
Estrenos online: crítica de ‘Ser Heumann’ (‘Being Heumann’), de Siân Heder (Apple TV)
La realizadora de ‘CODA’ dirige a Ruth Madeley como Judy Heumann, quien lidera a un grupo de activistas con discapacidad que ocupa un edificio federal en San Francisco, en 1977, para obligar al gobierno a cumplir una ley. Con Mark Ruffalo y Dylan O’Brien. Desde el 13 de noviembre en Apple TV.
Por motivos que seguramente no tienen nada que ver con el origen de Being Heumann, la nueva película de la directora de CODA: Señales del corazón, Siân Heder, tiene una relevancia y actualidad inusitadas, al menos en la Argentina. Es que esta película, centrada en la lucha de un grupo de discapacitados para que se cumple una ley que garantiza sus derechos, se estrena en un momento bastante similar en la situación local, ya que encuentra al país sumido en incontables marchas y reclamos también de discapacitados y sus familiares para que se cumplan las leyes proclamadas pero no puestas en marcha. Son leyes y situaciones distintas, pero el impacto se siente.
Por fuera de esa súbita actualidad, Ser Heumann es una tradicional película de protesta y de lucha «David contra Goliath» que sigue las tradiciones instaladas en ese subgénero desde la época del cine de Frank Capra. Sincera, humanista, bienintencionada aunque un poco torpe dramáticamente y bastante lineal, es en más de un sentido comparable a la anterior película de Heder, centrada en una familia sorda con una hija que quería ser cantante. Allí donde aquella película apostaba por el drama familiar, esta lo hace por el social, transformando las luchas privadas en públicas.
La protagonista es Judy Heumann (la actriz británica Ruth Madeley, excelente), una mujer con discapacidad motriz a la que de entrada vemos mover su silla de ruedas por las avenidas de Nueva York, en 1972, para demostrar los impedimentos para moverse por las aceras de las personas en su situación. Como lo aclara un texto al inicio del film, existe una resolución legal (la 504) que asegura que se deben construir rampas para discapacitados, pero las autoridades no lo ponen en marcha por su gran costo y las posibles repercusiones políticas que eso tendría.

Esa escena sirve más que nada para mostrar la fuerza de voluntad de una mujer que no tiene las mismas facilidades que otros para marchar o pasarse el día haciendo reclamos y protestas callejeras. De ahí la historia va a 1977 y la reencuentra con el mismo problema ya que nada ha cambiado. Gobierna ahora Jimmy Carter, un presidente demócrata, pero si bien su gobierno dice escuchar las quejas sigue sin hacer nada. Y Heumann se la pasa llamando y tratando de contactar a Joseph Califano (Mark Ruffalo), el Secretario de Salud, pero el hombre primero dice no saber quién es ni qué reclama. Y luego procede a pedir, exasperado, que no le pasen sus llamados.
A partir de darse la cabeza una y otra vez contra la pared, Judy y una veintena de personas con distintas discapacidades —están los que tienen problemas motrices pero también hombres y mujeres ciegos, sordomudos, y otros con severas parálisis— se presentan en el Ministerio de Salud de San Francisco, donde habitan, para volver a quejarse, acompañados por más personas en otras ciudades. Un maltrato policial particularmente agresivo motiva a Heumann a entrar al edificio acompañada por varios más y seguidos por un periodista (Dylan O’Brien), que cubre el caso para una TV local. Y una vez adentro tratarán presionar para que los atiendan allí. Al no hacerlo, deciden acampar adentro del ministerio. Y de allá no se irán, dicen, hasta que los atiendan.
Being Heumann se ocupa de la larga estadía y la constante lucha de todos para ser escuchados. Lo que piden es algo que, tras muchos años de demoras, se hizo y hoy conocemos todos: las rampas que existen en las calles y edificios para hacerlos accesibles a personas con discapacidad. Pero en ese momento las autoridades no querían afrontar el gasto (se calculaba en 2 mil millones de dólares y en 1977) que hacer todo eso implicaba. La otra gran diferencia con la actualidad —al menos en lo formal— es la agresión, la desidia y el maltrato que todos los discapacitados sufrían. Si bien ahora las cosas no mejoraron tanto como puede parecer por el cuidado en el discurso, en ese momento la crueldad y hasta el desprecio eran evidentes y visibles en el trato cotidiano, tanto de policías como de autoridades y hasta de personas comunes en la calle.

La película no se sale mucho de la fórmula, incluyendo algunas escenas románticas entre estos insospechados militantes, y las más o menos previsibles idas y vueltas de la negociación y la presión política que Heumann y su grupo tratan de imponer. Lo mejor de Ser Heumann pasa por los momentos menos narrativos, cuando la película se aleja un poco de su rutinaria progresión dramática para escuchar y pasar tiempo con las personas discapacitadas enfrentadas a una situación inesperada y compleja como pasarse días y días acampando en un edificio sin contar con muchas de las cosas y personas que los ayudan a resolver sus necesidades cotidianas.
Gracias a esos momentos de conversaciones y confesiones grupales vemos y escuchamos a Kitty (Madeline Delp), con sus buenos modales y espíritu negociador; a Brad Lomax (Antwan Tolliver), un miembro de los Black Panthers —que aparecen en la película llevándoles comida— con esclerosis multiple; a Hale Zukas (Andrew Pilkington), que se comunica con una suerte de antena que va marcando letras en un alfabeto, y muchos otros. Sus reclamos, presentados en un momento en que algunas autoridades se dignan a escucharlos, conmueven. No solo por lo guionado sino porque, al estar interpretados por actores en similar situación, tienen mucho de verdad. Otros momentos reveladores y, por la manera en la que están planteados, también divertidos, pasan por las discusiones entre las personas con distintas discapacidades, ya que un reclamo que le sirve a uno puede complicarle la vida al otro.
Heder es una cineasta que, a juzgar por estos dos films, juega en un terreno al que podríamos definir como «populista». Trata siempre de capturar al público a partir de tocar sus zonas más sensibles y humanas, por lo general sin caer demasiado en golpes bajos previsibles. Acá sucede lo mismo. Ser Heumann es una película accesible, con todas las implicancias que en este caso tiene ese término. Y, si su intento es concientizar a la mayor cantidad de gente posible de las dificultades, sufrimiento y marginaciones varias de las personas con discapacidad, está bien que así lo sea. Con ese tipo de propuestas, más cercanas a las antiguas TV Movies que a cualquier otra cosa, quizás no se logren obras maestras, pero se le permitirá entender a mucha gente las necesidades no cubiertas y la marginación cotidiana —y para muchos, invisible— de las personas con discapacidad.



