Festival de Mar del Plata: crítica de “Planta permanente”, de Ezequiel Radusky

Festival de Mar del Plata: crítica de “Planta permanente”, de Ezequiel Radusky

por - cine, Críticas, Festivales
15 Nov, 2019 02:53 | Sin comentarios

La primera película en solitario del codirector de “Los dueños” se centra en la relación de amistad entre dos empleadas que se complica cuando llegan recortes presupuestarios a la dependencia pública en la que ambas trabajan.

Los tejes y manejes, la particular idiosincrasia y las disputas internas que existen dentro de lo que podríamos definir, ampliamente, como el empleo público, es el centro y el eje de la trama de está película argentina, la ópera prima en solitario de Ezequiel Radusky, uno de los codirectores de la celebrada LOS DUEÑOS. Aquí, el director tucumano sale de su provincia natal y se instala en La Plata, más precisamente en un ministerio en el que nuestras dos protagonistas trabajan, como dice el título del film, en la planta permanente. Y en el área de limpieza.

Lila (Liliana Juárez) y Marcela (Rosario Blefari) son dos amigas que han trabajado juntas por años limpiando esos interminables pasillos y entablando relaciones de amistad y compañerismo con otros empleados, muchos de mayor rango. Un día, viendo las dificultades y el poco tiempo que los empleados tienen para almorzar las amigas deciden montar un comedor en una dependencia poco usada del enorme edificio. El negocio es un éxito con los colegas. Y las amigas no solo prestan un servicio necesario sino que ganan unos dineros extra.

Pero, claro, la situación no entra dentro de los parámetros legales del Estado, y si bien la nueva directora del establecimiento parece estar de acuerdo con su existencia, luego cambia de opinión poniendo la estabilidad del boliche en riesgo. Pero el problema principal estalla entre las dos amigas, quienes empiezan a mostrar diferencias, celos y fastidios mutuos hasta establecerse entre ellas una suerte de silenciosa (y no tanto) guerra.



La película tiene otras subtramas de índole familiar de cada una de las protagonistas que, si bien corren en paralelo, luego pasarán a ser parte del combate cada vez más virulento que se arma entre ellas a partir del cierre del comedor y de las carpetas con recomendaciones de nombres para ser despedidos del trabajo. PLANTA PERMANENTE deja en claro, por un lado, las duras consecuencias de los recortes estatales y cómo puede afectar a los trabajadores haciéndolos enfrentarse entre sí en esta suerte de capitalismo salvaje de las relaciones humanas.

Pero Radusky sabe que también hay zonas oscuras en las protagonistas y en el propio sistema estatal por lo que no pinta un esquema sencillo de héroes y víctimas. Quizás el sistema, además de ser cruel per se, despierta las zonas más miserables y egoístas del ser humano. Todo esto el director lo cuenta en un tono que va pasando de lo humorístico a lo dramático, con un clima que se enrarece y oscurece con el correr de los minutos y dos muy buenas actuaciones de las protagonistas, que van viendo cómo su pequeño emprendimiento termina por hacer pedazos su amistad. Una grieta que se abre entre ellas, no muy diferente a la que todos conocemos.