Mar del Plata 2015: Nuevos Autores y Panorama Argentino (6 críticas)

Mar del Plata 2015: Nuevos Autores y Panorama Argentino (6 críticas)

por - Críticas
28 Oct, 2015 08:38 | Sin comentarios

Dentro de la amplia sección Panorama, Nuevos Autores intenta destacar algunos cineastas que con sus primeras películas han dejado alguna huella en el año festivalero que termina. Acá están algunos ejemplos, mejores y peores, de ese grupo. Por otro lado, el Panorama Argentino sirve para ver y/o recuperar películas nacionales que circularon por otros festivales […]

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Dentro de la amplia sección Panorama, Nuevos Autores intenta destacar algunos cineastas que con sus primeras películas han dejado alguna huella en el año festivalero que termina. Acá están algunos ejemplos, mejores y peores, de ese grupo. Por otro lado, el Panorama Argentino sirve para ver y/o recuperar películas nacionales que circularon por otros festivales en el último año y algo. Tomando en cuenta que no estoy adelantando críticas de películas argentinas –aun las ya estrenadas que vi–, aquí les dejo solo la de LULU, del hoy televisivo Luis Ortega, porque ya está publicada en el blog desde hace casi un año, cuando la programamos en el Festival de Cine de Roma.

 

NUEVOS AUTORES

AMAMA, de Asier Altuna (España)


amamaNo de los materiales más fuertes ni interesantes del cine español reciente (en este caso, del cine del País Vasco), esta película que acaba de participar en la competencia del Festival de San Sebastián es el relato de una vida familiar que cambia y se desintegra/modifica generacionalmente con el paso del tiempo a partir de la relación entre una anciana y bella abuela, su hijo (un tradicionalista a rajatabla, excesivo) y el «paso del mando» del caserío entre los hijos de éste, ninguno de los cuales parece querer o poder demasiado hacerse cargo de esa herencia familiar. Será, en cierto modo, la más «marginal» de las herederas (la nieta), la que mediante su arte en cierto modo tome la posta de esa historia.

Con algunas escenas bellas y poéticas, con otras excesivamente subrayadas y reiterativas, AMAMA es un homenaje sensible, si se quiere, al terruño y al paso de las tradiciones, pero también una película que, al menos en la tradición cinematográfica, no apuesta a los materiales más nobles ni originales sino que se queda en la superficie del gesto sentimental y el enfrentamiento hueco y elemental.

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HOMELAND (IRAQ, YEAR ZERO), de Abbas Fahdel (Irak/Francia)

homeland-iraq-year-zeroTal vez la película definitiva sobre la invasión a Iraq desde el lado invadido, este documental de casi 5 horas y media de duracion describe la vida en Bagdad y algunas otras ciudades previa y posterior a la invasión estadounidense desde el punto de vista, principalmente, de una familia iraquí que se va preparando para la anunciada invasión y, en la segunda parte del filme, contando y mostrando lo que pasó después.

Fahdel filma principalmente a miembros de su familia, primos, hermanos y sobrinos, y durante el primer filme vemos cómo continúan su vida cotidiana mientras se preparan para la llegada de aviones y misiles. Especialmente en la mirada de los niños, que por momentos lo toman casi como un juego, es donde el filme va cobrando más y más fuerza. Filmado como diario familiar, Abbas saca de ellos sus reacciones honestas y «políticamente incorrectas» a lo que está por suceder mientras muestra sus actividades cotidianas: ver fútbol por TV, estudiar, ir a casamientos, comer, etc.

Fahdel toma una decisión que considero la mejor de toda la película y tal vez un ejemplo a ser tomado en cuenta por otros documentalistas: con mínimos textos que aparecen a lo largo del filme nos informa sobre la muerte (posterior) de algunos de los personajes que estamos viendo, sacándose de encima cualquier tipo de situación potencialmente morbosa ni queriendo aprovechar la cronología del relato para luego impactarnos con un golpe bajo. Sabemos quien muere –y es doloroso– pero se nos informa con la coherencia ética de un cineasta que no quiere «aprovecharse» ni explotar la situación de ninguna manera.

La segunda parte pierde un poco de fuerza por el lado familiar ya que la narración se dedica a mostrar las consecuencias cotidianas de la invasión de modo más amplio y genera algunas imágenes que, si bien son durísimas y perturbadoras (como la destrucción de hogares, hospitales, radios, el archivo cinematográfico, etc) también son más típicas de este tipo de registro documental. Pero lo que queda de la familia del director sigue ocupando su lugar central y sobreviviendo –con muchas más complicaciones, tragedias y dolores, pero sin perder del todo cierto optimismo– ante la ciudad sitiada y constantemente en tensión. El secreto está en encontrar aun en esas situaciones, momentos que permitan identificarse con los protagonistas, en especial los chicos y adolescentes que la protagonizan, testigos y víctimas de una guerra que les cae, literalmente, encima de sus cabezas…

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THE SKY TREMBLES AND THE EARTH IS AFRAID AND THE TWO EYES ARE NOT BROTHERS, de Ben Rivers (Gran Bretaña) 

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El título es bastante más complicado que el desarrollo narrativo de la nueva película de Ben Rivers, uno de los más interesantes y creativos realizadores británicos de los últimos años. Su trama (si se la puede llamar así), claramente dividida en dos partes, empieza en el rodaje de otra película, una real, que está filmando el realizador gallego Oliver Laxe en Marruecos. De hecho, da la impresión que Rivers está allí documentando ese rodaje un tanto caótico y desorganizado. Pero en un momento el relato entra en un territorio de ficción cuando Laxe decide abandonar el rodaje y luego es secuestrado por un extraño grupo, digamos, terrorista.

No tiene sentido adelantar mucho más aunque cualquiera que haya visto alguna película de Rivers sabe que no van por el lado de lo narrativo ni por el suspenso, sino por la creación de climas, la observación del hombre en medio de naturalezas o medios inhóspitos o complejos, y la exploración de esos territorios en largos planos contemplativos. Eso continúa aquí y la «trama» es la excusa, acaso, para hablar sobre temas como el colonialismo y la presencia de los europeos –en este caso, cineastas– que tratando de hacer cine comprometido en Africa se dan cuenta no solo de su paternalismo y condescencia sino de los peligros reales que esa actitud les trae.

Más allá de algunos momentos opacos o un tanto reiterativos, especialmente en su segunda mitad, la película de Rivers es una observación aguda sobre la relación entre colonizador y colonizado, siguiendo las bases de un cuento de Paul Bowles, del que fue tomada la frase que da el largo título a la película. A esa historia y a esa relación, Rivers le agrega el rol del cine como elemento que complejiza más la trama. El que filma en una zona de pobreza o en un lugar que no es el suyo, ¿intenta devolver la palabra al poblador originario? ¿O se la adueña para su propio lucimiento, digamos, artístico y/o festivalero? Es una pregunta que la película se hace y que sigue sin tener una muy clara respuesta.

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VIDEOFILIA (Y OTROS SINDROMES VIRALES), de Juan Daniel F. Molero (Perú)

Videofilia-JD-F-Molero-500x211Hay algo profundamente molesto en este filme peruano que anula cada una de sus originales decisiones conceptuales o de puesta en escena. Y es su necesidad de shockear, de llamar la atención, de bajo el nombre de cierta modernidad cinematográfica que tal vez sí sea reflejo de cómo hoy se consumen las imágenes (cámaras de teléfonos, videos porno, juegos online, deformación de la imágen, etc) su principal carta esté más cerca de las películas de Gaspar Noé, digamos, que de cualquier provocación conceptual/estética de algún dilecto alumno de Godard.

Es la historia de un adolescente y luego de lo que podría considerarse una «pareja» que conoce online. El la convence a ella de participar en videos porno para luego vender en un mercado tipo La Salada (el mítico Polvos Azules de Lima), donde se comercializa sexo real en la forma de videos porno baratos filmados por sus propios «actores». Molero combina imágenes de todo tipo y crea un universo hiperrealista aunque un tanto exaltado de ese chico y quienes lo rodean (la vida digital, la de avatares que han perdido toda sensibilidad), pero donde falla –una y otra vez– es en su reiterativa y molesta necesidad de fastidiar al espectador con imágenes que rozan lo problemático, imagino, en la propia situación del rodaje.

Todo lo valioso que la película por momentos tiene en ese reflejo de fracturar las imágenes para darle una impresión de vida vivida en varios niveles de casi abstracción digital se echa a perder por el show-off pero, también, por unos protagonistas excesivamente desagradables como para generar algún mínimo tipo de empatía en el espectador. Se dirá que esa antipatía está ligada a la falta de sensibilidad que se genera en la vida virtual, pero es una explicación que no torna tolerable al protagonista jamás. Una lástima, porque es claro que hay talento audiovisual ahí. Lo que no hay es un mínimo de madurez conceptual o de humanidad.

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 YO, EL Y RAQUEL, de Alfonso Gómez-Rejón (Estados Unidos) 

raquelDe inminente estreno en la Argentina –los pases en el festival funcionan, como pasó otros años, como suerte de avant-premiere– esta película multipremiada en Sundance es un clásico «producto» de ese festival combinado con una estética más cercana a la de las películas para Jóvenes Adultos como la reciente BAJO LA MISMA ESTRELLA. Lo que le da un toque especial, si se quiere, es su carácter cinéfilo, que recorre todo el filme.

Es la historia de un chico solitario que va a la secundaria y no tiene un solo amigo allí, más que uno que mantiene de la infancia y con quien se divierte haciendo versiones paródicas de películas famosas. Forzosamente se ve obligado por su madre a prestarle atención a una chica que acaba de ser diagnosticada con leucemia y con la que, de a poco, empezará a entablar una relación cada vez más íntima y cercana, pese a que su salud se complica.

El humor y los juegos cinéfilos que la película propone, desde su propia forma llena de citas y homenajes, ayudan a convertir al material –durante buena parte de su metraje– en algo agradable o, al menos, relativamente simpático de ver. Finalmente, las indecisiones del director de cómo llevar y cerrar la historia, la previsible gravedad que gana la pulseada al humor y la falta de un eje dramático claro (hay personajes que entran, parecen importantes y desaparecen, otros que están meramente para cumplir una función «de guión») terminan bajándole un par de puntos a esta película que, al menos durante su primera mitad, parece que va a ser mejor de lo que finalmente es. Como muchas de esas parodias cinéfilas, las ideas que las originan suelen ser simpáticas pero luego sus creadores no saben qué hacer con ellas…

 

PANORAMA ARGENTINO

LULU, de Luis Ortega

LULU POSTERLULU (o LU-LU, según uno quiera llamarla, es casi a elección) es la sexta película de Luis Ortega, el precoz, talentoso, dispar y creativo realizador argentino que, pese a tan “larga” carrera recién anda por los 34 años. Con un debut promisorio y explosivo como CAJA NEGRA, Luis fue experimentando en películas más grandes (MONOBLOC), más chicas (DROMOMANOS), de curiosa ciencia ficción (LOS SANTOS SUCIOS) y hasta extraños modos de adaptación literaria (VERANO MALDITO, basado en Mishima). Tengo la sensación que en DROMOMANOS (2012) se fue reencontrando con el universo con el que más se identifica: el de los márgenes, el retrato de personajes que están al borde del precipicio, viviendo fuera de las reglas sociales “convencionales” y que coquetean con el peligro, la locura, la enfermedad y la curiosa libertad que todo eso trae aparejado.

LULU es, en ese sentido, una continuidad de esas temáticas pero, a la vez, una apertura a unas formas más accesibles, libres y relajadas desde lo narrativo. Es la película más clara, limpia y efectiva de su carrera en lo que respecta a lo formal. Si bien los temas permanecen casi inalterables y su cine no ha perdido nada de su libertad creativa, hay en ella un respeto a formas más tradicionales de la narración cinematográfica que, es de esperar, le acerquen su cine a más público.

LULU (o Lu-Lu) son Ludmila y Lucas, una pareja de jóvenes que vive en una casucha escondida ahí donde Recoleta se topa con Avenida del Libertador, Figueroa Alcorta y frente al Parque Thays, donde el verde de la zona, los árboles gigantescos y el “célebre” monumento de Botero suele impactar –para bien o para mal– a los que se lo topan a su paso. Lucas (Nahuel Pérez Biscayart) anda con un revolver en la mano, aparentemente cargado con balines, que usa para dispararle al monumento, al aire o a lo que se le ocurra. Es una especie de “alma libre” que hace algo parecido a trabajar recogiendo huesos de animales con una camioneta (conducida por Daniel Melingo) por las carnicerías de la zona. Pero su verdadera pasión está en deambular por la ciudad en plan anárquico: puede robar una farmacia, seguir una chica en la calle, emborracharse con desconocidos en un bar o payasear en el subte. Lo suyo –en la mejor escuela Dennis Lavant/Leos Carax– es vivir el momento sin pensar demasiado en el futuro. Disfrutar de esa cruza de vagabundo y flaneur que lo caracteriza. (Ver crítica completa, del Festival de Roma 2014, aquí)