Festival de Morelia 2016: críticas de las competencias

Festival de Morelia 2016: críticas de las competencias

por - cine, Críticas, Festivales
23 Oct, 2016 02:40 | Sin comentarios

Aquí se irán actualizando, día a día, las críticas de las películas de las competencias de largometrajes –tanto de ficción como de documental– del Festival de Morelia que comenzó el viernes 21 en la ciudad mexicana.

cartel_ficm_alta-rgbEn este post irán apareciendo, luego de su primera exhibición oficial, las películas de las dos competencias de largometrajes del Festival de Cine de Morelia, de ficciones y documentales. En el FIC Morelia las secciones competitivas son sólo de cine mexicano por lo que las críticas de otras películas extranjeras y no competitivas que consiga ver allí irán en otras entradas aparte. Es probable que no llegue a ver todas las películas de la competencia (solo estaré allí cinco días), pero trataré de ver la mayor cantidad posible.

Así que acá empezamos por las primeras tres de ficción y también con dos documentales que ya vi en festivales anteriormente…

 

COMPETENCIA FICCION MEXICANA


TODO LO DEMAS, de Natalia Almada

Adriana Barraza in Todo lo demásLa documentalista Almada (EL VELADOR, AL OTRO LADO) debuta en la ficción con este relato seco acerca de una mujer solitaria (Adriana Barraza) que trabaja en una oficina pública y parece poner toda su motivación en dos cosas: ser muy estricta en su trabajo (no deja pasar ningún formulario que tenga el más mínimo error por pequeño que sea) y el gato con el que vive. También va a una pileta de natación pero prefiere mirar a los que nadan y no meterse en el agua. Impasible, recibe las quejas y agresiones de la gente que va a hacer sus trámites pero nada parece afectarla hasta que algo sucede en su vida personal que la hace empezar a reconsiderar algunos de sus hábitos y costumbres.

La manera de presentar la situación de Almada tiene mucho de cierto cine argentino reciente: metódico, observacional, silencioso, de planos fijos. Los cambios de la mujer son leves y sutiles, una alteración lleva a la otra y de a poco la mujer empieza a abrirse, lentamente, al mundo. Riguroso en su tono y metódico en sus procedimientos, el filme de Almada –que participó en el reciente Festival de Nueva York– va mostrando de a poco esa apertura: una sonrisa acá, interactuar con una persona en la oficina y así. Acaso la metáfora de la piscina sea un tanto obvia pero representa claramente el objetivo de la película: mostrar las diferencias entre observar la vida pasar y tomar parte en ella.

 

ESA ERA DANIA, de Dariela Ludlow

esa-era-daniaEn dos tiempos paralelos, mezclando documental (o, acaso, falso documental) y ficciónESA ERA DANIA cuenta dos momentos en la vida de la protagonista, una chica adolescente que tiene que criar sola a una niña. En uno de esos tiempos –el presente documental– se observa a sí misma filmada en el pasado y en otro, la vemos en ese mismo pasado, en el que se tiene que ocupar de la niña en cuestión mientras trata desganadamente de cumplir con su tarea aunque extraña lo que se estaría perdiendo si no fuera por esas obligaciones.

Un poco confusa al principio, finalmente la película se organiza más claramente. Vemos a la Dania del pasado no ocuparse demasiado bien de la niña, aunque no estudia ni tampoco trabaja. Simplemente no parece estar interesada. En el otro tiempo del filme la vemos criticarse sus actitudes de antaño, como no pudiendo creer la indiferencia que le generaba su hija. De todos modos Ludlow no la juzga sino que muestra lo compleja que es la tarea para una chica tan joven. Uno, como espectador, puede fastidiarse con sus actitudes egoístas pero a la vez entender que la situación la abruma y la supera. Y el filme, aún con sus altibajos narrativos, logra transmitir muy bien esa dualidad.

 

LA CAJA VACIA, de Claudia Sainte-Luce

caja-vacia-08La nueva película de la realizadora de LOS INSOLITOS PECES GATO se centra en un tema muy personal: la relación con su padre. Protagonizada por la propia realizadora y el actor Jimmy Jean-Louis, la película narra el reencuentro de padre e hija después de mucho tiempo sin verse. El, que es haitiano de origen, ha sufrido un accidente y tiene una enfermedad que lo lleva a perder continuamente la noción de la realidad. Esa demencia se hace presente en la película de una manera directa ya que muchas veces las escenas van y vienen en el tiempo mientras el preente se mezcla con sus recuerdos, paranoia y alucinaciones.

Ella es la que tiene que cuidarlo ahora, situación que no le agrada para nada por diversos motivos: el hombre siempre ha sido bastante indomable y exigente, la relación entre ambos es tirante y le impide a ella continuar con su vida normal. En esos pequeños momentos libres aparece la posibilidad de una incipiente relación con un joven argentino recien llegado a México (Pablo Sigal), pero su padre es demandante, problemático y no puede estar solo, lo que apremia cada vez más a la protagonista.

emptybox_01Sainte-Luce filma buena parte de las escenas del padre o entre padre e hija en la casa de ella y casi a oscuras, tomando casi como modelo al cine de Pedro Costa con Ventura, a quien el personaje del padre un poco se parece. El mundo interior de este complicado hombre es fascinante pero también demasiado entrecortado y fragmentario, lo que lleva al espectador a meterse en ese incómodo universo de recuerdos y confusiones en tiempo presente sin nunca poder hacer del todo pie. Un poco más livianas y necesarias para quitar el tono opresivo al relato son las escenas de ella fuera de su casa, especialmente las que mantiene con Sigal, quien funciona como una pequeña luz posible al final del relato.

Intima y personal, por momentos oscura y agobiante y por otros un tanto más amable y hasta graciosa, LA CAJA VACIA es un filme en primera persona que narra los difíciles intentos de una hija que, tras una historia familiar complicada, trata de recomponer parte de una gastada relación con su padre, al final de la vida de él. Y esa cercanía con la historia real se siente en cada plano de la película.

 

EL PELUQUERO ROMANTICO, de Iván Avila Dueñas

el-peluquero-romantico2Esta formalmente curiosa película narra la vida de un solitario peluquero de treinta y largos años cuya madre acaba de morir. Su vida consiste en atender su poca concurrida peluquería, encotrarse semanalmente con sus amigos y escuchar música y ver películas de los ’40 y los ’50. En medio de ese parate emocional empiezan a suceder cosas: reaparece en su vida su ex mujer y una vecina que trabaja cerca discretamente lo entusiasma pero en la tercera parte de la película, casi de la nada, se presenta otro eje en la historia de vida de este personaje, eje desconocido y sorpresivo que no revelaré acá pero que lleva al filme por caminos impensados.

Por algún motivo no del todo efectivo, Avila filma algunos momentos de la vida del protagonista en Súper 8, con efectos raros, poniendo la imagen en negativo y haciendo temblar la pantalla como si fuera a caer un terremoto en cualquier momento. Más allá de la afición del personaje con el cine y la música no queda del todo claro ni está muy justificado el recurso. Y lo mismo sucede con el giro de la última parte del relato.

elpeluqueroromantico02Cuando la película logra establecer una marcha más o menos constante (como en la convivencia un tanto forzada del protagonista con un amigo) o en situaciones simpáticas vividas en la peluquería con algunos clientes la película crece. En otros se vuelve «experimental» sin necesidad alguna dentro de un esquema bastante clásico. Y, al final, entra en un territorio casi imaginario que, si bien no responde a ninguna lógica de guión, por lo menos sirve para abrir el relato y sacar al personaje un poco de su sistema de ir «de casa al trabajo y del trabajo a casa». Ese «escape» puede resultar también un lugar común pero a la película le da una luminosidad que a esa altura seriamente necesita.

 

TENEMOS LA CARNE, de Emiliano Roche Minter

tenemos-la-carne-we-are-the-fleshUna de las películas más curiosas y extrañas que he visto del cine mexicano en los últimos años, la opera prima de Roche Minter es difícil de sintetizar narrativamente, ya que funciona como una suerte de instalación o función de arte performática más que como una película convencional. Se centra en un hombre que vive en lo que parece ser una caverna o lugar subterráneo y abandonado de una ciudad armando todo tipo de caos a su alrededor y alimentándose con extrañas combinaciones de sangre, líquidos viscosos y huevos. Hasta allí llegan dos hermanos, un chico y una chica desprevenidos, a quien esta especie de homeless místico y degenerado hará participar de sus actividades.

Ella se engancha rápidamente, pero él no quiere  saber nada. En principio, porque básicamente la propuesta del sujeto consiste en que se entreguen físicamente el uno al otro, preferentemente delante suyo para que él pueda masturbarse. De ahí al lanzamiento de secreciones y la antropofagia hay un solo paso. Y esto es solo el principio de esta fiesta oscura y tenebrosa, que se ubica en una zona entre David Lynch y el propio infierno (con el mismísimo Diablo como protagonista), y cuyo único escenario es ese enorme subsuelo que funciona como una suerte de vientre viscoso y zona libre en el que cualquier cosa puede sucederle al que se atreve a entrar ahí. O es forzado a hacerlo.

Por momentos aterradora, por otros agotadora, con escenas muy logradas y otras literalmente intragables, TENEMOS LA CARNE es el tipo de película que necesita a un espectador dispuesto a entrar en esa bacanal de sexo, excreciones físicas, alimentos de curiosa procedencia que hay que comer como sea y personajes que convierten el desmadre en ideología y forma de vida. A algunos el asunto nos cansa y nos parece por momentos una provocación juvenil sin demasiado sustento. Pero es innegable que la película es tan potente como furibunda, tan repugnante como agresiva y que hay un público que seguramente la transformará en un fenómeno de culto.

 

EL VIGILANTE, de Diego Ros

morelia-vigilanteLa película comienza de una manera promisoria cuando un guardia de seguridad encuentra un auto estacionado fuera de un edificio en construcción en el que trabaja, llama a la policía y, al revisar el coche, aparece un cadáver en el baúl. Pero al empezar los cuestionamientos policiales arrancan las contradicciones: él dice una cosa, el guardia que tiene el turno siguiente (y que llegó tarde ese día) dice otra, hay diferencias con los horarios y el asunto empieza a volverse confuso, complicado. ¿Qué es lo que se está ocultando?

Pronto su colega intenta esconder a su sobrina en el edificio, lo cual complica más la situación, lo mismo que las discusiones que tienen los guardias entre sí y entre ellos y la policía. Pero el nuevo aporte a la trama no suma demasiado sino que, por el contrario, resta. Lamentablemente la tensión del inicio se va evaporando y la narración sufre a consecuencia, enredándose en caminos sin salida. Lo que conserva, sí, es su clima ominoso, la sensación de estar en un espacio lúgubre en el que cualquier cosa puede suceder. Al ser una opera prima, no es un dato menor: manejar los resortes narrativos es algo que se puede ir aprendiendo, no es tan fácil encontrar un director con un buen ojo cinematográfico. Y Ros lo tiene.

 

TIEMPO SIN PULSO, de Bárbara Ochoa

morelia-tiempo-sin-pulsoLas consecuencias de la muerte de uno de los hijos de una familia son el centro narrativo de esta película, en especial las vivencias de Bruno –el hermano del fallecido– un adolescente que parece perder todo incentivo para seguir estudiando y/o socializando con el mundo. Peor está su madre, que atraviesa una profunda depresión y se vuelve por momentos agresiva. La reaparición de una ex novia de Bruno parece calmar un poco las cosas en su vida, pero el chico sigue enredado en el duelo al punto que su vida sexual empieza a volverse nula, luego extraña, pero siempre problemática.

TIEMPO SIN PULSO es una historia de «coming-of-age», de un adolescente que debe atravesar una dolorosa situación que le permitirá crecer. Y si bien el eje elegido por Ochoa para hablar del tema (las peculiaridades de su vida sexual) es por lo menos inusual y lleva a momentos un tanto curiosos, eso la convierte a la vez en una película original, que no recorre necesariamente los caminos típicamente transitados por el subgénero. Muy buenas actuaciones de todos los protagonistas aportan a la credibilidad de este oscuro, seco y por momentos potente drama familiar.

 

MINEZOTA, de Carlos Enderle

morelia-minezotaVioleta está en pareja con Ismael, un cantante de una banda de rock y fanático hasta la imitación de Dave Gaham (el cantante de Depeche Mode). Ella tiene ganas de tener con él algo más serio y en algún punto quedar embarazada, pero él sigue con sus sueños de rock-star, sus groupies y parejas ocasionales. La pareja entra en crisis y Violeta parece encontrar una solución a su deseo de tener un hijo cuando conoce a dos jóvenes mormones que la visitan en su casa. Ella pronto empezará a tratar de conquistar a uno de ellos –de acento norteamericano– a quien pone en una situación complicada entre el deseo y la misión. Y, además, con su propio compañero, quien duda en denunciarlo a las autoridades religiosas.

La película comienza en blanco y negro y luego pasa al color pero, más allá de alguna situación específica (el chico mormón yendo bajo la lluvia a comprar píldoras anticonceptivas) nunca resulta convincente. Es un combo estética y visualmente pobre, casi un trabajo estudiantil, que desaprovecha por distintos motivos (flojas actuaciones, escenas visualmente mal resueltas, un giro melodramático excesivo) las situaciones potencialmente interesantes que el guión plantea al principio.

 

COMPETENCIA DE DOCUMENTALES

SOMOS LENGUA, de Kyzza Terrazas

somos-lenguaLa nueva película del realizador de EL LENGUAJE DE LOS MACHETES es un documental centrado en la cultura hip-hop mexicana, recorriendo distintas ciudades, «crews», MCs, DJs y otros personajes del submundo del rap en versión local. Y los hay por millares. El filme recorre desde los más amateurs a profesionales que llenan estadios y son adorados por sus fans que saben cada una de sus rimas. Hay talentosos y no tanto. Pero cada uno de ellos tiene (o cree tener) una historia para contar y una filosofía de vida que la sustenta.

El documental de Terrazas es formalmente cuidado y tiene el buen tino de dejar expresarse a sus artistas, viéndolos crear rimas de la nada o a DJs dedicados a trabajar con sus bandejas y mezcladoras sin interrumpirlos con ningún tipo de relato o historia cronológica de la cultura hip hop en México. Es una celebración del arte en sí y eso queda claro en el título, al punto que por momentos muchos de los raperos parecen intérpretes de slam poetry al interpretar sus versos sin los beats que los suelen acompañar. Y Terrazas muchas veces acompaña sus fraseos con las letras superimpuestas en la pantalla.

El filme es, también, una muestra de cómo esa cultura y esa generación vive y expresa las situaciones más difíciles y violentas que se viven en «la calle», acaso la marca cultural que sigue sosteniendo la credibilidad de los intérpretes del hip-hop. Esa «credibilidad callejera» los convierte muchas veces en los mejores intérpretes, en las personas capaces de explicar mucho mejor en palabras que muchas columnas de opinión de «especialistas», cómo se vive ese complejo día a día en un país intenso, fascinante y contradictorio como es México.

 

TEMPESTAD, de Tatiana Huezo

tempestad-posterLa violencia constante que se vive en México se ha vuelto el tema central de casi todas las películas de ese país que circulan internacionalmente. Es inevitable. Los miles de casos en los que todo tipo de violencia es ejercida contra sus ciudadanos son tantos y provienen de orígenes tan diversos que es casi imposible mirar hacia otro lado. Es cierto, también, que hay películas que evitan sobre esos ejes y que circulan por el mundo (caso CLUB SANDWICH, por ejemplo), pero parece una misión imposible escaparle al clima que se vive allí. Casualmente, o no, los festivales tienden también a ser reflejo de este tipo de cine sociológico y las películas que hablan de temas de relativa actualidad suelen estar entre las más buscadas. Y premiadas.

Ahora bien. Hay todo tipo de películas que hablan sobre la violencia en México. Documentales y de ficción. Más o menos cruentas. Más o menos líricas o poéticas. En una u otra región. Así, casi infinitamente. Y si bien el panorama puede ser abrumador, hay películas que se destacan por proponer una mirada original, esquiva, lateral a este tipo de acontecimientos. TEMPESTAD, de Tatiana Huezo, es uno de esos casos. La realizadora de EL LUGAR MAS PEQUEÑO, salvadoreña pero radicada en México hace muchos años, tiene una forma de encarar sus temas y personajes que la destacan del promedio de documentalistas bienpensantes en lo político pero meramente administrativos en lo audiovisual.

tempestad3Huezo graba las voces y las imágenes separadamente, lo cual le da a sus filmes una cualidad poética que la emparenta, en cierto sentido, al cine de Terrence Malick, ya que no siempre lo que se dice se corresponde estrictamente con lo que se ve. La “entrevista/historia” principal de TEMPESTAD es la de Miriam, una empleada de migraciones de un aeropuerto que es encarcelada, acusada de ayudar a gente a emigrar ilegalmente. Pero ella no tiene nada que ver y hasta los que la detuvieron lo saben y se lo admiten. El problema es que tienen que cumplir con una “cuota” de detenidos. Pero eso es solo el principio de su drama. De la cárcel original es trasladada a otra, manejada por un cartel, en el que las autoridades miran para otro lado mientras los narcos transforman esa detención en un literal secuestro, pidiendo plata semanalmente a su familia, que a la vez está amenazada de muerte si no paga. Sin hablar de las cosas que, ella cuenta, le toca vivir, sufrir y vivenciar estando allí.

TEMPESTAD comienza mostrando imágenes del viaje de regreso de Miriam desde Matamoros (en el noreste del país) hasta su casa, en la zona de Riviera Maya, en el Golfo. Ese viaje en bus se extiende por varios días atravesando buena parte del Este de México y sirve a Huezo para ir, a la vez, oralmente contando la historia de esta mujer y, visualmente, mostrando un desolador aunque a la vez bello (es una de las ambiguedades complicadas del filme, la apuesta por la belleza en medio del desastre) panorama de ciudades que viven casi en estado de sitio permanente.

tempestadPromediando el relato, Huezo suma otra historia que casi no se toca con la anterior en la realidad, pero sí en la temática. La narra Adela, que trabaja como payaso en un circo y a quien le secuestraron a su hija para prostituirla (similar temática de la reciente película LAS ELEGIDAS). Adela y sus compañeros del circo aparecen, pero salvo en un par de ocasiones (en especial una en la que hablan con Huezo detrás de cámara) raramente se quiebra el sistema disociado de audio e imagen. Hay una cierta confusión en el ir y venir de ambas historias al principio, pero el espectador rápidamente se reacomoda. De todos modos, aún cuando las tramas se mezclen en el espectador, no hacen más que reflejar que una y otra historia podrían ser intercambiables. No sólo entre ellas sino entre las muchas mujeres que vemos en el recorrido que narra el filme.

La bella fotografía y la cuidadísima música aportan a transformar al filme en una suerte de elegía por un país consumido por la violencia en todos sus frentes. Y si bien esos recursos pueden ser un poco excesivos en el mundo del documental más realista, la apuesta de TEMPESTAD es otra, más poética. Una suerte de pintura de la desesperanza y de la resiliencia de unas personas –de un pueblo– que debe convivir con el horror que los rodea y que los puede atacar cuando menos se lo esperan.

 

LAS LETRAS, de Pablo Chavarría Gutiérrez

the_lettersEs curioso, pero por momentos la película de uno de los cineastas más independientes de México tiene bastantes parecidos formales con la de quien hoy es su máximo representante internacional. Chavarría filma buena parte de LAS LETRAS con un tipo de lente y movimientos de cámara que recuerdan a lo que hacen Alejandro G. Iñárritu y Emmanuel Lubezki en EL RENACIDO. Planos largos y en movimiento perpetuo en los que los rostros y cuerpos se enfrentan con la inmensidad del paisaje. Silencio y sonidos inmanejables. La sensación de que los objetos y el espacio se pueden palpar. Y hasta solos de batería en vivo que recuerdan a BIRDMAN.

Solo que aquí el tema y el contexto son muy distintos. En el retrato de una familia y una comunidad que convive la ausencia de uno de sus miembros, Chavarría experimenta sobre el lenguaje: caras, cuerpos, escenarios. La protagonista es la cámara y lo que quienes están detrás de ella pueden hacerle expresar. Un mundo, un universo, una tensa espera. Cartas visuales para alguien que no puede verlas.