Cannes 2019: crítica de «Parasite», de Bong Joon-ho (Competencia)

Cannes 2019: crítica de «Parasite», de Bong Joon-ho (Competencia)

por - cine, Críticas, Festivales
25 May, 2019 06:55 | comentarios

La nueva película del realizador coreano deja en claro que es un género en sí mismo: esta mezcla de comedia, drama, terror, suspenso y acción, con un importante costado político, solo podría venir del director de «The Host».

El cine del realizador coreano Bong Joon-ho es, a la vez, inclasificable y reconocible al instante. Esas son las marcas claras de un autor, un hombre que ha hecho de su estilo casi un género propio que toma de otros circundantes (suspenso, acción, aventuras, ciencia ficción, policial, terror) para crear uno propio y personal.

Además de las cuestiones estilísticas hay otras, temáticas, que se encuentran de manera aún más legible en todas sus películas, desde MEMORIES OF MURDER a OKJA pasando por THE HOST y SNOWPIERCER, algo que podría definirse como «conciencia social». Si algo une a todas sus películas es una mirada consciente de las clases económicas y de las tensiones (transformadas en situaciones de suspenso) que se juegan entre ellas.

Desde su propio título, con su lectura un tanto irónica, PARASITE puede verse como un thriller social o bien una comedia dramática negra sobre la disparidad económica en Corea. Los protagonistas son dos familias. Una de ellas, de bajísimos recursos económicos, vive en una especie de subsuelo, todos apretados sin trabajo más que doblar cajas de pizza para una pizzería cercana que les paga algo de dinero por hacerlo. No tienen wi-fi (algo casi impensable en ese tipo de países) ni acceso a los bienes económicos que son normales allí.

Tras una jugada que incluye falsificar papeles, Ki-woo, el hijo varón de esa familia, consigue trabajo como tutor de inglés de la hija adolescente de una familia rica que vive en una moderna mansión a años luz de su pocilga. De a poco, Ki-woo irá haciendo entrar a sus familiares a esa casa: su hermana hará lo propio enseñando arte al hijo menor de la familia rica, cuya madre considera un prodigio pero es, más que nada, un niño muy caprichoso. Y luego al padre, como chofer. Y así. Pronto, la familia entera (ocultando su relación) estará viviendo «parasitariamente» de los millonarios en cuestión, que viven un poco en las nubes pero no son necesariamente villanos clásicos.

De ahí en adelante pasarán, principalmente en esa lujosa casa, un montón de situaciones que irán de lo cómico a lo trágico, de lo liviano a lo violento. Con toda la inventiva visual que es característica de Bong, PARASITE tendrá también, a menos a juzgar por las risas histéricas de los espectadores coreanos cercanos a mí en la sala de cine, una cantidad de humor verbal que se nos pasa un poco de largo a los que no manejamos el idioma. Es una película graciosa, sí, pero claramente más para ellos. A mí, por momentos, la verborragia un tanto intensa de los personajes, se me volvió algo agotadora.

PARASITE es una película inteligente, ingeniosa, sutil por momentos y más «obvia» en otros, enredada en algunas cuestiones narrativas y a la vez muy clara y específica en el manejo de las escenas de acción, violencia y suspenso. Sin perder jamás la empatía y la comprensión de todos sus personajes (de uno y otro lado de la escalera social), Bong arma un thriller que es también una tragicomedia sobre los lugares a los que pertenecemos y a los que queremos pertenecer. Y a sus diferencias evidentes y más ocultas similitudes.

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