Venecia 2026: crítica de ‘Painless’ (‘Nessun dolore’), de Gianni Amelio (Venice Open)

Venecia 2026: crítica de ‘Painless’ (‘Nessun dolore’), de Gianni Amelio (Venice Open)

por - cine, Críticas, Festivales
04 Sep, 2026 08:05 | Sin comentarios

Un librero romano, culpable por un niño inmigrante herido, termina refugiando en su casa a un grupo creciente de migrantes. Con Alessandro Borghi. Fuera de concurso.

A lo largo de una carrera que se extiende ya por 35 años, el realizador italiano Gianni Amelio ha hecho muchas películas centradas en la temática de la inmigración, como Lamerica (1994); y también se ha ocupado de la problemática de niños (Il ladro di bambini, de 1992) que atraviesan situaciones difíciles. Ambas líneas temáticas se combinan en Nessun dolore, una película que elige un camino por lo menos curioso para centrarse en la temática de la inmigración de Africa a Europa, más especialmente a Italia.

Davide (Alessandro Borghi) es un treintañero que vende libros de segunda mano en un local ubicado en una plaza de Roma. Es un tipo tranquilo, generoso y en apariencia relajado. Una tarde deja a Elsa (Valeria Golino), una cliente conocida, a cargo del lugar por un rato para irse a almorzar y en camino es abordado por un hombre, inmigrante, que le pide que se haga cargo del niño que está con él. Davide sigue de largo pero el chico va detrás suyo, lo sigue, no lo suelta. Davide lo invita a comer pero el chico no quiere comida ni nada. Silencioso y sin hablar el idioma, solo lo sigue. En un momento el hombre se cansa, se lo saca de encima y al chico lo atropella una moto en la calle, dejándolo muy maltrecho.

Allí, algo en él se rompe. En lugar de volver a su local va al hospital a ver qué pasó con el niño, trata de encontrarle algún pariente metiéndose en barrios habitados por migrantes del norte de Africa, pero nadie sabe nada y pronto se siente incómodo, agredido. En el hospital, mientras espera novedades del chico, se topa con Aminah, una chica argelina embarazada a la que echan del lugar por querer usar la sala de guardia para dormir. En la calle y bajo la lluvia, Davide se apiada de ella y la lleva a su casa. De allí en adelante seguirá una suerte de rara epopeya ya que, mientras intenta ver qué se puede hacer con el niño, su casa se va llenando de inmigrantes que se acomodan allí y él los deja quedarse.

En un film que trata sobre la culpa, la responsabilidad y la progresiva pérdida del contacto con el mundo, Davide se va encerrando en sí mismo y abandonando sus cosas, dejando su casa en manos de sus recientes ocupantes. Mezcla de crisis y liberación, esa decisión le trae problemas (con los vecinos, con las autoridades) y parece acercarlo a un estado que bien podría ser de gracia pero también de abandono y casi de locura. Amelio no subraya ni le marca claros significados a ese derrotero, pero de todos modos se lo entiende como una búsqueda incierta en la que el protagonista empieza a perderse. De allí en adelante, solo podrá conectar con Elsa y con un hombre que trabaja en una morgue (Valerio Mastandrea) que de a poco va transformándose en otro punto de apoyo emocional.

La película toma algunas decisiones curiosas respecto a la manera en la que se posiciona y en la que muestra a los inmigrantes. En todo momento son una entidad ajena, sin voz —ninguno habla italiano y casi no se comunican— y, salvo algunas excepciones como la de Aminah, por lo general Amelio los muestra como tipos egoístas, aprovechadores, crueles y agresivos. Es raro entender hacia donde va el realizador en esa pintura de los migrantes. Si bien es válido e interesante analizar el fenómeno migratorio de una manera no excesivamente condescendiente ni bienpensante, por momentos Nessun dolore parece ser en exceso crítica y por momentos cruel, como si Davide no se diera cuenta que estos tipos solo quieren aprovecharse de él y de su confusión transformada en solidaridad.

De acuerdo a las declaraciones de Amelio, Painless es una película sobre la «la oportunidad de reconocernos unos a otros como seres humanos», pero viéndola uno por momentos tiene la sensación de que más bien propone todo lo contrario, que es la culpa que siente Davide por un acto violento que en realidad no cometió lo que lo hace entrar en una espiral de inconsciencia. Y que esa espiral lo lleva a dejarse usar por los inmigrantes y perderlo todo. Eso sí. Quizás, en el caso de Davide, perderlo todo sea lo mejor que le pudo haber pasado.