Estrenos online: crítica de «Hater», de Jan Komasa (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Hater», de Jan Komasa (Netflix)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
30 Jul, 2020 05:20 | comentarios

Esta película polaca combina drama y suspenso para narrar el ascenso de un joven que maneja las redes sociales para crear noticias falsas y operar sobre las elecciones políticas locales. Elegida mejor película internacional en el reciente Festival de Tribeca.

Una suerte de TAXI DRIVER de las redes sociales y las fake news, HATER intenta ser una película cruda y crítica acerca de los controles y manejos personales, sociales y políticos que se hacen a través de internet apostando a generar todo tipo de odio. Y lo hace a partir de la historia de un joven maquiavélico que sabe cómo mover las piezas en el tablero del mundo online para generar las respuestas deseadas. O, al menos, eso es lo que él espera que suceda.

La película polaca del director de CORPUS CHRISTI, nominada al Oscar a mejor película extranjera en su última edición, tiene un par de particularidades que bien vendría adelantar. Por un lado, un poco de contexto. HATER es una secuela (o spin off) de THE SUICIDE ROOM, película que Komasa hizo en 2011 y que también se centraba en las secuelas impensadas de una operación de bullying online. En la película no se menciona ni se hace referencia a aquel film y, si bien se entiende perfectamente, hay algunas relaciones entre los personajes que están marcadas por eventos previos que el espectador desconocerá.

Por otro lado habría que contextualizar a HATER dentro de esta rara ola de cine polaco que está apareciendo en Netflix y que tiene su máxima expresión en la popular película erótica 365 DIAS. En ese sentido, la película de Komasa –que ganó el Festival de Tribeca hace unos meses– tiene más en común con el cine de autor (de hecho, hay varios clásicos del cine polaco de los años ’70 en Netflix si uno setea su sistema en inglés) que con cierto cine de explotación de ese país que circula en la plataforma. De todos modos, en algún punto uno puede pensar que esas apuestas aparentemente muy distintas se tocan aquí más de lo pensado, ya que HATER está en un punto equidistante entre esos dos universos.


El protagonista se llama Tomasz (Maciej Musiałowski) pero todos lo conocen como Tomek. Apenas comienza el film vemos que lo echan de la Facultad de Derecho por plagiar un examen. Y en la segunda escena se lo muestra cenando en la casa de una elegante pareja burguesa que, nos iremos dando cuenta, funciona como benefactora de este joven de orígenes aparentemente más humildes, pagando sus estudios.

Allí notamos otros asuntos importantes: Tomek está enamorado de Gaby, la hija menor de esta pareja, pero ella lo mira con cierta condescencia y desprecio, algo que se comprobará después cuando el siniestro joven deje su celular prendido al irse de esa casa y, al recuperarlo, escuche lo que dijeron sobre él al retirarse del lugar. Tampoco, claro, Tomek les dice que lo echaron de la universidad ya que planea seguir recibiendo dinero de su solidaria chequera.

Tomek consigue un trabajo en Best Buzz PR, una compañía que hace marketing por redes sociales y que se dedica más que nada a armar campañas sucias, de desprestigio, creando cuentas y noticias falsas para acabar con los competidores de sus clientes. El chico prueba su talento destrozando a una instagrammer que vende una exitosa bebida energética (el breve resumen de esa campaña es un brutal pero muy claro ejemplo de cómo funcionan estos operativos) y la igualmente calculadora jefa de su empresa, Beata, lo promueve a las grandes ligas: la política.


De ahí en adelante, HATER se centrará en los «trabajitos» de Tomek para manipular las elecciones de alcalde de Varsovia ensuciando con noticias falsas la campaña de un político progresista que, casualmente, cuenta con el apoyo económico de sus ex benefactores y padres de la chica de sus sueños, quienes ya no quiere saber más nada con él desde que se enteraron de su engaño con los fondos universitarios. A la manera de Travis Bickle, en aquel film de Martin Scorsese, Tomek se meterá en una serie de peligrosos enredos ligados a la política –haciendo enfrentar a progres con fachos, jugando a dos puntas con las noticias falsas y promoviendo campañas de odio racial y anti-inmigratorio– con el agregado y enfermizo objetivo de vengarse de ellos.

Así como la mirada al mundo de las operaciones y campañas de desprestigio online son muy efectivas y probablemente certeras, HATER se vuelve un poco esquemática y subrayada cuando intenta traducir todo ese sistema como un drama personal del protagonista, simplificando un asunto que tiene aristas realmente más complejas. Las motivaciones y contradicciones del personaje parecen existir de una manera demasiado «armada» para funcionar como eje del relato, convirtiéndolo en suerte de mezcla entre el Mark Zuckerberg de RED SOCIAL con el Patrick Bateman de PSICOPATA AMERICANO con un malicioso toque extra a lo Michael Haneke.

El juego funciona de un modo inquietante, por un rato, pero la película empieza a perder fuerza, además de por esas obviedades ligadas a la caracterización del protagonista, por una duración excesiva de 135 minutos y una serie de eventos que extrema demasiado la credibilidad de la trama. De todos modos, cuando funciona bien, la película puede resultar abrumadora a la hora de pensar los manejos psicológicos y las manipulaciones de información que existen en los agujeros más oscuros de las redes sociales, operativos que aquí tienen como claro eje a Facebook, pero que incluye también a otras redes sociales y hasta los llamados «videojuegos de rol multijugador masivos en línea», conocidos como MMORPG.

El tal Tomek puede ser uno de esos casos extremos –y, finalmente, tranquilizadores– que sirven para poner esos peligros en personas mentalmente inestables, pero es claro que el sistema existe y funciona de un modo siniestro sin necesidad de que lo manejen psicópatas como él. Y eso es algo que se comprueba con pasar solo un rato en cualquier red social, ver los resultados de algunas elecciones, observar como algunas ideas absurdas se vuelven populares durante la pandemia (cada uno elegirá la que prefiera, yo estoy fascinado con la que supone que el COVID es un invento de Bill Gates para instalar microchips en la gente) o informarse sobre ciertos crímenes políticos, como los que sucedieron en la mismísima Polonia poco después del rodaje de esta película. Internet como un agujero negro sin luz aparente al final del túnel.