Series: crítica de «Feel Good – Temporada 1», de Mae Martin y Joe Hampson (Netflix)

Series: crítica de «Feel Good – Temporada 1», de Mae Martin y Joe Hampson (Netflix)

En apenas seis breves episodios, esta serie británica que llegó en marzo a Netflix logra divertir y emocionar con la complicada relación amorosa entre Mae, una comediante lesbiana, y su pareja Georgina, que sale por primera vez con una mujer. Amor, sexo, adicciones y familias complicadas en una comedia sensible y brillante.

La intensidad con la que arranca –y con la que, en buena medida, se desarrolla– la serie británica FEEL GOOD llama la atención por dos cosas. De una de ellas, nos damos cuenta de entrada: tiene un ritmo, una energía y una efervescencia comparables al inicio de un romance. Y eso es lo que empezamos viendo acá. Mae (Mae Martin, comediante canadiense que vive en Gran Bretaña y co-creadora de la serie, inspirada en su propia vida) conoce, al terminar un show suyo en un bar, a Georgina (Charlotte Ritchie) y en un par de veloces, fulgurantes y dinámicos minutos ya están prácticamente viviendo juntas en la casa de «George». Es un universo pequeño –casi no salen del cuarto o, más bien, de la cama– pero parece ser todo lo que necesitan.

Es evidente que esa explosión de energía e intensidad no va a durar para siempre. Pero pronto nos enteramos de un segundo motivo que lleva a la serie a manejarse con ese ritmo furioso: Mae es adicta a la cocaína. Lleva un par de años sin consumir pero la mentalidad adictiva, asegura, no se modifica fácilmente. Ella misma lo dice en una reunión de Narcóticos Anónimos a la que va un poco forzada. Puede ser el celular, el amor, las noticias, el sexo o las redes sociales las que reemplacen a la droga de turno. Es decir: el problema no está resuelto ni mucho menos. Está, digamos, lateralizado y hasta cierto punto disimulado en adicciones un poco menos dañinas. Y FEEL GOOD captura esa nerviosa energía del apasionamiento pero también la de la adicción. Después de todo, ese rush de adrenalina quizás no sea tan distinto.

George (así llaman todos a Georgina) tiene otros problemas. Es una chica straight que tiene por primera vez una relación con otra mujer (Mae se define a sí misma como no binaria, de hecho). Y no solo le cuesta aceptarlo a ella misma sino que no se atreve de ninguna manera a hacerlo público. Ni sus amigos ni su madre ni nadie alrededor suyo sabe que está en pareja con una chica lesbiana y ella prefiere que no lo sepan nunca. Y cuando Mae se da cuenta que su relación no es pública por eso, empiezan los problemas. Lo que quiere decir, de otro modo, que el literal buzz de la adicción empieza a sonar cada vez más cerca.


No son estos los únicos problemas de la incipiente pareja. Linda, la madre de Mae (la ya mítica Lisa Kudrow), es un personaje temerario con la que tiene una relación espinosa y con quien, tras lo que seguramente fue una década traumática de lidiar desde ambos lados con la adicción, parecen haber optado por el silencio y la negación. Una suerte de «de eso no se habla más», generado más que nada por Linda. Y Charlotte, además de sus propias inseguridades, tiene que lidiar con un mundo personal extraño, que incluye una madre un tanto peculiar y amigos en extremo convencionales y, digamos, bastante idiotas, con los que no puede contar. O eso cree ella.

Todo esto, contado así, parece la sinopsis de un melodrama doloroso de adicciones y familias rotas, pero FEEL GOOD está muy lejos, en apariencia, de ser eso. La serie de apenas seis episodios de 25 minutos (dura lo que una película larga y se ve de un tirón) es una comedia, por momentos muy graciosa, que va dejando salir de a poco sus zonas más dramáticas, integrándolas en todo momento con escenas y personajes secundarios completamente absurdos, como algunos compañeros de reuniones de Mae, el roommate de George o sus ridículos amigos. Pero no estamos ante la clásica comedia dramática que empieza en modo «todo risas» y luego se pone grave, sino ante algo distinto y muy de serie británica: la combinación constante de comedia y drama.

Es cierto que ese choque tonal entre el drama romántico, de adicción y dependencia con las escenas de comedia más absurdas y pasadas de rosca genera por momentos cierta fricción o incomodidad, pero como lo prueban otras muy buenas comedias británicas recientes (como CATASTROPHE, BACK TO LIFE o la mismísima FLEABAG, por citar solo algunas) es posible navegar de manera inteligente a través de esos giros y cambios. Lo que le otorga consistencia a FEEL GOOD es, fundamentalmente, que los personajes, sus dolencias y miedos son creíbles, verdaderos. Dicho de otro modo: tiene un guión cuyo núcleo es muy muy sólido y que no necesita poner en mayúsculas sus temas para transmitir lo que importan o significan.


Es así que la serie puede pasar de un momento totalmente slapstick de humor físico (hay varias situaciones con personajes encerrados en armarios, por ejemplo, o mucha parafernalia sexual que aparece en los momentos más incómodos) a escenas de consumo de opiáceos o descalabros amorosos de indiscutible gravedad para luego entrar en una de infrecuente franqueza sexual. La lógica interna de Mae y de George, respectivamente, y su hermosa pero a la vez complicada relación de pareja resulta consistente y, si bien no es necesariamente realista, logra ser honesta. Dicho de otro modo: los materiales nobles de base le permiten a la serie, como sucede con una receta de cocina, tomar riesgos creativos. Sin esa nobleza, esa verdad, esa honestidad, el producto final no tendría la potencia que tiene aquí.

FEEL GOOD es toda una revelación, lo mismo que Mae Martin, a quien no conocía. Siendo una comediante de «stand up», se revela como una muy buena actriz, y está siempre bien apoyada por esos habitualmente eficaces actores secundarios británicos, uno más extravagante que el otro, entre los que se destaca Sophie Thompson, como la muy ansiosa «sponsor» de Mae. Si a eso se le suma a «Phoebe» Kudrow en el rol clave de su aparentemente insufrible madre, estamos ante un elenco casi perfecto que no hace más que mejorar el material de origen. No sé cuando llegará la segunda temporada (todavía no se confirmó oficialmente, pero Martin dijo ya tener escritos varios episodios), pero esperemos que no sea dentro de mucho tiempo. Es una historia que tiene un «continuará» marcado a fuego a lo largo de su último, alocado y emotivo, episodio.