Estrenos online: crítica de «Feral», de Andrew Wonder

Estrenos online: crítica de «Feral», de Andrew Wonder

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06 Jun, 2020 11:17 | comentarios

Esta opera prima independiente retrata las experiencias de una chica que vive en las calles de Brooklyn lidiando con la violencia, la solidaridad, el frío y la tensión que encuentra en la ciudad y en sus habitantes.

Una pequeña película con un título que se presta a confusión –ya que hay varios films llamados igual en los últimos dos o tres años–, FERAL es un relato intenso y breve acerca de una chica que vive en las calles de Nueva York, más precisamente en un sucio y oscuro resquicio en medio de las vías del subterráneo en la zona de Brooklyn. La chica, que dice llamarse Yasmine aunque es incomprobable que ese sea su nombre verdadero, vive desde su adolescencia de esa manera y, gracias a una resiliencia no exenta de viveza, ha sabido cómo sobrevivir a esas desesperantes circunstancias, que se vuelven aún más extremas con el frío del invierno neoyorquino.

Hay algo que la diferencia del común de los que viven en la calle y que le permite mayores posibilidades de supervivencia. Si alguna vez vieron ese sitio de internet en el que el lector tenía que decidir, a partir de ver una foto, si esa persona era hipster o homeless, sabrán a lo que me refiero. «Yasmine» parece más una chica universitaria que usa ropa vintage un tanto rota y se maquilla y peina de una forma casi performativa (no muy lejos de una drag queen por momentos, o de Amy Winehouse después de una noche complicada) que a lo que hoy llamamos una «persona en situación de calle». Y es por eso que, al circular por la ciudad tratando de ganarse la vida, logra tener mayor contacto con el resto de los que por ahí circulan.

Es así como seduce a un joven y amable músico que la lleva a su casa con planes de pasar la noche con ella y al que Yasmine termina robándole dinero y muchos vinilos. La escena siguiente, en la que la chica va a una disquería especializada a vender lo que robó y negocia en función de los álbumes encontrados, es excelente en su mecánica. Entre los discos hay uno de Moondog, el excéntrico y fallecido músico callejero neoyorquino que no solo sirve como clara metáfora de lo que vemos sino que su música es usada como la banda sonora del film, al igual que lo hizo Luis Ortega en EL CLAN, otro cineasta muy interesado en retratos honestos de la llamada «gente de la calle».


Más allá de algunos breves pero innecesarios momentos que parecen regodearse en una suerte de estética de la pobreza y locura, bordeando el registro Terry Gilliam de PESCADOR DE ILUSIONES, FERAL funciona mucho mejor cuando se acerca a un registro más del tipo documental, que es de donde proviene su director. En los 73 minutos que dura la película, Wonder presenta unas pocas escenas, ligadas a los contactos de Yasmine con el mundo exterior. Además de las ya mencionadas, se la verá con una madre frustrada y tensa con la que se pone a charlar en un parque, con una señora latina que le da de comer, con una banda agresiva en la calle y poco más. Y en otros momentos la veremos yendo y viniendo por la ciudad, muchas veces hablando sola en voz alta, dando la impresión (o queriéndola dar, no se sabe) que tiene algunos profundos disturbios psicológicos.

FERAL es un retrato muy humano de la experiencia de vivir en las calles, lidiando con la violencia ajena pero también con la solidaridad, con las instituciones que intentan ayudar pero que no siempre lo hacen de la mejor manera, con un personaje que prefiere por lo general hacer la suya. Si bien la experiencia personal de Yasmine puede no ser parámetro de nada, la cámara de Wonder muestra el mundo que la rodea (y los personajes, muchos de ellos haciendo de sí mismos) de una manera muy creíble. Esa Nueva York sucia y callejera –frenética, áspera, pero con resquicios de calidez– que recuerda a películas como KIDS, de Larry Clark o HEAVEN KNOWS WHAT, de los hermanos Safdie, o varios clásicos de los ’70, está muy bien reflejada.

Yasmine (una excelente Annapurna Sriram, vista en la serie BILLIONS) tiene sus propios y muy personales motivos y experiencias para vivir como lo hace y eso –al revelarse, en una de las entrevistas que da en un refugio, recurso que Wonder utiliza con varias mujeres más– le agrega otro eje de análisis más a la película, ligado a los problemas con la inmigración. Concisa y potente, FERAL es una película directa y realista, que no apuesta ni por el shock y la crueldad ni tampoco tiende a idealizar, o volver pintoresca, la experiencia de la chica ni de la vida en los márgenes. O, como dice la letra de la clásica canción de Dinah Washington escuchada acá: «This bitter earth/Yes, can it be so cold?/Today you’re young/Too soon you’re old».



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