Estrenos online: crítica de ‘Junk’, de Jack Begert (MUBI)

Estrenos online: crítica de ‘Junk’, de Jack Begert (MUBI)

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23 Oct, 2026 05:59 | Sin comentarios

Esta opera prima sigue a un guionista en problemas (David Schwimmer) y a dos jóvenes adictos (Talia Ryder, Dominic Fike), cuyas historias paralelas en Los Ángeles se cruzan con consecuencias impensadas. Disponible en MUBI.

Hay dos clases de adictos a las pastillas en el mundo. Los que tienen su nombre escrito en la botella y los que no». La frase, dicha por Martin (David Schwimmer), un exitoso pero frustrado guionista que trabaja en una famosa sitcom y planea dirigir su opera prima, resume en más de un sentido los temas y la lógica de Junk, la opera prima de Jack Begert. Es un film cuyas dos historias, cruzadas y conectadas entre sí, ponen en relación y en tensión esos dos mundos: el de los adictos con dinero y posibilidades de conseguir lo que quieren cuando quieren, y los que muchas veces terminan incurriendo en delitos para obtener lo mismo.

Junk presenta esta historia siguiendo dos tramas distintas que se cruzan mínimamente, pero ese cruce genera un eco de grandes proporciones. En ese sentido, el film —que se estrenó en el Festival de Sundance 2024 con el título de Little Death y recién ahora se distribuye mundialmente, en apariencia reeditado también— tiene puntos en común con aquellas películas que cuentan historias paralelas en Los Angeles tratando de comunicar una serie de ideas sobre la vida allí a partir de narrar mundos y personajes muy distintos entre sí. Es un mecanismo que utilizaron películas como Magnolia, Short Cuts, Grand Canyon y, especialmente, Crash, con mayor o menor fortuna. Pintar a una ciudad amplia como esa a través de pequeñas historias dispersas en su geografía.

Acá las historias son solo dos (o, en función de un cierto desvío narrativo sorpresivo, tres) pero la conexión es muy tenue, más impuesta por el guión que por otra cosa. Y a la película se la siente forzada desde esa imposición temática. Buenos personajes y buenas escenas comparten tiempo y espacio con otras caprichosas, densas y con personajes un tanto insufribles. El punto al que Begert quiere llegar puede tener su sentido, pero llegar hasta allí es transitar por un territorio dramático que por momentos see vuelve un tanto trillado.

Todo comienza cuando Martin le anuncia a un grupo de amigos que su opera prima como director está encaminada. Su pareja (Jena Malone) es un tanto más incrédula respecto a la financiación y duda sobre si el film se concretará o no, fastidiando a Martin. Cuando todo parece indicar que seguiremos los problemas de esa pareja y ese mundo, el film cambia radicalmente y nos introduce a un grupo que acaba de cometer un robo. Allí, los dos conductores, Karla (Talia Ryder) y AJ (el también músico Dominic Fike), son empujados por la fuerza del auto por los ladrones y pierden todas sus cosas importantes. Ella, el auto. Y él, unos papeles de un proyecto de negocios que tiene que entregar a la mañana siguiente.

La película seguirá a esta dupla, ambos adictos, tratando de recuperar sus cosas y conectándose para hacerlo con curiosos personajes del mundo del tráfico en Los Angeles. Cuando estemos en medio de su historia, Junk volverá a Martin, quien de golpe se topa con que su película no está tan confirmada como preveía: la productora quiere que la protagonista sea mujer, él entra en crisis y consume más píldoras de los que debería, se enamora de una chica a la que se cruza y así. Allí la película entrará en un raro loop en el que unos personajes son reemplazados por otros, hay varias escenas oníricas y hasta alguna de animación. Y luego, también de golpe, volveremos a la historia de los dos adictos.

En el medio de todo eso quedará clara la conexión entre los dos mundos. Mínima, casual y accidentada, pero de esas que les modifican las vidas de todos, incluyendo al curioso perro chihuahua que se roba varias escenas. La idea que esa conexión dispara no es particularmente novedosa y juega con un tipo de ironía similar a la de películas como Pulp Fiction: lo que para uno puede ser una tragedia para otro, una potencial salvación. En el fondo, lo que separa a ambos mundos, más que los nombres en las botellas de pastillas, es la manera en la cual cada uno busca solucionar los problemas que tiene.

Junk es sin dudas original, creativa y tiene varios apuntes interesantes —aunque no necesariamente novedosos— sobre el mundo del cine y la TV, y los personajes que lo habitan. Pero a la vez lidia con una serie de problemas que la propia película anuncia de entrada como difíciles de resolver: una serie de protagonistas bastante desagradables (especialmente en la trama del guionista, pero también en la otra) y un giro del punto de vista que no funciona del todo bien. Parece que los críticos del guión del protagonista algo de razón tenían.

Schwimmer y elenco —en roles breves pero importantes aparecen Gaby Hoffmann, Seth Green, Angela Sarafyan, Karla Glusman, Chase Sue Wonders, Ben Feldman, Fred Melamed y Maya Kazan, entre otros— hacen su mayor esfuerzo en darle vida a los distintos conflictos que aquí se presentan, pero la película alcanza cierta vitalidad solo ocasionalmente, más que nada en la historia de los jóvenes adictos, que bien podría haber sido la única de las dos. Así como está, Junk es una película curiosa y despareja, un experimento narrativo que no termina de funcionar del todo bien.