Series: crítica de ‘La masacre de Flores’, de Juan José Campanella y Augusto Tejada (HBO Max)

Series: crítica de ‘La masacre de Flores’, de Juan José Campanella y Augusto Tejada (HBO Max)

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22 Oct, 2026 02:25 | Sin comentarios

Producida por Juan José Campanella y dirigida por Augusto Tejada, la miniserie documental revisita el incendio de 1994 que mató a cinco personas y sigue el temor del único sobreviviente, Matías Bagnato, a que el asesino regrese por él.

Se puede dividir en dos partes o etapas la saga que se cuenta en La masacre de Flores, la serie documental de tres episodios que produjo Juan José Campanella en base al crimen que tuvo lugar el 17 de febrero en 1994 y que acabó con la vida de cinco personas. El primero es el dedicado al asunto en sí, más cercano a un documental al estilo true crime en el que se reconstruye ese incendio intencional de la casa de la familia Bagnato que acabó con la vida de todos sus integrantes (y un amigo de la familia) y en el que sobrevivió solo uno, Matías, entonces adolescente. El segundo es más interesante y se ocupa del curioso calvario del sobreviviente al saber que el criminal podía volver atentar contra su vida en el momento menos pensado.

Más un episodio y medio de la serie dirigida por Augusto Tejeda se ocupa del crimen en sí. A partir de los testimonios de Matías, algunos familiares, su entonces niñera y abogados de aquella causa se cuenta cómo era la vida de los Bagnato y cómo aparece en el medio un pariente de su madre, Fructuoso Alvarez González. De allí surge una deuda económica, discrepancias, apretes, presiones y la fatídica noche en la que la casa de Flores en la que la familia vivía se incendió. Ya verán en la serie los detalles, pericias y la lógica del crimen en una narración que tiene pocas sorpresas o giros narrativos, ya que el caso no tiene muchas vueltas ni zonas ocultas más allá de las que son evidentes y conocidas. O, si las hay, aquí no se muestran.

La cosa se pone más intrigante luego, una vez que el caso se resuelve. No spoilearé aquí para que descubran los giros al verla, pero lo cierto es que el padecimiento de Matías no culminó ni con el crimen ni con la condena, ya que su miedo continuó durante muchísimos años más, por la sospecha o posibilidad latente —amenazas mediante— de que el criminal o algún allegado quiera «completar la tarea» (sic). La segunda mitad de la serie se ocupará de eso y de ver cómo Matías trata de rearmar su vida a partir también de algunos cambios personales, de su carácter mediático y, especialmente, gracias a su relación continua con la que fue su niñera y con su abuela Norma, todo un personaje aparte.

La masacre de Flores hace su diferencia allí. La gran mayoría de los true crime se ocupan de resolver un asunto policial y todo parece indicar que luego de que eso se cierra legalmente, las vidas de los sobrevivientes se van reparando de a poco, sanando más que nada los daños psicológicos. Acá eso está, claramente, pero esa mejoría se ve constantemente interrumpida por la sensación de inseguridad de parte del protagonista, que no puede jamás dar del todo ese paso hacia una nueva vida.

Por fuera de eso, la serie habla de las impericias de la justicia argentina, de la difícil situación que atraviesan muchas veces los familiares de las víctimas de este tipo de crímenes y del rol de los medios de comunicación en todo esto. En definitiva, La masacre de Flores es la historia de Matías que, entrevistado por Campanella —con quien parece unirlo una amistad previa al rodaje— va contando, analizando y reflexionando sobre su propia y difícil historia, una que recién ahora, treinta años después del crimen, está empezando a cambiar de página y a empezar a un nuevo capítulo.