
Estrenos online: crítica de ‘Masterplan’, de Thomas Vincent (Prime Video)
Un ladrón legendario recluta a dos desconocidos, la cibercriminal italiana Chiara y el experto en explosivos francés Jay, para robar la Mona Lisa, y les revela que es su padre. En una caótica reunión familiar, deberán trabajar juntos sin matarse.
Un producto de consumo rápido y que se olvida aún más rápidamente, Masterplan es una de esas producciones internacionales que suelen estrenarse en plataformas sin que nadie se de demasiada cuenta. Al tener como protagonista a Stanley Tucci, esta película prototípica de robos tal vez sea observada con más detalle y cuidado pero en el fondo no se distingue del montón. Lo que hace es contar el más clásico de los robos posibles —llevarse la Mona Lisa del Louvre— con una trama familiar que le agrega, apenas, un mínimo toque distinguible. Y no mucho más.
Además del actor de El Diablo viste a la moda, la película tiene como protagonistas a Victor Belmondo (sí, nieto de Jean Paul) y Simona Tabasco, conocida internacionalmente gracias a la segunda temporada de The White Lotus. Y son ellos los que arrancan contando la historia ya que, en paralelo, se los ve cometiendo un elaborado robo de esos que solo saben hacer los profesionales. Jay (Belmondo) es francés y Chiara (Tabasco), italiana. Y ambos acceden a una página web —quizás el detalle más simpático de todo el film— que, a modo de una red social de malhechores, les permite elegir un nuevo destino. Ambos coinciden en su elección y se topan uno frente al otro ante una mansión en el Lago de Como.
Pero resulta que no hay nada para robar allí. Han sido engañados o, más bien, invitados de manera un tanto tramposa por un tal Roger (Tucci), un veterano ladrón que tiene varias cosas para contarles. Por un lado, que ambos jóvenes son hermanos. Por otro, que los dos son hijos suyos. Y, por último, que los ha convocado para un «plan familiar»: robar la Mona Lisa del Louvre. Un poco mucho, ¿no? Lo cierto es que, si bien las dudas son muchas, la tentación es enorme y los tres se van a París con seis días para preparar el robo.

De allí en más la película jugará un poco con las tensiones de estos hermanos que no sabían que lo eran pero, más que nada, se abocará al minuto a minuto del elaborado robo, uno que tiene partes físicas y virtuales y que solo puede suceder en la imaginación de guionistas de películas y series. Y Masterplan dedicará un largo tiempo a mostrar las tensiones que los tres atraviesan con sus respectivas funciones en el robo. Y luego quedará media hora más de película, que curiosamente quizás sea la mejor de las tres partes en las que se divide.
Masterplan es de esas películas que, apenas empiezan, tienen un aroma atroz a coproducción internacional. Hablada en un trabado inglés por parte de Belmondo y Tabasco, y con un Tucci que parece atravesar la película sin esforzarse demasiado, el film de este veterano director francés de cine y, más que nada, de series de TV como Guardaespaldas o Reacher, tiene todo el aspecto de esto último: un largo episodio de alguna serie en el que se nos presenta a sus personajes y a la primera de sus aventuras. Muchas de las escenas en exteriores tienen un tufillo a estar realizadas o mejoradas con IA, ya que brillan más como parte de un videojuego que otra cosa.
La última parte del film al menos tiene la intriga que se genera cuando empezamos a notar que las trampas y mentiras son más de las que parecen y que las cosas no son tal cual se nos había mostrado. Y esto sucederá no una sino tres o cuatro veces, haciendo cambiar el eje de la cuestión permanentemente. Nada tiene demasiado sentido pero allí al menos el espectador logra —si es que no abandonó antes— salir de la rutina y la medianía presentada hasta entonces. Esos juegos sobre qué es verdad, qué es mentira y qué es lo que estuvimos viendo hasta ese momento son tan o más improbables que robarse un Da Vinci del Louvre, pero un poco más entretenido.



