
Estrenos: crítica de ‘Buenas vibraciones’ (‘Pour le plaisir’), de Reem Kherici
Fanny y Tom llevan más de veinte años de matrimonio. Cuando ella le confiesa que nunca ha experimentado un orgasmo, ambos emprenden una inesperada aventura para reinventar su vida íntima. Con Alexandra Lara y François Cluzet. En cines argentinos desde el 22 de octubre.
Pese a compartir título con una de las más reconocidas canciones de los Beach Boys, no es Buenas vibraciones una biografía de la banda californiana. Es algo así como una mezcla entre comedia sexual adulta, crónica de la invención de un revolucionario juguete sexual y tontuela farsa de equívocos que sigue a una pareja casada hace veinte años cuya vida cambia cuando el marido se entera que su mujer jamás ha tenido un orgasmo. Aunque no lo parezca, esta película francesa se inspira en un caso real.
Todo empieza cuando Fanny (Alexandra Lara) va a visitar a una sexóloga (interpretada por la mismísima realizadora, la también actriz Reem Kherici) y le cuenta, en voz muy baja, que no conoce lo que es el orgasmo. La mujer le pide que lo diga a los gritos hasta que la escuchen todos los que están en la lista de espera, dando pie a la primera de las muchas situaciones supuestamente bochornosas que se verán a lo largo del film. La confesión es una liberación, ya que parece que recién ahí Fanny —que ronda los 50 años— se entera que eso es algo que les sucede a muchas mujeres.

Fanny llega a su casa tras haber comprado varios objetos sexuales. Y su marido, un ingeniero desocupado llamado Thomas (François Cluzet), se topa con ellos de manera previsiblemente absurda, y le pregunta a qué se debe su compra. Cuando finalmente su mujer le cuenta su situación, Thomas siente una mezcla de fastidio por no haberlo sabido antes y cierta vergüenza o culpa por sentir que es por su culpa, que él no ha hecho lo suficiente. A la par de todo esto, la situación económica familiar los está forzando a vender la bella casa en la campiña en la que viven.
De ahí en adelante, mientras Fanny sigue su curso de sexualidad con otras mujeres en similar situación, la pareja experimenta con prácticas nuevas y una decena de bochornosos equívocos se acumulan —con su incómoda hija, especialmente—, Thomas empezará a pensar en crear él mismo un juguete sexual que pueda darle placer a su mujer y a todas las que deseen usarlo. Y lo más lógico será ir probándolo con su esposa.
Pour le plaisir parece combinar dos tipos de película en paralelo en sus breves 88 minutos de duración. Hay una que es tierna y cándida, una historia de amor adulto entre una pareja que se quiere y que llegó a los 50 y pico de años con más rutinas que descubrimientos. La «novedad», al menos para Thomas, de que su mujer jamás tuvo un orgasmo, termina revitalizando la pareja, haciéndolos buscar una solución que los libere de ciertas tensiones.

A la par de ese relato más amable en la que el sexo ocupa un lugar lúdico y de descubrimiento, Kherici procede a acumular una serie de chistes y bromas propios de una comedia adolescente en plan American Pie: penes y vaginas atrapados en situaciones incómodas, masturbaciones que escuchan hasta los vecinos (Nota: ojo con el Bluetooth), un sex club que no les sienta nada bien a la pareja y otras situaciones en las que los descubrimientos sexuales de Fanny, los prototipos de Thomas o las prácticas de los dos terminan abochornando a medio mundo.
La historia se inspira en un caso real, el de una pareja alemana que creó el llamado Womanizer mezclando los conocimientos en ingeniería de él (Michael Lenke es su nombre real) y las experiencias de ella, que testeó los prototipos hasta dar con el exacto. Buenas vibraciones quiere contar esa historia de manera pícara y romántica a la vez. Y el resultado final es un tanto decepcionante, ya que Kherici desperdicia la oportunidad de hacer una película adulta e inteligente prefiriendo apostar la mayor parte del tiempo por utilizar los recursos más trillados de la comedia sexual.



