tiene con los médicos, con las revisaciones y, especialmente, con la idea de realizarse estudios para definir qué es exactamente lo que tiene y saber se podría llegar a hacer algo para mejorar su experiencia.

Pese a los pedidos de médicos y, especialmente, de su madre, London no quiere saber nada con someterse a incontables estudios, exámenes o tratamientos. No quiere que un diagnóstico lo defina, lo limite. A su modo, se siente bien con su independencia, su libertad, con una manera de ser en la que no hay límites ni en lo sexual —tiene sexo con chicas, con chicos y a veces de formas bastante llamativas— ni en lo personal. Ni siquiera sus amigos, también con una discapacidad, lo entienden del todo. Pero el está convencido de su camino: quiere vivir la vida sin que la discapacidad en cuestión se transforme en su documento, en su identidad.
London es una película que presenta un personaje que, a la vez, parece acostumbrado a vivir con sus dificultades y no le pesan tanto como a los demás. Pero también es cierto que eso está ahí, es innegable, y siente la presión de pares, médicos y familiares para tratarse. Pero su vida es más que eso y la película intenta mostrarlo a partir de contar una potencial historia de amor que tiene con una mujer, sus particulares rutinas laborales (la mayoría incluye cuerpos envueltos en celofán y otras menudencias del BDSM) y la convivencia con sus pares, que también sobrellevan sus dificultades sin cargar las tintas sobre el tema.
Por momentos un tanto incómodo —su rechazo a ser examinado por médicos produce varios momentos agobiantes—, en otros más salvaje y directo, empezando como un retrato calmo y observacional para convertirse luego en un relato más fuerte y dramático, London es un film brasileño que habla de minorías pero sin la condescendencia de la mirada externa sino con la libertad del que la cuenta desde adentro, conociendo la experiencia. Que el protagonista sea el codirector de la película —que vive con esa misma discapacidad— le da a lo que cuenta una inusitada honestidad. Si es o no autobiográfica es lo de menos. Es sincera, verdadera. Y eso se transmite en cada fotograma.



