Streaming: crítica de «Historia de un matrimonio», de Noah Baumbach (Netflix)

Streaming: crítica de «Historia de un matrimonio», de Noah Baumbach (Netflix)

Se estrenó en la plataforma online este drama de familia protagonizado por Adam Driver y Scarlett Johansson, que bien pudo llamarse “Historia de un divorcio”. Crítica originalmente publicada en La Agenda de Buenos Aires.

A lo largo de diez largometrajes de ficción dirigidos en poco menos de 25 años, Noah Baumbach ha tratado de retratar, con mayor o menor fortuna, las problemáticas, caóticas y muchas veces divertidas vidas de personas ligadas al mundo del espectáculo y la cultura. En películas como “Historias de familia”, “Greenberg”, “Frances Ha” o “Mientras somos jóvenes” (muchas de las otras no se estrenaron localmente, y ésta, como su previa, “Los Meyerowitz”, llega solo vía Netflix), Baumbach ha recorrido un camino con algunas similitudes al del Woody Allen de los años ‘70 y ‘80, mezclando drama y comedia para pintar, la mayor parte de las veces, historias dolorosas y hasta desgarradoras de personajes que transitan por esos ambientes.

“Historia de un matrimonio” es, acaso, su película más redonda en ese sentido, la más directa, la que va sin demasiadas vueltas narrativas hacia una situación concreta para desmenuzarla. Más que la de un matrimonio, se podría decir que es la historia de un divorcio. Cuando la película empieza, más allá de que escuchemos mediante el recurso de la voz en off textos cariñosos de uno sobre otro, y veamos imágenes tiernas de su vida en común, Charlie y Nicole están en la sala de un terapeuta de pareja, trabajando los problemas que los han llevado a querer divorciarse. Da la impresión que no hay vuelta atrás, que las cartas están echadas. Se nota que todavía se quieren, que hay una enorme complicidad entre ambos y que no será sencillo separarse –y menos con un hijo de ocho años, el adorable Henry–, pero la decisión parece tomada. 

En una película que hace recordar también a “Kramer vs. Kramer”, de Robert Benton, como a la más virulenta “Escenas de la vida conyugal”, de Ingmar Bergman, Baumbach disecciona un proceso de divorcio, poniendo el acento en las consecuencias que el propio proceso legal genera en ambas partes. Charlie (un soberbio Adam Driver) es un autor teatral radicado en Nueva York, estrella del Off Broadway, que parece estar a punto de consagrarse. Nicole (Scarlett Johansson, en el que acaso sea el mejor papel de su carrera) es una actriz que venía de trabajar en películas comerciales en Hollywood pero se enamoró de la joven promesa, se mudó a la otra costa y se convirtió en la protagonista de las obras que producen con su compañía independiente. La vida pasada de ambos parece idílica –es ingeniosa la manera del guión de contar toda la “prehistoria” de la pareja en ese compilado del inicio– pero los distintos deseos y necesidades personales los llevaron a distanciarse, de a poco, casi sin darse cuenta. Y cuando los encontramos ella ya ha aceptado un papel en una película de ciencia ficción y se ha mudado con Henry a Los Angeles. Y Charlie no sabe muy bien qué es lo que debe hacer.



Lo que parece ser un proceso tranquilo y amigable –al menos ellos creen que deberá ser así– se va complicando con la aparición de abogados, diferencias en otros momentos inconfesables y, fundamentalmente, a partir de la pelea por el futuro del niño, ya que Charlie no quiere saber nada con mudarse a California y ella, por el contrario, quiere quedarse allí, donde además tiene a su familia. Baumbach no toma el punto de vista de ninguno de los dos padres, ni del niño, sino que va alternando las escenas que tienen por separado con varias que los encuentra juntos, las que pasan de la aparente amabilidad inicial a volverse cada vez más angustiantes. Si vieron algunas de las películas anteriores de Baumbach sabrán que el director y guionista –como buen cultor del humor judío neoyorquino– llevará muchas de las situaciones hacia la comedia. Y que hasta en las secuencias más emocionalmente potentes habrá lugar para el ridículo, la confusión y hasta la comedia física, con escenas en las que se lucen Alan Alda, Ray Liotta, Merritt Wever y Martha Kelly, mostrando los costados más absurdos del sistema legal.

Baumbach ya ha retratado el divorcio –inspirado en el de sus padres– en “Historias de familia”, la que sigue siendo a mi entender su mejor película. Si allí veía la situación con los ojos de los hijos, ahora la mirada es la de los adultos. Y, en ese sentido, se vivencia todo de una manera más directa y caótica, más áspera y frontal (en apariencia el film se basa en el divorcio del director y la actriz Jennifer Jason Leigh). Es una película de escenas y planos largos en la que se ve a dos personas que claramente siguen sintiendo afecto el uno por el otro ir haciéndose pedazos de a poco, empujados también por un proceso legal un tanto siniestro en el que la disputa por la tenencia del pequeño es disparadora de agresiones de las que luego cuesta arrepentirse. Laura Dern (magnífica, como siempre), Liotta y Alda encarnan a tres abogados que trabajan en el caso. Y cada uno, a su manera, va tensando más las cuerdas de una relación que ya venía dañada y no hace más que empeorar a partir del propio proceso.

“Historia de un matrimonio” es una película emotiva, pero Baumbach no se lanza descaradamente a la caza de las lágrimas del espectador. Ellas surgen de la propia dureza de las situaciones, de la manera descarnada y verdadera en la que tanto Johansson como Driver van, de a poco, desnudándose emocionalmente, e intentando pequeños reencuentros o acuerdos en función de un hijo que ambos aman y ninguno quiere ver sufrir más de lo que ya evidentemente está sufriendo. Se trata de una película que seguramente será incómoda o dolorosa para cualquiera que haya atravesado una situación similar, pero su potencia está en la manera en la que mira el asunto de frente, de la manera más honesta posible, y en la forma en la que reflexiona sobre el tema desde, si se quiere, hasta cierto optimismo. Si el título habla del matrimonio y no del divorcio es porque, al fin de cuentas, el dolor, la bronca, los reclamos y el fastidio se mezclan con el amor, el cariño y la comprensión que ambos se siguen teniendo pese a todo. Y la historia que cuenta es una que habla del pasado, del presente y, en la mirada triste y confundida de Henry, también del futuro.

Nota: la crítica fue publicada anteriormente, en una versión un poco diferente, en La Agenda de Buenos Aires. Se la puede consultar por aquí.