Estrenos: crítica de ‘Digger’, de Alejandro González Iñárritu

Estrenos: crítica de ‘Digger’, de Alejandro González Iñárritu

por - cine, Críticas, Estrenos
04 Oct, 2026 12:04 | Sin comentarios

Tom Cruise es un magnate petrolero texano que, tras un accidente en Groenlandia que lanza un iceberg hacia Europa, reúne al presidente (John Goodman) y a su gabinete para contener la crisis. En cines.

El problema de Digger, quizás, pase por tomarla como una comedia. O, mejor dicho, por haberse pensado, al menos en parte, como tal. Si se la mira de ese modo, como una sátira sobre el inminente colapso ambiental y lo mal que actúan las pomposas autoridades y los empresarios al respecto, es difícil que genere alguna risa. Si bien yo admito ser un tanto reacio a este tipo de comedia exagerada, ampulosa y grandilocuente —Dr. Strangelove, su evidente inspiración, no me causa mucha gracia tampoco que digamos—, en el cine (con público regular) en el que la vi no se reía nadie tampoco. No funciona aquí el humor, claramente, y menos aún a la hora de lidiar con un tema que no tiene nada de ligero. Pero como la puesta parece buscar la risa como sea, uno termina sintiendo pena por Tom Cruise y el resto de un elenco que declama a los gritos sus textos como pidiendo por favor que alguien reaccione. Claramente acá hay algo que no funciona.

Si uno logra sustraerse un poco de la sensación de estar viendo un gesto cómico vacío y toma a Digger como lo que el fondo es, un cruento drama post-apocalíptico, la película mejora un poco, se ofrece como una lectura en plan meta de una temática urgente como es la de un inminente desastre ambiental. Vista así se vuelve más oscura, problemática y enredada, una mirada confusa pero desafiante ante un futuro que se presenta áspero e incómodo, enredado por donde se lo mire. Pero para llegar hasta allí hay que desentrañar un poco qué es la nueva película de Alejandro González Iñárritu. O bien qué podría haber sido y qué termina siendo.

Digger Rockwell es el nombre de un magnate petrolero que encarna Tom Cruise con el look que ya le vieron en las fotos y videos promocionales. Un texano grandilocuente y conservador, parece tener bajo su control hasta al mismísimo presidente de los Estados Unidos (John Goodman), un igualmente pomposo personaje que atraviesa algunos problemas de salud. El contacto entre ambos se inicia cuando Digger se entera que, por un accidente en uno de sus pozos petroleros en Groenlandia, un enorme pedazo de hielo flotante del tamaño de varias ciudades estadounidenses —la única manera en la que todos acá entienden los tamaños de las cosas es así— se ha desprendido y se dirige rumbo a Europa a toda velocidad. El asesor en estos temas de Digger, el Dr. Ganesh (Riz Ahmed), cree que en tres días llegará a Noruega y que causará miles de muertos y tendrá costos calculables en trillones de dólares.

El peculiar Digger, que anda por todos lados con un curioso gato blanco que está más muerto que vivo, reúne a todo el gabinete en su casa y los convence de que, ante la duda, lo mejor es ocultarle a la gente lo que está sucediendo. Mientras tanto ensayarán con algunas ideas belicosas —como lanzarle misiles al hielo en cuestión— que no son muy recomendadas por el tal Ganesh. Mientras la plana mayor analiza los pasos a seguir, a la media hora de película aparece la primera de las vueltas de tuerca que propone Digger, una que spoilearé con la intención de poder analizar con cierta profundidad lo que sucede aquí. (Nota: los que no quieran enterarse pueden dejar de leer aquí y retomar en los últimos dos párrafos).

Un accidente en el escenario en el que tiene lugar la acción revela que en realidad lo que estábamos viendo era una puesta teatral, el ensayo general de una obra llamada Fossil Fools. Y nos daremos cuenta que en realidad Digger es un actor llamado Curtis Markson. En ese rol veremos a un Tom Cruise un poco menos maquillado y gritón que su personaje, y entenderemos que lo que vimos hasta el momento, en términos de declamativo estilo actoral al menos, tenía que ver con interpretaciones de tipo teatral (Nota: no era un musical como suponían muchos al ver el trailer, pero tan lejos no estaban). En este detrás de escena aparecerán otros personajes —como el productor de la obra que interpreta Jesse Plemons y la directora, encarnada por Sophie Wilde—, otros nuevos problemas y se discutirán algunos de los temas que presenta la obra. Pero rápidamente Iñárritu volverá hacia ella, a ver cómo las cosas se van degradando cada vez más en ese mundo en caos.

El núcleo temático de Digger aparece promediando su metraje e involucra un recurso tradicional del cine clásico hollywoodense: el monólogo ante una gran audiencia. Aquí, el magnate Digger se dirige al Parlamento Europeo y los alecciona respecto al rol del petróleo en sus sociedades, explicando que la culpa no es de él por extraerlo sino de toda la sociedad por querer constantemente consumirlo a través de sus productos derivados. Se trata de un speech ambiguo e inquietante que intenta poner en primer plano la ceguera general respecto a la catástrofe ambiental que genera el extractivismo a gran escala. El texto en sí es bastante contundente pero, por la propia confusión tonal que a esa altura presenta el relato, termina desperdiciado, unos gritos más dentro de un griterío infernal que ya a esa altura probablemente agotó a la mitad de los espectadores. Y lo mismo pasará luego, cuando llegue otra vuelta de tuerca, quizás aún más contundente que la anterior. Sus implicancias serán fuertes, pero cuando aparezca es muy probable que ya no le importe a casi nadie.

Iñárritu no parece querer ni poder salir de ese maximalismo al que le ha puesto todas sus fichas ni a esa carga alegórica que echa por tierra las buenas ideas narrativas y la espectacularidad visual que por momentos tienen sus films. A diferencia de Bardo, que es más un ego-trip cinematográfico que otra cosa, al menos Digger trabaja una temática de interés universal, una que denota que su relación con el mundo se extiende más allá de su propio ombligo. La preocupación por el futuro del planeta y de la humanidad a partir de un posible y plausible colapso ambiental es un tema difícil de tratar en cine sin sonar sentencioso o acusatorio. Y aquí hay al menos que reconocerle al director de Babel que buscó encontrarle la vuelta al asunto, darle un giro original a ese tema dentro de una estética y de una lógica narrativa propia y personal. Que no lo haya logrado del todo tiene que ver, a mi entender, con una encerrona artística de la que parece ya no poder ni saber salir.

Como película «de Tom Cruise», Digger es una experiencia curiosa, acaso la más rara de toda su carrera. Su personaje es una mezcla de las fervorosas criaturas que interpretó en Tropic Thunder y Magnolia, mientras que su aspecto hace recordar a algunos de los tantos disfraces que calzaba su personaje de Misión: Imposible. Sacado de su zona de confort actoral, Cruise intenta no hundirse bajo el peso del entorno y el dispositivo que lo rodea, pero no siempre logra salir a flote. Un célebre director de arte decía que, si la escenografía llama mucho la atención, los actores tienen que gritar si quieren hacerse notar. Acá, Iñárritu prueba ese experimento y la sensación es que no funciona. Es una cacofonía de a ratos irritante cuyo permanente ruido termina ocultando hasta las buenas ideas que tiene para transmitir.