
Estrenos: crítica de ‘Quiero tu sexo’ (‘I Want Your Sex’), de Gregg Araki
Olivia Wilde es una provocadora artista conceptual que arrastra a su pasante (Cooper Hoffman) a un affaire sexualmente intenso en este thriller cómico del realizador de «Mysterious Skin». Estreno en Argentina: 15 de octubre.
Junto a otros cineastas que podían ser catalogados, al menos en esa época, como parte del movimiento llamado New Queer Cinema —como Todd Haynes, Gus Van Sant y Rose Troche, por citar solo algunos—, Gregg Araki se hizo conocido en la primera mitad de los años ’90 gracias a películas irreverentes, muy sexualizadas y de bajo presupuesto como The Living End, Totally Fucked Up y The Doom Generation, entre otras. Quizás la última película suya en lograr cierta relevancia cultural fue Mysterious Skin (2004) y desde entonces ha filmado poco y nada, dedicando gran parte de su tiempo a trabajar en televisión y transformándose en una referencia a ser citada por cineastas actuales como Jane Schoenbrun, una admiradora confesa.
Doce años después de su última película, Araki regresa con I Want Your Sex, una comedia sexualmente provocativa centrada en la rara relación que se establece entre una provocativa artista de vanguardia y un joven empleado de su compañía. Olivia Wilde interpreta aquí a Erika Tracy, una artista conceptual que trabaja visualmente a partir de ideas relacionadas con el sexo y que tiene, como característica particular no del todo sorprendente, el hecho de estar muy interesada ella misma en practicar todo tipo de actividades ligadas al sexo. Además, la dama tiene un gran desprecio por el mundo del arte contemporáneo que la rodea y dice que solo le importa ganar dinero. Cooper Hoffman (sí, el hijo de Philip Seymour, ya veinteañero) encarna a Elliot, un universitario que empieza a trabajar como pasante en su estudio.

La película de entrada nos presenta una situación dramática desde la cual retrocede. En ella vemos a Elliot despertarse tras algún tipo de fiesta, vestido con ropa interior femenina, salir al jardín a buscar a Erika y encontrarla en apariencia muerta en la piscina de la casa. ¿Cómo se llegó a eso? Utilizando en parte su testimonio ante dos policías (los comediantes Johnny Knoxville y Margaret Cho), Quiero tu sexo va reconstruyendo la trama desde el principio. Y allí vemos a Elliot mientras es entrevistado para trabajar con Erika. En esas escenas veremos cómo la mujer lo incomoda y fascina a la vez con su ostensible y algo agresiva sensualidad, hasta contratarlo. Elliot no entiende nada pero acepta.
Pronto la mujer empezará a «usarlo» o a integrarlo a una relación un tanto impropia —son jefe y empleado, después de todo— de alta intensidad sexual. Queda claro que, para Erika, Elliot es uno más de tantos, pero el chico queda enganchado con la presencia y los gustos sexuales de su jefa/amante, más aún cuando su propia relación de pareja (Elliot tiene una novia interpretada nada menos que por Charlie XCX) parece incluir el sexo solo como obligación contractual. A la par de que Erika prepara una nueva muestra y otros colegas del trabajo miran su relación con cierto fastidio (Daveed Diggs y Mason Gooding aparecen aquí), ella lo invitará a sumar a la relación a su mejor amiga, Apple (Chase Sui Wonders), lo que es tan incómodo como lo suponen.
I Want Your Sex funciona como thriller cómico, un film ligero que se toma la sexualidad con una libertad que, para las nuevas generaciones, puede resultar un tanto políticamente incorrecta. De hecho, ese es uno de los debates constantes que mantienen Erika y Elliot, ya que ella pertenece a una generación que trataba de aprovechar al máximo —aunque con los debidos cuidados, aclara— todas las posibilidades del sexo mientras que la de partenaire no lo hace. «Prefieren pasarse el día jugando a los videojuegos», acusará. El ensayará una respuesta pero en el fondo no la tiene. Lo único que quiere es que ese affaire fascinante, que le hizo descubrir cosas inimaginables, no termine nunca. Pero sabemos que no será así.

Más allá de sus hoy audaces escenas de sexo —lo son solo en contexto—, Quiero tu sexo es una comedia pop con reminiscencias almodovarianas o cercanas al cine de John Waters, gracias más que nada a poseer una estética muy queer pese a plantear en su eje una relación que, más allá de detalles, es heterosexual. No es una película que debata cuestiones como la diferencia de edad y tampoco se hace demasiado cargo del posible abuso de poder que pueda existir en esa relación. Para Araki esas cosas son las que, precisamente, le han sacado la diversión a la posibilidad de hablar de sexo y de mostrarlo en la pantalla. En ese sentido, la actuación de Wilde sorprende por su desparpajo, su frescura y, por supuesto, por los atuendos en plan dominatrix que tiende a usar. A Cooper parece quedarle muy bien el gesto de su personaje de no poder creer la serie de situaciones que le toca vivir.
En el fondo, I Want Your Sex es una comedia con espíritu clásico y bastante menos provocadora de lo que puede parecer por su temática. Lo disruptivo que tiene el film de Araki está más en función de un contexto que casi no permite hablar de sexo o de filmarlo, que por lo que trata la película en sí.



