Estrenos: crítica de ‘Tiempos de ilusión’ (‘Juste une illusion’), de Olivier Nakache y Eric Toledano

Estrenos: crítica de ‘Tiempos de ilusión’ (‘Juste une illusion’), de Olivier Nakache y Eric Toledano

por - cine, Críticas, Estrenos
14 Oct, 2026 04:00 | Sin comentarios

En el París suburbano de 1985, Vincent debería preparar su bar-mitzvá, pero está más ocupado con su primer amor, un cuarto compartido con su hermano mayor y unos padres que no dejan de pelear. Con Louis Garrel y Camille Cottin. Estreno en cines: 15 de octubre.

Un retrato de época, de pérdida de la inocencia (el famoso coming-of-age), de primeras rebeldías y primeros amores, Tiempos de ilusión es una encantadora comedia de la dupla Nakache-Toledano, creadores de algunos de los mayores éxitos recientes del cine francés, incluyendo la tantas veces versionada Amigos intocables, que en Argentina tuvo un versión local con Oscar Martínez y Rodrigo de la Serna titulada Inseparables. Con una misma ambición comercial pero con un tono más nostálgico y un espíritu jovial y ligero para captar la época, su nueva película mete a los espectadores de lleno en 1985 y, más precisamente, en las desventuras de Vincent, un chico de familia judía que está por cumplir los 13 años y se prepara para su bar-mitzva.

Pero Vincent (Simon Boublil) no parece estar demasiado preocupado por el asunto. De vez en cuando se aparece el rabino en su casa a darle unas lecciones y listo. De hecho, su mayor conexión con el rabino se dará por otro hecho, un malentendido que lo meterá en serios problemas y en el que el religioso termina involucrado sin quererlo. Lo que le molesta de entrada es tener que compartir cuarto con su hermano Arnaud (Alexis Rosenstiehl), un adolescente de unos 17 que escucha The Cure y Joy Division todo el día. Se pelean todo el tiempo, un poco en broma y bastante en serio, y el pequeño quiere una habitación para él y para sus posters. Pero la casa de los suburbios de Paris es chica y la situación no está para ponerse exigente.

A lo largo de las casi dos horas que dura la película Vincent pasará por varias circunstancias demandantes. Sus padres, Yves (Louis Garrel) y Sandrine (Camille Cottin), tienen problemas de trabajo y no hacen más que discutir todo el tiempo. A él lo han despedido y durante un tiempo se lo oculta a todos. Y ella quiere tener un puesto jerárquico, pero para eso antes tiene que pasar un examen. Arnaud quiere hacer sus negocios grabando y vendiendo casetes piratas mientras Vincent y sus amigos están más que nada interesados en ver cómo hacen para alquilar una película erótica en el videoclub.

Pero todo eso pasará a segundo plano cuando Vincent conozca a Anne-Karine (Jeanne Lamartine), una chica vecina con la que debe hacer un trabajo escolar. Al principio ella no le presta atención —las chicas de esa edad prefieren a chicos más grandes—, pero de a poco Vincent, con algunas mentiritas blancas y un muy buen humor, irá conquistándola. Y ese incipiente romance será algo con lo que los padres de los dos no sabrán lidiar del todo bien, especialmente los de ella.

Tiempos de ilusión es un retrato nostálgico de una familia de los años ’80 y de la adolescencia (y preadolescencia) de entonces, una época en ciertos sentidos más inocente que la actual, y una con códigos familiares bastante diferentes a los de ahora. Ese clima retro que dan las canciones (mucho pop comercial de la época, incluyendo el tema que da su título al film, de la banda Imagination, además de Toto, Simply Red, Earth, Wind & Fire, The Alan Parsons Project y los citados Cure y Joy Division, entre otros), el vestuario y el arte ayuda a colocar al espectador en el espíritu de esos años tan lejanos y cercanos a la vez. Una época, por suerte, sin celulares y (casi) sin computadoras.

Escenas ligeras, cómicas (el siempre gracioso Pierre Lottin se luce encarnando al peculiar encargado del edificio), liberadores bailes, enredos propios de una película de esos años y trabajos descollantes de Garrl y Cottin como una pareja que parece odiarse pero se adora aportan al disfrute que resulta Juste une Illusion de principio a fin. Sin más pretensión que transportar al espectador hacia esa época y haciéndolo con cariño, afecto y un gran corazón, esta encantadora película francesa es, dirían los críticos de aquellos tiempos, «un soplo de aire fresco». O «una amable caricia al espíritu».