Cannes 2018: crítica de “Lazzaro felice”, de Alice Rohrwacher (Competencia)

Cannes 2018: crítica de “Lazzaro felice”, de Alice Rohrwacher (Competencia)

por - cine, Críticas, Festivales
14 May, 2018 09:35 | 1 comentario

La tercera película de la directora italiana de “Las maravillas” combina neorrealismo y fábula para contar una querible, amable y finalmente conmovedora historia sobre los eternos marginados del sistema.

Trayendo a la actualidad ciertos modos del neorrealismo como parecía que los cineastas italianos ya se habían olvidado cómo hacer, la tercera película de la directora de LAS MARAVILLAS cuenta una fábula popular en un tono que hace convivir la poesía, el mito y la dura situación social de los marginados en distintas épocas y ciudades italianas. Es una de las mejores y más nobles películas de la competencia internacional, una que no debería irse sin premios de aquí.

LAZZARO FELICE se basa, aunque no lo parezca, en una historia real que sucedió en una zona cercana a Roma en los años ‘80, en la que una mujer de la nobleza mantenía a sus trabajadores del campo de la zona de Inviolata trabajando en condiciones propias de la esclavitud. La película, sin embargo, no hace eje en eso directamente (ni tampoco es tan clara la época en la que sucede) sino que prefiere centrarse en las relaciones entre ambos grupos y en las familias de los laburantes  del lugar. De la gran cantidad de personas que trabajaban en el campo o en la casa de la Reina de los Cigarrillos, la Marquesa Alfonsino de Luna, la película ira centrándose en Lazzaro (Adriano Tardiolo), un adolescente un tanto simplón y muy colaborador a quien todos los demás usan para, básicamente, hacer los mandados.

Una de las personas que más traba una suerte de amistad con el buenazo de Lazzaro es Tancredi, el hijo de la Marquesa. Lazzaro no hace mucho más que escucharlo parlotear a este rubio vanidoso pero ambos se tienen quizás como única opción: nadie más parece prestarles atención. Lazzaro es callado, no dice casi nada y tiene una cara luminosa y una sonrisa amable, de esas que lo transforman claramente en una suerte de santo, al menos para todos los que vimos películas clásicas italianas.

La pelicula funcionará en modo registro de las actividades de ellos dos y de otros “contadini” a lo largo de más de una hora que podría ser un poco más breve. De todos modos, uno sospecha que algo raro sucederá porque el citado aspecto angelical de Lazzaro nos lo dice casi directamente. Y eso finalmente sucede aunque tal vez lo mejor sea no adelantarlo acá. En principio digamos que la historia hace un giro propio de una fábula y como si esto fuera ALICIA EN EL PAIS DE LS MARAVILLAS pasamos a otro tiempo y a otro lugar con algunos de los mismos personajes pero en circunstancias muy distintas, al menos en lo aparente.

En ambas instancias, sin embargo Rohrwacher mostrará su maestría para el retrato de estas comunidades/familias ensambladas, grupos de bajos recursos económicos y costumbres bastante peculiares, muchas de ellas también muy graciosas. A ese neorrealismo de pura cepa le incluye un costado fantástico que la acerca a películas como MILAGRO EN MILÁN, pero sin un componente religioso directo, sino más bien utilizado en segundo plano.

Lazzaro y la película toda funcionan como testigos humanos de décadas de abusos económicos con los pobres, pero sin volverse demasiado sentimental ni romántica. La directora prefiere apostar por cierto humor absurdo para retratar a algunos de los miembros de esta comunidad en sus dos muy diferentes momentos, poniéndose de su lado pero sin subrayar el costado moral del cuento. Para eso la presencia de Lazzaro como testigo —una versión neorrealista de Forrest Gump, quizás— es más que suficiente. Su cuerpo sin peso, su mirada tierna y su sonrisa leve son todo lo que uno necesita para entender lo que pasa y lo que falta en los treinta años de historia italiana que la película retrata: compasión, inocencia, amor por el prójimo. A su manera Lazzaro funciona como un Cristo contemporáneo y la película como un cuento bíblico para estos tiempos terriblemente injustos.