Streaming: crítica de «Horse Girl», de Jeff Baena (Netflix)

Streaming: crítica de «Horse Girl», de Jeff Baena (Netflix)

Esta película que estrena Netflix días después de su paso por el Festival de Sundance es un curioso viaje a través de la mente de una mujer con severos trastornos psicológicos. Una experiencia extraña y pesadillesca.

A los diez minutos de comenzada, HORSE GIRL empieza a dar indicios de que no será una versión más de la típica comedia dramática indie acerca de una chica sola, tímida y sin amigos característica de muchas de las películas que, como ésta, pasan por el Festival de Sundance. El cuarto film del director de JOSHY y THE LITTLE HOURS va agregando, de a poco, más y más de esos indicios y, cuando nos queremos dar cuenta, la película se transformó en un extraño drama con elementos de terror, ciencia ficción, suspenso y alucinaciones varias.

La película, que llega a Netflix apenas unos días después de su paso por Sundance, se centra en la vida de Sarah, una treintañera que trabaja en una tienda de objetos y artesanías, toma clases de zumba, mira una serie televisiva sobrenatural compulsivamente y no tiene amigas. Su roomate –más sociable y en pareja– la empuja a una cita doble para su cumpleaños y allí conoce a Darren (John Reynolds), un tipo recientemente separado con el que parece conectar.

Pero de a poco vamos viendo que la vida de Sarah es más compleja de lo que parece. Su abuela y su madre sufrieron graves problemas psicológicos, ella es sonámbula y tiene extrañísimos y muy vividos sueños, y su pasado incluye un grave episodio con un caballo suyo, llamado Willow, al que sigue viendo pero ya no le permiten montar. Más y más detalles van dando a entender que Sarah está empezando a sentir los efectos, heredados quizás, de ciertos desórdenes mentales que podrían calificarse como trastornos delirantes o maníaco-depresivos, ya que parece cada vez más convencida de que la existencia real de clones, extraterrestres conectados vía antenas satelitales y otras extravagancias por el estilo.


HORSE GIRL va convirtiéndose de ese drama cute de chica solitaria en algo más grave y denso: el retrato de una persona que va perdiendo la noción de realidad por completo. Con un gran trabajo de Brie (la actriz de MAD MEN y GLOW que aquí funciona también como coguionista), la película nos hace vivenciar, casi en primera persona, la sensación de ir perdiendo la noción de la realidad y de tratar de convencer a los demás de que tu experiencia es la verdadera. Sarah persigue a un plomero que es igual al que ve en sus sueños, intenta convencer a Darren de sus delirios y su colega del trabajo (Molly Shannon) le pide, sin suerte, que vaya a ver a un especialista. Pero sin tener demasiada gente realmente cercana que pueda «intervenir», Sarah se deja llevar por sus muy creíbles alucinaciones.

Es en esa etapa en la que Baena toma una decisión narrativa que quizás fastidie a muchos espectadores. No vamos a revelar los detalles aquí, pero digamos que, como concepto, prefiere también escaparle al drama psicológico convencional sobre este tipo de patologías y dejar, por momentos, que la propia película las asuma como posibles. Evita explicar todo, no le importa atar cabos y juega a que el espectador también, por momentos, piense si no hay algo de verdad en lo que le sucede a Sarah.


Al principio la decisión puede ser frustrante –o sentirse un tanto tramposa–, pero a la larga creo que es más honesta y creíble que la mayoría de las películas que tratan con personajes psicológicamente inestables y que intentan que absolutamente todo tenga una explicación coherente cuando es claro que este tipo de delirios nunca pueden ser del todo lineales ni fácilmente comprensibles. En ese sentido, la película me hizo acordar un poco a SAFE, de Todd Haynes, aunque formalmente sea muy diferente.

Los problemas de Sarah en HORSE GIRL son muchos, acaso demasiados si uno los piensa separadamente, pero Baena elige que el espectador no los mire desde afuera –como si fuera su psiquiatra, tratando de interpretar y atar cabos con su historia personal, a la manera de un thriller de la mente– sino desde adentro, desde la propia experiencia de sentir que el mundo alrededor de uno va volviéndose, irremediablemente, otra cosa.

Con sus defectos, la película propone una mirada no solo original al tema de las patologías psiquiátricas (no soy un especialista en eso, sino que me refiero a su forma cinematográfica) sino una que tiene muy poco de tranquilizadora. La pérdida de la noción de la realidad mezclada con una historia familiar difícil y con una profunda soledad no son temas sencillos de tratar ni de lidiar. Y, en HORSE GIRL, Baena y Brie crean una extraña experiencia en la que la realidad se va volviendo pesadilla y la pesadilla, realidad. Y al final uno tampoco sabe qué es cada cosa y si son, realmente, diferentes entre sí.