
Estrenos: crítica de ‘Babystar’, de Joscha Bongard
Maja Bons es Luca, una chica de 16 años criada frente a las cámaras por sus padres influencers, que toma una decisión drástica cuando le anuncian la llegada de otro hijo que amenaza su lugar de estrella. Estreno en Argentina: 5 de noviembre.
La vida de Luca, una chica de 16 años, se desarrolló delante de las cámaras. No en un sentido figurativo sino en uno literal. En Babystar, una gélida crónica del horror de la vida contemporánea, se cuentan las experiencias de esta adolescente hija de una pareja de influencers que la grabaron desde que nació e hicieron de su vida personal una crónica pública en varias redes sociales. Gracias al éxito, la cuenta @our_bright_life en la que la familia Sommer se muestra tiene millones de seguidores en cada una de las redes sociales conocidas, además de videos que juntan millones de vistas en YouTube, podcasts y negocios paralelos varios. De entrada se los ve hablando a cámara y promocionando un producto tras otro. Y Luca (Maja Bons) se ha convertido en la gran estrella de la familia, con sus miles de fans que la adoran y quieren ser como ella.
Los Sommers presentan un estilo de vida supuestamente sano, armónico y saludable. Viven en una casa ultramoderna y llena de cámaras de seguridad, pero a la que le falta cualquier cosa que se parezca a un verdadero calor de hogar. Todos hacen la pantomima de la familia perfecta pero hay algo excesivamente forzado en su presentación pública. El interesante truco del guión de Babystar es que, por detrás de eso, no son un caos ni nada parecido. Al contrario, son una eficiente empresa familiar, con un equipo de gente que trabaja para ellos y todos los vínculos económicos del caso. Fuera de cámara parecen llevarse bastante bien también, al punto de hacerse bromas (para dormirse recitan productos con los que tienen canje) y reírse juntos en distintas circunstancias.

La precisa y programada vida de la familia se desestabilizará cuando mamá Stella (Bea Brocks) y papá Chris (Liliom Lewald) le anuncien a Luca que tendrán otro hijo. En lugar de alegrarse por la noticia, Luca desespera, se angustia, se enoja. Básicamente, se da cuenta que dejará de ser la estrella de la familia para cederle el papel a la criatura. ¿Podrá soportarlo o su necesidad de constante lucimiento y aprobación la vencerá? Lo cierto es que la chica tomará una decisión que, en el contexto, es un tanto drástica. Y los tres deberán ver cómo hacen para rearmarse a partir de ese inesperado giro de los acontecimientos.
Babystar presenta de una manera muy inteligente la vida de los Sommers: sus rutinas, sus «ventas», sus negocios, su «cálida» intimidad. A través de videos que ellos mismos ven o muestran iremos observando la historia de la familia, siempre a través de su presentación pública. No hay nada íntimo en su historia que no haya sido puesto en redes. De hecho, la aparición de unos jóvenes dueños de una compañía que quieren venderles un avatar IA de Luca dejará en claro hasta qué punto para ellos todo es negociable, nada importa más que «generar contenido» y ganar dinero como sea.
La película tiene una atmósfera y un tono que la acercan al cine de la primera etapa del cine de Yorgos Lanthimos, en especial Dogtooth, que también involucra a una familia, un caserón del que no se sale y una serie de reglas muy peculiares. Uno puede estar más habituado a las reglas de Babystar, pero no dejan de ser extrañas y problemáticas. Luego de la «noticia», la película se abre un poco a otros escenarios y situaciones menos calculadas, pero conserva hasta último momento el tono gélido y clínico con el que inicia. Ni siquiera las crisis familiares logran romper esa fachada perfecta.

A esta altura es probable que Babystar no tenga nada demasiado nuevo para decir sobre la vida online ni sobre la falsedad de los influencers capaces de vender lo que sea para seguir juntando seguidores ni sobre cómo funcionan ciertos nativos digitales que no pueden hacer nada si no lo están transmitiendo en vivo o grabando. Es que aquí hasta las crisis y los conflictos tienen que ser llevados al público porque pareciera que no lo son sino se exhiben. Y, en ese plan, hasta el sufrimiento y los problemas familiares suman vistas en redes. Eso sí, tratando siempre de disimular la gravedad de la situación. O lucrando con ella.
El film corre el riesgo de alienar a una audiencia que tiene que seguir los conflictos de un trío de personas calculadoras, huecas y banales a más no poder. Pero el desgarro de Luca se produce al darse cuenta de que algo —los celos ante la llegada de un hermano— le duele de una manera más profunda de lo acostumbrado. Y eso en cierto modo la humaniza. Si bien la chica no sabe inicialmente cómo hacer para lidiar con esos sentimientos en público y se mete en algunos problemas por eso, al fin y al cabo ese conflicto la hace pensar que quizás en la vida exista algo más que likes, followers y suscriptores. Tan solo quizás.



