Series: crítica de «The Sinner – Temporada 2» (Netflix)

Series: crítica de «The Sinner – Temporada 2» (Netflix)

En la segunda temporada de la serie regresa Bill Pullman como el extraño detective que se identifica más con los acusados que con las víctimas. En este caso, con un niño que viene de una secta y mata a sus padres. Carrie Coon y Tracy Letts completan el elenco de este inquietante relato policial.

La serie THE SINNER estaba planificada para una sola temporada pero, como sucede con muchas adaptaciones de libros, el éxito derivó en la necesidad, seguramente más económica que creativa, de continuar y agregar más temporadas (en 2020 se viene una tercera). Ya sin una novela de Petra Hammesfahr, la autora alemana en la que se basó la serie original –ni su protagonista, Jessica Biel–, lo que hizo Derek Simonds, el creador de este drama policial, fue estructurar la nueva temporada en base al detective que allí interpretaba Bill Pullman, metiéndolo en una nueva situación con varios puntos de contacto con la anterior. Es decir: un crimen de un claro culpable pero un caso que revela enormes cantidades de secretos y ambiguas motivaciones por detrás.

El secreto del éxito de la segunda temporada –que en general tiene mejores críticas que la primera– está, por un lado, en las implicaciones del caso elegido. Pero, más que nada, por haber mantenido al notable elenco de directores y buena parte de los guionistas de la temporada original. Y, además, por rodear al policía sensible y perturbado de Pullman con un grupo de actores excepcional, desde la magnífica Carrie Coon (FARGO, THE LEFTOVERS), a Tracy Letts (muy famoso autor y actor teatral que últimamente ha empezado a aparecer más en cine y TV, y que es además esposo de Coon) pasando por una joven revelación llamada Elisha Henig, un niño de 13 años que es el eje central de la historia que aquí se narra.

De similar manera a la temporada anterior, en esta segunda parte de THE SINNER vemos cometerse un crimen a pocos minutos de empezado el primer episodio. En este caso es Julian (Henig), un chico un tanto raro que, en un hotel camino a Niagara Falls –adonde están yendo de vacaciones en familia– envenena con un té a sus padres. Rápidamente capturado por la policía, el extraño niño confiesa todo. El crimen en cuestión es cometido en el pueblo de Keller, en el estado de Nueva York (pero más cerca de Canadá que de la ciudad), de donde es oriundo Harry Ambrose (Pullman), a quien convocan para ayudar con la investigación. Al final del primer episodio, con el chico detenido, aparece una mujer llamada Vera (Carrie Coon), quien dice ser su verdadera madre.


De ese hilo tira y tira la segunda temporada, quizás por momentos exagerando las complicaciones y casualidades (hay una cantidad a mi gusto excesiva de coincidencias y vueltas de tuerca), pero siempre manteniendo no sólo la intriga acerca de qué motivó al chico a matar a esa pareja que se presentaba como sus padres, sino una compleja mirada acerca de los secretos enquistados en un pueblo chico, secretos que incluyen también al propio detective. Julian y Vera son parte de una comunidad/secta en un lugar llamado Moswood, en las afueras de la ciudad, con hábitos y costumbres muy peculiares y con una complicada relación con el mundo exterior en general y con la ciudad de Keller en particular. Y que la explosión mediática del caso, lleva a Harry –y a Heather Novack, la joven policía que investiga junto a él– a ir desarmando una serie de embrollos que van de lo personal a lo gubernamental.

La serie hace foco más que nada en las conexiones personales entre el caso y los detectives. En lo que respecta a Ambrose, él también fue un chico que vivió experiencias dolorosas a una edad similar a la de Julian, por lo que claramente se identifica con él e intenta entender porqué mató a sus «padres». Heather tiene una conexión personal con la comunidad de Moswood ya que su gran amiga de la adolescencia –una mujer llamada Marlin, de la que estaba enamorada– dejó todo para irse a vivir allí. Y, veremos luego, esa no es la única conexión. Casi toda la ciudad tiene manejos y cruces secretos con ese lugar en el que se realizan terapias extrañas y en la que todos parecen rendirle culto a una enorme estructura rocosa, que funciona a modo de divinidad pagana.

Pero THE SINNER no busca meterse en el ocultismo ni en lo sobrenatural. No hay terror a lo MIDSOMMAR ni se muestra a la secta, necesariamente, como una sacada del manual del documental WILD WILD COUNTRY. Sí, es un lugar donde pasan, se enseñan y practican cosas raras (con líderes mesiánicos y muchísimos secretos), pero que no son peores a lo que sucede en Keller, que tiene sus propios asuntillos ocultos. El personaje de Coon, en ese sentido, representa mejor que nadie esa postura: es una mujer difícil, complicada y dominante que protege con todo lo que tiene a su misteriosa comunidad, pero a la vez una persona que conoce bien y advierte que el modo de vida los habitantes «normales» de la sociedad quizás sea mucho más malicioso e hipócrita.

Los primeros cuatro –quizás, cinco– episodios son realmente modélicos en cuanto al manejo del suspenso, las sorpresas narrativas y los giros dramáticos (los tres primeros, al igual que en la primera temporada, los dirige un muy prometedor cineasta llamado Antonio Campos), pero tengo la sensación que en la segunda mitad la serie empieza a atar cabos de una manera demasiado «conveniente» y no tan creíble. De todos modos, la intriga instalada es muy grande –y los choques personales y culturales tan ricos de analizar– que la serie sigue siendo atractiva aún cuando la lógica empiece a volverse un tanto dudosa.

Y lo mismo sucede con el trabajo actoral. Pullman sigue convenciendo con ese extraño detective que parece siempre ponerse del lado de los criminales –a quienes ve como víctimas de algo que los supera– y Coon es una actriz capaz de llevar al espectador de las narices gracias a su intensidad y su convicción. SPOILERS, QUIZAS, DE AQUI EN ADELANTE. Un tanto menos lograda es la subtrama que involucra a la detective Heather, a su padre (el citado Letts) y su amiga/novia, que empieza a tener mayor preponderancia en la segunda mitad. Aquí está el clásico problema de la elección de casting que genera expectativas por sí sola. A lo largo de más de la mitad de la serie Letts tiene un rol muy menor. Y es obvio para cualquiera que un actor tan respetado no fue llamado solamente para hacer del «padre de la detective». Así que, si uno sospecha que algo más nos deparará su presencia en la serie, muy probablemente no esté equivocado.

Pero la serie es de Coon y Pullman. En la mecánica de tiras y aflojes que se produce entre ambos (y también con el niño, cuya «fidelidad» va de uno al otro) no solo están las tensiones de manejarse dentro o fuera de «la sociedad» sino las maneras en que cada uno maneja su propia vida y sus demonios. THE SINNER entiende muy bien las pulsiones que llevan a sus personajes a manejarse como lo hacen y trata en general de no juzgar ni construir claros héroes ni villanos. Es un mundo de gente torturada y confundida que actúa muchas veces equivocadamente, pero por motivos que ni siquiera ellos entienden del todo bien. Como decía un viejo y reverenciado cineasta, cada uno tiene sus razones para hacer lo que hace.