
Estrenos: crítica de ‘¿Querés ser mi hijo?’, de Hernán Guerschuny
Para quedarse con el puesto de conductora de un programa deportivo, Lucía (Wanda Nara) inventa tener un hijo y le pide a su joven vecino Javier (Agustín Bernasconi) que finja serlo ante los ejecutivos del canal. En cines argentinos desde el 22 de octubre.
Esta adaptación de la película mexicana casi homónima (allí es «Quieres» en lugar de «Querés«) se apoya en un conflicto simple y claro, de esos que bien podría servir para una comedia de las que suele hacer Adrián Suar. Pero, al menos en apariencia, lo que ¿Querés ser mi hijo? busca es otra cosa, ya que la comedia dramática de Hernán Guerschuny parece más cerca de lo segundo que de lo primero, manejándose en un tono más serio de lo esperable a la hora de contar, básicamente, la historia de una mujer que «contrata» a un joven para hacerse pasar por su hijo.
Todo empieza cuando Lucía (Wanda Nara), una mujer de 40 que está en pareja hace 15 años (Jean Pierre Noher encarna a su novio), descubre que el hombre la está engañando con una amiga de ambos. Obligada por las circunstancias —y la enrevesada verborragia del tipo, que la convence de quedarse él en la casa de la pareja—, Lucía vuelve a su casa de su infancia, un pequeño departamento en un antiguo caserón que alberga a varios más. Allí debe compartir ruidos y pasillos con vecinos que ponen cumbia toda la noche y le cuesta mucho acostumbrarse.

Gracias a la insistencia de su mejor amiga (Charo López), Lucía se presenta para un trabajo soñado, en una profesión que abandonó cuando se puso en pareja: como conductora de un programa deportivo de TV en un canal tipo ESPN. Para obtenerlo decide mentir bastante con su currículum y, al enterarse de que en el canal prefieren mujeres con hijos, dice tener uno. Así, y pese a sus nervios e inseguridad, la mujer logra atravesar diversas entrevistas hasta quedar entre las finalistas. Pero se topa con un último escollo: un family day con los ejecutivos del canal y las otras candidatas a su puesto.
Sin muchas opciones a mano, Lucía decide pedirle a un vecino de su departamento, Javier (Agustín Bernasconi), un veinteañero un tanto fiestero, si no quiere hacerse pasar por su hijo. A cambio le promete que lo dejará poner música fuerte y no volverá a llamar a la policía. El amable Javier aceptará a regañadientes y de allí en adelante la película lidiará con ver cómo ambos hacen para mantener esa farsa ante los dueños del canal. En paralelo, previsiblemente, los dos se darán cuenta de que entre ellos pasa algo… y que no tiene nada que ver con una relación materno-filial.
Planteada así, ¿Querés ser mi hijo? bien podría funcionar en plan cómico. Da la impresión —por lo elaborado y absurdo de ciertos diálogos, y por algunos personajes secundarios— de que el guión se pensó de esa manera, pero en la práctica la película tiene un tono menos gracioso del que debería. Y esto muy probablemente se deba a que Wanda Nara —la modelo, conductora y estrella mediática haciendo aquí su debut actoral— no es particularmente dúctil para la comedia. Esforzada, un tanto robótica y sin demasiado ángel, a la actriz le cuesta bastante cualquier cosa que se parezca a la actuación. Se le nota el trabajo y el compromiso, pero es difícil que su personaje transmita emoción alguna. Y menos aún, timing cómico.

Alrededor de esa decisión comercial, es poco lo que se puede inventar. Bernasconi, López, Noher y el resto del elenco hacen lo posible por dotar de gracia y energía a sus escenas, pero frente a ellos tienen a alguien a quien, evidentemente, le cuesta mucho darle vida a su personaje. No es un papelón ni mucho menos. Es, simplemente, ver a alguien tratando de hacer lo suyo lo mejor posible pero sin tener demasiado talento para hacerlo. Y no alcanza con el montaje ni con la «magia del cine». Las escenas en las que Wanda actúa —que son casi todas—, se caen por su propio peso. Y las bromas ni siquiera son bromas, sino intentos de serlo, como cuando alguien que no tiene mucha gracia intenta contar un chiste y nadie se ríe.
Teniendo esa «dificultad», la película nunca cobra vida ni tiene ritmo ni demasiada chispa. El personaje de Bernasconi no es mucho más que un musculoso y sensible partenaire, y tampoco hay situaciones propuestas por el guión que permitan distraer al espectador del evidente problema a la vista de todos. Convengamos que ¿Querés ser mi hijo? tampoco sería una comedia brillante ni aún teniendo a Natalia Oreiro en el rol principal. Pero no tengo ninguna duda de que mejoraría bastante.



