Estrenos online: crítica de «The Lodge», de Severin Fiala y Veronika Franz

Estrenos online: crítica de «The Lodge», de Severin Fiala y Veronika Franz

por - cine, Críticas, Estrenos, Online
01 May, 2020 10:19 | comentarios

El debut en los Estados Unidos de los directores austríacos de «Goodnight Mommy» es un film de suspenso y terror psicológico que transcurre en una cabaña alejada de todo en la que dos chicos se quedan viviendo con su madrastra.

Todos aquellos que hayan visto GOODNIGHT MOMMY, que se dio en Argentina en el marco del BAFICI 2015, seguramente la recordarán. Aquella película austríaca de suspenso y terror no debe haber dejado a nadie indiferente, con su seca y cruenta trama de, digamos, «desentendimientos familiares» (la crítica que escribí en ese momento está por acá). Si bien esa historia, como comentaba ahí, podría tranquilamente tener una remake hollywoodense casi literal, lo que han hecho en los Estados Unidos los codirectores de ese film (un hombre y una mujer) es algo más ingenioso. Es otra historia, diferente en muchos aspectos de su trama, pero cuyos temas son muy similares y que al final genera una sensación muy parecida a la del film anterior.

En aquel caso una madre regresaba a la casa con sus dos hijos tras una operación de cirugía estética que la tornaba tan irreconocible que los chicos empezaban a creer que se trataba de una impostora. En THE LODGE, la historia parte de una premisa muy distinta pero aterriza en un lugar más o menos parecido. El arranque es pura sorpresa hitchcockiana y, si bien sucede al minuto ocho del film (incluyendo créditos iniciales) no lo revelaremos aquí. Hay un hecho trágico y violento allí que marcará a fuego el resto de la historia.

Richard (Richard Armitage), que está separado de su mujer Laura (Alicia Silverstone, actriz a la que se ve poquísimo últimamente y aquí tampoco se la ve tanto), anuncia que se va a casar con su nueva pareja, Grace (Riley Keough). Laura queda shockeada con la noticia (muy) y los hijos de ambos, Aiden (Jaeden Martell, de IT) y Mia (Lia McHugh), no quieren saber nada con la novia actual de su padre. Y tampoco les interesa la idea que Richard tiene de llevarlos a pasar unas semanas invernales a una cabaña ubicada en un área tan bella como desierta. Pero Richard cree que es lo mejor para generar un vínculo entre ellos tres y el complicado viajecito se arma.


La situación en la cabaña es más que incómoda pero el asunto se vuelve decididamente complicado cuando Richard se ve obligado, por cuestiones de trabajo, a volver a su casa, dejando a los chicos solos con Grace. La chica –que es mucho más joven que su madre– tiene una historia familiar complicada, con un padre severo y religioso que murió en una situación muy particular. Y la cantidad de pastillas que lleva consigo dan a entender que es bastante más frágil y atormentada de lo que parece.

A lo largo de esos días en los que los tres se quedan solos las cosas empezarán a enrarecerse. Grace tiene sueños extraños y quizás sea sonámbula. Los niños parecen asustados pero odian tanto a la mujer que quizás tengan algo que ver con lo que está sucediendo. De a poco la situación se irá volviendo más misteriosa y violenta, con una lógica de amenazas que es de ida y vuelta. No se sabe realmente quien corre más riesgo ahí. Y hasta qué punto la historia religiosa de Grace tiene algo que ver con lo que sucede.

THE LODGE es más una película de suspenso con toques de terror que una de horror hecho y derecho. Se puede decir que se integra, en cierto modo, a esta nueva tendencia de películas de género de autor, en donde importa menos el impacto –que igualmente lo tiene– que el clima angustiante que se genera. Una noche en la cabaña, los tres miran EL ENIGMA DE OTRO MUNDO, de John Carpenter, y si había alguna duda ahí queda bastante claro hacia donde apunta la mirada de Franz y Fiala. También el lugar hace pensar en EL RESPLANDOR de Kubrick, película con la que también dialoga en otros aspectos.

A diferencia de la mayoría de las películas que siguen al pie de la letra las reglas y rutinas del género, THE LODGE puede frustrar a los espectadores más tradicionales ya que prefiere optar por los climas y la tensión generada por el espacio y el silencio, sin lanzar constantemente giros dramáticos al espectador. Y cuando esos asuntos extraños y misteriosos aparecen, la duda está más puesta en saber si pertenecen al orden de lo fantástico o de lo psicológico, algo que obviamente no revelaremos aquí.

La idea central del film es muy similar a la de GOODNIGHT MOMMY, con su tensión entre dos niños y una mujer que –de un modo u otro– ha tomado el lugar de su madre. En ambos films el rol masculino adulto es menor, y la violencia y la agresión está puesta en los complicados juegos de poder entre la figura (relativamente) materna y los chicos. En este caso aparecen de manera más fuerte las angustias ligadas al divorcio y la relación que los chicos pueden tener con la «madrastra». Pero lejos de ser las víctimas de la situación, los chicos aquí también juegan un peligroso juego de venganza que, claramente, Grace no merece.

Los tres personajes, por distintos motivos, están en un frágil estado emocional (casi se puede hablar de un desorden post-traumático) y tener que convivir en soledad en ese paraje helado no ayuda en nada a hacer más llevadera la experiencia. Uno de entrada se da cuenta que la del padre es una pésima idea en todo sentido, pero digamos que sin ese viaje no habría película. Si uno atraviesa esa traba (y alguna otro bache posterior del guión y algunas ideas banales como la de la casa de muñecas) va a poder entrar de lleno en el clima violento y desgarrador que genera una película que, finalmente, es más un desolador y cruento relato de suspenso psicológico que otra cosa.

La clínica frialdad de la película revela, si se quiere, el origen europeo de sus directores (una película más hollywoodense propondría otro tipo de empatía). De hecho, el director de fotografía es el mismo de THE KILLING OF A SACRED DEER, película con la que comparte algunas ideas. Y hasta en la medida actuación de Keough, THE LODGE se separa del tono más habitual de este tipo de relatos, que tienden a ir hacia un crescendo dramático que se manifiesta usualmente también en la crispación de sus actores. Aquí no hay nada de eso. Hasta el último y estremecedor plano del film, Franz y Fiala mantienen la misma sequedad de sus primeras e igualmente aterradoras escenas. Quizás no sea la película ideal para ver en una cuarentena rodeado de niños y niñas. O quizás sí. En ese caso, después habrá que soportar las consecuencias.