Festivales: crítica de “Soni”, de Ivan Ayr (Venecia/Pingyao)

Festivales: crítica de “Soni”, de Ivan Ayr (Venecia/Pingyao)

por - cine, Críticas, Festivales
21 Oct, 2018 08:53 | Sin comentarios

Ganadora del premio a mejor película de la competencia oficial del Festival de Pingyao, este film indio que se estrenó mundialmente en Venecia es una verdadera sorpresa, un retrato del machismo imperante en la India a través de las difíciles experiencias de una mujer policía en Nueva Delhi contado con un seco realismo “dardenniano”.

Estrenada mundialmente en la sección Orizzonti del Festival de Venecia y reciente ganadora del premio a la mejor película de la competencia internacional del Festival de Pingyao, SONI es una aparentemente sencilla pero de todas maneras muy inquisitiva y observadora mirada al mundo de las mujeres en la India —más particularmente en Nueva Delhi— a partir de las experiencias de una policía (cuyo nombre da título al film) a la que le cuesta que la respeten y hasta hacer imponer su voz en situaciones delictivas.

Soni tiene un carácter fuerte y no se achica ante nada, pero cada acción policial que debe realizar —de las más banales a las no tanto— son entorpecidas por la resistencia de los hombres a, básicamente, prestarle atención y respetar su figura. Esa indiferencia y ninguneo la lleva muchas veces a ejercer cierta violencia, agresión o maltrato verbal por los que luego es castigada en la sección. Parece un camino sin salida. Y hasta su jefa y única aliada, Kalpana, tampoco puede ayudarla demasiado cuando sus superiores se le ponen en contra. Especialmente el inmediato, que es su marido.

Los casos se repiten: un operativo para capturar a un violador termina exitosamente pero con ella castigada por uso excesivo de fuerza, la detención de un conductor borracho termina igual cuando el hombre en cuestión ignora por completo sus órdenes. Y así, en cada caso. También los privilegios políticos o conexiones de los implicados son otras trabas que impiden que Soni cumpla sus funciones. Y su frustración se acrecienta porque todos creen que ella es la problemática ya que esta atravesando una separación de pareja que la tiene tensa y preocupada.



Acaso esa subtrama sea el único error dramático de esta muy buena película, que recuerda en cierto modo al cine de los Dardenne, tanto por la dureza de la protagonista como por la tendencia del director, Ivan Ayr, a filmar todo el tiempo en largos planos secuencia, cuidadosamente coreografiados, que generalmente la siguen a cada paso. Cuando digo “error” me refiero a que no es realmente necesario justificar de manera dramática/sentimental su tendencia a pasarse de rosca. Las propias situaciones que vive la justifican. Pero, claro, las diferencias culturales son enormes y aún dentro de lo que parece ser una clase media urbana de Delhi hay cosas y roles que parecen no poder tocarse ni cambiarse.

La película es también la historia de otro cambio y aporta otro punto de vista. En paralelo a los sufrimientos de Soni por ser respetada, su jefa Kalpana vive un proceso de despertar, si se quiere, feminista. Empieza castigándola en todo momento, cumpliendo el rol que le tocó en suerte sin cuestionarlo, para ir viendo de a poco, a través de las experiencias y frustraciones de su subordinada, cómo funciona su propia y muchas veces inconsciente sumisión al poder y al machismo incuestionable de esa institución y de la sociedad que dice proteger.

Seca, dura y efectiva, en solo 90 minutos SONI se aleja de cualquier cliché que una pueda tener de una película de la India (no pertenece al universo de Bollywood y su director, se nota en la construcción narrativa clásica del film, vivió y trabajó durante años en los Estados Unidos) y cuenta una historia que tranquilamente podría transcurrir en muchísimas ciudades del mundo, particularmente en países de América Latina, en los que una mujer debe alzar la voz o más que eso para ser escuchada y luego muchas veces es “castigada” por hacerlo. La película es una pintura del patriarcado en su modelo más básico y clásico: es un mundo hecho por y para hombres, y cualquier mujer que intente hacerse oír y ser respetada en ese marco, tendrá que romper con muchas tradiciones que parecen inamovibles. Acaso en un futuro cercano no lo sean tanto.