Festivales: crítica de «The Nowhere Inn», de Bill Benz (Sundance)

Festivales: crítica de «The Nowhere Inn», de Bill Benz (Sundance)

por - cine, Críticas, Festivales
27 Ene, 2020 10:19 | Sin comentarios

Este falso documental se centra en la relación entre la cantante Annie Clark (más conocida por su nombre artístico St. Vincent) y la actriz/directora Carrie Brownstein («Portlandia»), quien intenta filmar una película sobre la intérprete pero falla en el intento. Una suerte de lúdica deconstrucción de los documentales sobre estrellas musicales.

Tratando de darle una vuelta de tuerca a la moda contemporánea que supone que los documentales sobre figuras de rock tienen que ser, fundamentalmente, biografías sobre sus vidas privadas, Annie Clark (más conocida por su nombre de guerra St. Vincent) se propuso jugar con el género y llevarlo a sus límites más insospechados. Para eso armó con la actriz, directora y guitarrista de Sleater-Kinney, Carrie Brownstein (PORTLANDIA), una suerte de falso documental –o bien de ficción con aspecto de documental– en el cuál estas cuestiones son puestas en juego con resultados muy divertidos e inteligentes.

La película posee varias capas de ficción que aspiran a dar la impresión de un documental, casi a la manera de una película iraní. Annie contrata a Brownstein, que es su amiga (en la película y en la vida real también), para que dirija un documental sobre su gira. Pero pronto Carrie se da cuenta que la película no está funcionando, fundamentalmente, porque pese a que Annie es desprejuiciada y salvaje cuando se «transforma» en St. Vincent en el escenario, fuera de él es una persona muy tranquila y convencional, sin grandes peculiaridades de estrella de rock, ni declaraciones contundentes ni una personalidad particularmente explosiva. Esto, para «Brownstein» (lo pongo entre comillas porque es un personaje que lleva su propio nombre) convierte a su esfuerzo en inútil: a nadie le va a interesar que la llamativa performer sea tan aburrida y «normal» fuera del escenario.

Esto genera una serie de malos entendidos y peleas cuando Carrie le propone a Annie revelar más intimidades y/o ser un tanto más extravagante para el documental que ella está filmando. Annie duda pero cuando acepta hacerlo la relación entre ambas empieza a resquebrajarse y es ahí cuando la película vira hacia una zona de ficción un tanto más directa, con Clark volviéndose cada vez más excéntrica (unas escenas con Dakota Johnson son el punto culminante de este desentendimiento). En medio de todo esto, THE NOWHERE INN incluye algunas, quizás demasiado pocas, escenas de St. Vincent interpretando algunas de sus canciones ante sus fans. Pero a la película, uno va descubriendo, jamás le interesa hacer ningún tipo de biografía de la artista –ni siquiera una estrictamente musical– sino jugar con el género, darlo vuelta hasta mostrar su inherente falsedad.


En ese sentido, es curioso que la película comparta festival con el documental sobre Taylor Swift, MISS AMERICANA, que parece centrarse en todo lo que esta película prefiere tomar distancia: las armadas confesiones, la intimidad controlada por jefes de prensa, la exposición maquillada. THE NOWHERE INN podría ser un episodio de la serie DOCUMENTARY NOW! –creada, entre otros, por Fred Armisen, socio de Brownstein en PORTLANDIA— en el que se parodia un formato de documental específico por episodio. Aquí, lo que el combo Clark-Brownstein hace es dejar en evidencia el puro carácter ficcional, armado, de los «documentales» sobre estrellas de rock creando, a su vez, una ficción que lleva esa tensión al extremo.

Los distintos niveles de representación, la «construcción» de la personalidad pública de las estrellas de rock (que no necesariamente tiene que coincidir con sus vidas privadas) y la imposibilidad que estas contradicciones puedan ser resueltas en una película de consumo masivo son los temas de los que habla THE NOWHERE INN, un film al que quizás se pueda acusar de un exceso de guiños hipsters –especialmente en su última parte–, pero que intenta de todos modos desnudar, de una manera lúdica, una industria cada vez más instagrámica respecto a la verdad documental. Y a la vez, claro, crear su propio sistema de representación.