Estrenos online: crítica de «Todo el día y una noche», de Joe Robert Cole (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Todo el día y una noche», de Joe Robert Cole (Netflix)

Mezcla de thriller y drama, la opera prima del guionista de «Pantera negra» comienza con un joven afroamericano cometiendo un crimen y luego recorre su vida para analizar las circunstancias y decisiones que lo llevaron hasta ahí.

Estrenada en Netflix, casualmente, en un momento en el que en la Argentina se discuten cuestiones ligadas a determinados derechos de los presos con pasado criminal, TODO EL DIA Y UNA NOCHE pone el acento en las cuestiones familiares, sociales y económicas que enmarcan y, en cierto punto, explican ciertas conductas y actos que podríamos denominar, a la antigua, como «reñidos con la ley». Si bien tiene la estructura y se vende como un policial/thriller, el film de Joe Robert Cole (coguionista de PANTERA NEGRA, película con la que tiene más similitudes de las que parece) es más bien un estudio de personaje, una película que intenta entender y explicar cómo es que Jahkor Lincoln (Ashton Sanders, actor que encarnaba al protagonista de MOONLIGHT en su etapa adolescente) se convirtió en un asesino.

La película no disimula ni pone en duda su culpabilidad en ese caso. La primera escena de todas, de hecho, es la que lo muestra entrando a la casa de una familia afroamericana de Oakland y matando al hombre y a su mujer ante la mirada desesperada de la hija de ambos. Enseguida viene el expeditivo juicio –con un alegato de la madre del fallecido, pidiendo que el hombre «se pudra en la cárcel»– y unos minutos después lo tenemos a Jahkor en la cárcel. Recién ahí aparece su voz en off, la que supuestamente nos va a llevar a entender cómo llegó a ese momento.

La película de ahí en adelante se dividirá en tres partes que irán intercalándose entre sí. Por un lado, retratará su infancia, marcada por un padre violento y adicto (Jeffrey Wright) que lo educó en los más estrictos códigos callejeros (nunca delatar a nadie, responder a una agresión con otra mayor y así); por otro narrará los meses previos al asesinato en cuestión (ésta será la sección principal del film) y, por último, prestará atención a su llegada a la cárcel y su adaptación a los códigos que allí se manejan, que no son tan distintos a los de la calle.


Los flashbacks –tanto el de la infancia como el del pasado reciente—lo verán cercano a dos amigos que tomaron diferentes rumbos en sus vidas: TQ (Isaiah John) se convirtió en un cruento y vicioso criminal al que nada parece importarle mientras que Lanmark decidió seguir un camino más “recto” de estudios y deporte, ligado también a una sólida estructura familiar que siempre lo sostuvo, pero también lidiando con ciertas complicaciones ligadas a eso.

Jahkor está a mitad de camino entre ambos. Tiene los suficientes códigos morales como para saber cuando se mete en asuntos demasiado pesados –o si alguien se pasa de rosca, como suele hacer TQ–, pero la propia lógica en la que creció y vive lo lleva a seguir continuando con ese ciclo violento, a no poder o saber tomar distancia. A diferencia de los otros, Jahkor tiene ilusiones de dejar todo y triunfar en el mundo del hip-hop, para el que tiene cierto talento. Pero tampoco se le abrirán las puertas del todo en esos ambientes.

La película de Cole transcurre, como parte de PANTERA NEGRA, en Oakland, California. Y la lógica que sigue el personaje no es tan distinta a la del villano de aquel film: es un criminal que racionaliza sus actos de una manera casi académica, relacionando su comportamiento al racismo instalado en la sociedad y a una lógica de violencia que se ha trasladado familiarmente por generaciones. “La esclavitud nos enseñó a sobrevivir, pero no a vivir“, dice la voz en off del protagonista más de una vez.

TODO EL DIA Y UNA NOCHE no buscará necesariamente justificar sus actos sino contextualizarlos. Nos pone en el incómodo lugar de “entender” el comportamiento de alguien a quien vimos matar a sangre fría en la primera escena. Y si bien por momentos puede dar la impresión que el guión intenta quitarle responsabilidad en el asunto (seguramente algunos podrán leerlo así de todos modos y más en estas circunstancias locales), lo que Cole hace aquí es mostrar un ciclo de violencia y de silencio, una herencia de secretos y traiciones internas pero también de casual racismo y de prejuicio policial que excede a la comunidad afroamericana pero que no la exculpa.

Formalmente la película tiene a su favor una gravedad en el tono que la diferencia del más convencional thriller social de ghetto. Pero esa ambición de analizar historias, contextos y responsabilidades genera por momentos una narración un tanto morosa y hasta excedida en su análisis. Más que una película sobre Jahkor, parece un estudio sociológico acerca de personas como él y las condiciones que generaron su accionar criminal. No deja de ser interesante que una película de este tipo se desentienda de vez en cuando de la necesidad de generar tensión narrativa para ofrecer momentos puramente reflexivos, pero quizás esas reflexiones sean menos originales de lo que Cole cree.