
Series: crítica de ‘Pequeños profetas’ (‘Small Prophets’), de Mackenzie Crook (Apple TV)
En esta serie de seis episodios, Pearce Quigley encarna a un empleado de homecenter deprimido que, instado por su padre (Michael Palin), cultiva homúnculos proféticos en jarrones para averiguar qué pasó con su pareja, que desapareció hace siete años. Desde el 7 de octubre por Apple TV.
Una de las series más vistas y elogiadas de la TV británica del 2026, Small Prophets va en camino opuesto a diversas tendencias contemporáneas en la materia. Es breve, tierna, amable y para nada cruel. No tiene una trama super compleja ni escenas demasiado llamativas. Apenas algunos efectos especiales, un poco de picardía y, más que cualquier otra cosa, un grupo de queribles personajes que hacen que todo tenga sentido. Gracias a esos recursos clásicos y a una química que solo puede ser descripta como encantadora, genera más que muchas otras series.
Pequeños profetas se centra en un hombre de mediana edad que sobrevive a duras penas y no ha podido salir de una suerte de depresión desde que su pareja, Clea, desapareció de su vida siete años atrás. Con una barba larga y aspecto no muy prolijo, Michael Sleep (Pearce Quigley) vive en una casa que refleja su estado anímico: pastos crecidos en su pequeño jardín, todo desarreglado, cajas apiladas y objetos por todas partes. Lo único que se mantiene impecable es un cuarto que sigue estando, casi a modo de museo, igual al día de Nochebuena en el que su mujer se fue. Más deprimente, imposible.

Pero Michael conserva cierta chispa, ironía y, sobre todo, tiene un trabajo. O algo así, ya que atiende en un homecenter (esos hipermercados de la construcción) y no hace nada todo el día, más que desalentar burlonamente a sus clientes. Se lleva mal con su supervisor —interpretado por el creador de la serie, Mackenzie Crook—, pero traba una cálida amistad con una nueva empleada, Kacey (Lauren Patel), con la que comparten sentido del humor. Su universo se completa con su padre, Brian (la estrella de Monty Python Michael Palin), que está internado en un geriátrico con principio de demencia; su ¿ex? cuñado que quiere recuperar su casa, y una pareja de vecinos metidos a los que fastidia el aspecto del lugar y viven husmeando lo que hace o deja de hacer.
En seis episodios de media hora, Crook va armando una cálida historia a partir de una excusa fantástica. Su padre convence a Michael de dar vida a unas pequeñas criaturas humanoides que, según viejos alquimistas, son capaces de predecir el futuro. Usando una serie de curiosos elementos (viejas monedas, agua de lluvia, bosta de caballo, etcétera) irá algo así como germinando unas criaturitas en unos grandes jarrones. Y esos homúnculos, le asegura Brian, le dirán la verdad acerca de qué pasó con Clea. Mientras avanza con esa tarea, levanta las sospechas de sus vecinos y la de Kacey —que se convierte en su aliada—, a la par de que su cuñado y otros personajes que aparecerán luego intentan quedarse con la casa y con algunos objetos que tiene ahí dentro.
La serie de Crook —que es también actor y lo habrán visto en la versión original inglesa de The Office— juega con varios ejes narrativos paralelos pero en esencia no es otra cosa que el retrato de este hombre cínico y desesperanzado que trata de salir de esa suerte de depresión mediante un camino ligado a lo fantástico. Y si bien esos elementos son centrales a la trama, Small Prophets pone el acento en el costado humano y emocional del personaje, especialmente en la relación con su nueva amiga y con su simpático pero eternamente confundido padre.

Esta es la clase de serie amable en la que hasta los «villanos» son queribles, empezando por su supervisor y siguiendo con sus vecinos, algunos otros compañeros de trabajo y hasta el inicialmente irritante cuñado. Es que más allá de ciertos intereses personales, no hay maldad real en ninguno de ellos. La mirada de la serie es tan comprensiva y cálida, que uno la ve casi como un bálsamo que va en contra de los tiempos que corren. Pero tampoco es amable a la manera más típicamente televisiva de un Ted Lasso —si bien su adquisición de parte de Apple TV puede tener relación con conseguir un éxito similar a ese—, sino de una que se siente un tanto más real y creíble.
Si bien los elementos fantásticos que posee —y que darán pie a alguna que otra situación intensa— la acercan a un tipo de serie más cercana al género, en el fondo Small Prophets tiene ciertas similitudes con el cine de Mike Leigh en su retrato humanista y empático de las clases populares británicas. Aquí, en un pequeño y atiborrado chalet en un perdido cul de sac de un barrio olvidado de Manchester, un grupito de personajes intenta cumplir sus sueños de la mejor manera que puede. Y si hay que recurrir a la magia o a la alquimia, que así sea…



