Berlinale 2016: «Rara» y «Nunca vas a estar solo»

Berlinale 2016: «Rara» y «Nunca vas a estar solo»

por - Críticas
21 Feb, 2016 06:09 | Sin comentarios

Si bien no hubo ninguna película estrictamente latinoamericana en la competición oficial (lo más parecido a ella fue SOY NERO, del iraní Rafi Pitts, una coproducción con México que cuenta los problemas y desventuras de un mexicano y que transcurre la mayor parte del tiempo en los Estados Unidos), el cine de este continente estuvo […]

Berlinale_PlakatA4Si bien no hubo ninguna película estrictamente latinoamericana en la competición oficial (lo más parecido a ella fue SOY NERO, del iraní Rafi Pitts, una coproducción con México que cuenta los problemas y desventuras de un mexicano y que transcurre la mayor parte del tiempo en los Estados Unidos), el cine de este continente estuvo bastante bien representado con más de una docena de películas distribuidas en las diversas secciones de la Berlinale: Panorama y Panorama Special, Forum y Forum Expanded y las diversas subsecciones en la que se divide Generations.

En varias entregas –esta es la primera de ellas– iré publicando un repaso crítico de los filmes latinoamericanos (no todos, sino los que llegué a ver antes, allí o bien podré recuperar en estos días) que tuvieron su estreno mundial –o europeo– en la Berlinale. Empezamos por Chile, que presentó cuatro largometrajes en el Festival. Aquí van dos de ellos, dos operas primas: RARA y NUNCA VAS A ESTAR SOLO.

 

RARA, de Pepa San Martín (Chile).


raraBasada en el caso real de una jueza que, en 2004, perdió la custodia de sus hijas legalmente por su orientación sexual (había dejado a su marido y estaba en pareja con una chica), la opera prima de la cortometrajista Pepa San Martín –coescrita con Alicia Scherson– toma esa información y parte desde allí para hacer un retrato de la vida en ese nuevo núcleo familiar tomando como punto de vista el de la mayor de las hijas. Más provocativa desde su tema que desde su forma, la película de San Martín intenta ser accesible para todo público y así lograr una mayor atención sobre los temas que trata.

Y los trata muy bien. Gracias a un guión inteligente que no subraya demasiado los temas ni pinta fácilmente al padre y a la madre como héroes y villanos (cada uno, a su manera, cree estar haciendo lo correcto y adecuado para las chicas) y a una puesta en escena que se juega por largos planos secuencia, uno de los grandes méritos de la película está en las actuaciones más que convincentes de casi todo el elenco (el padre, acaso, es el único punto flojo en términos de composición) y en cómo la tensión entre las parejas se ensambla a la perfección con el de la chica, que se ve en medio de estos problemas pero a la vez tiene su propio mundo (amigos, escuela, etc) de los que preocuparse.

rara2El centro es la descripción de la vida cotidiana de Sara (Julia Lubbert), quien parece sentirsee bastante a gusto en este nuevo modelo familiar que incluye a su madre Paula (Mariana Loyola, de LA NANA) y su nueva pareja, Lía (la argentina Agustina Muñoz, regular actriz de las películas de Matías Piñeiro). Su padre (Daniel Muñoz) la tiene también algunos días con ella y, de a poco, empieza a sembrar dudas en Sara respecto al tipo de vida que su madre lleva. Si a eso se le suman los conflictos normales que una preadolescente puede tener con su madre (salidas tardías, un conflicto con un gatito recogido de la calle, etc), todo lleva a que Sara y su muy simpática y algo bizarra hermana menor Catalina empiecen a dudar sobre con quién vivir. No es una situación muy diferente a la de un divorcio normal, solo que aquí el elemento homosexual del asunto le da un condimento extra. Especialmente al padre, que usa cualquier situación tensa como ejemplo de los problemas que implica para las niñas este nuevo tipo de vida.

Si bien en otros países donde estas cosas no suceden tanto los temas que trabaja RARA pueden quedar un poco anticuados, no hay dudas que están resueltos con inteligencia y sutileza, aprovechando la complejidad del asunto para tratar de ser polémica y política sin alienar al resto de la audiencia. Si bien en su forma la película tiene algo de didáctico –en lo que respecta a la aceptación de las familias no tradicionales por parte de las que supuestamente sí lo son–, eso no impide que los argumentos estén bien dosificados e integrados a lo que finalmente importa aquí: la vida de Sara y de su hermana.

Nota: La película fue premiada en la sección Generations (sí, para chicos, así es la Berlinale) en la que se presentó.

 

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NUNCA VAS A ESTAR SOLO, de Alex Andwandter.

nunca vasLos seguidores de la música pop y electrónica chilena conocerán seguramente el nombre de Alex, su música y también la de su banda, Teleradio Donoso (para los que no lo conocen, digamos que suena bastante similar a Miranda!). Lo que acaso no sepan es que Alex acaba de debutar como cineasta con un filme que tiene varios puntos en común con RARA, ya que ambos se basan en temáticas LGBT y se apoyan en casos reales. En este caso es el del tristemente famoso asesinato del joven Daniel Zamudio, un adolescente gay de 14 años que murió tras ser atacado violentamente por un grupo de neo-nazis en Chile. La versión del filme es libre, solo inspirada en ese hecho.

Hay otra similitud entre ambas películas: las dos eligen utilizar personajes «secundarios» a la trama para que a través de ellos la historia le llegue al público, digamos, straight. Aquí es el padre del protagonista el que cobrará cada vez más protagonismo en la historia. La primera mitad (la mejor) se centra casi exclusivamente en Pablo, quien va soltando cada vez más de manera pública (y, sabrá después, algo arriesgada) su sexualidad, algo que solo oculta en su barrio y en su casa, en la que vive con su padre. Su cuarto es su resguardo, su mundo privado cuyas intimidades solo comparte con su amiga Mari.

NeverBeAlonePero afuera no parecen estar dispuesto a aceptar a alguien como Pablo y si bien él lo sabe tampoco está dispuesto a esconderse permanentemente. Hasta que llega el hecho tan temido y el chico es brutalmente golpeado hasta quedar en coma. Allí la película se convierte en la toma de conciencia de Juan, el padre. No sólo de la sexualidad del hijo –de la que no parecía saber nada o elegía no mirar ni preguntar– sino de ciertas cuestiones como la cerrazón de miras del sistema privado de salud de Chile y la hipocresía de muchos de los que le rodean, desde sus socios a sus vecinos.

Curiosamente la segunda parte es la menos atractiva tanto en lo narrativo como en lo visual, ya que la ausencia de Pablo y sus amigos se hace notar, y Juan es una figura gris y solitaria de esas que tanto vemos en el cine latinoamericano. Pero, a la vez, es la más inteligente en lo que respecta a la mirada política del filme, extendiendo sus críticas de la violencia homofóbica a la violencia cotidiana que se ejerce con los ciudadanos chilenos cotidianamente, especialmente aquellos que no tienen los suficientes recursos. De algún modo, son dos películas en una: la primera, más entretenida e intensa, y la segunda, más gris y morosa. Ambas, de todos modos, ponen el acento en los costados más problemáticos de la economía, la política y la sociedad chilena. Costados que se pueden resumir en una frase: el desinterés y el desprecio por el otro, por el diferente, especialmente si no tiene ni la sexualidad ni la cantidad de dinero que «debería tener» para entrar en el sistema.