Estrenos online: crítica de «Crímenes de familia», de Sebastián Schindel (Netflix y Cine.ar)

Estrenos online: crítica de «Crímenes de familia», de Sebastián Schindel (Netflix y Cine.ar)

La película del director de “El patrón” se centra en las complicadas repercusiones de dos casos relacionados con la violencia de género. Cecilia Roth, Miguel Angel Solá y Sofía Gala Castiglione protagonizan este thriller judicial que se estrena en Netflix el jueves 20, en Cine.ar Play el viernes 21. Crítica publicada originalmente en La Agenda de Buenos Aires.

En su manera reposada, adulta y formalmente clásica, “Crímenes de familia” es el tipo de película que intenta llevar el tema de la violencia de género a algunos estratos sociales donde quizás no se lo toma todavía con la gravedad que requiere o no se lo reconoce, al menos públicamente, como algo propio. En ese sentido, funciona como una suerte de reformulación de “La historia oficial” para un tipo de crimen que genera miles de mujeres muertas por año, además de violaciones, abusos sexuales y físicos de todo tipo. A través de una trama que podría enmarcarse dentro del formato de “película de juicios”, el director de “El patrón” pone el ojo en cómo ese tema atraviesa fuertemente sectores sociales que lo ignoran, lo ocultan o hasta se sienten fuera de sus literales garras.

Cecilia Roth encarna a Alicia, una mujer de vida acomodada que vive en la zona de Recoleta con su marido, Ignacio (Miguel Angel Solá), ya jubilado. Apenas la película comienza nos enteramos que el hijo de la pareja, Daniel (Benjamín Amadeo) está en la cárcel por golpear y abusar por enésima vez de su ex esposa, Marcela (Sofía Gala Castiglione), con la que tiene un hijo pequeño y quien le impuso una prohibición de acercamiento que Daniel volvió a romper. Pero Alicia está convencida de la inocencia de Daniel: lo defiende, acusa a su ex cuñada de engañarlo, de acusarlo falsamente, de no dejarles ver al nieto. Pone, sin reparos, todo el peso de la culpa en ella, que es además una chica de menores recursos. Ignacio, en tanto, no parece estar tan seguro que su hijo sea el “santito” que ve su madre. De todos modos, ambos testimoniarán en el juicio que se llevará adelante. Y moverán los hilos para sacarlo de la cárcel… como sea.

Pero ahí no se acaban los problemas que aquejan a la pareja ni ése será el único juicio al que tendrán que asistir. Gladys (Yanina Avila), la mucama que tienen en la casa hace años, está en la cárcel también por un crimen que ella no recuerda (o dice no recordar) haber cometido y que conoceremos más adelante. En un timeline narrativo que, al menos en un principio, es un tanto difícil de dilucidar, la chica también será enjuiciada y Alicia volverá a testificar ya que ese crimen se cometió en su casa, delante de sus narices, y ella se ha vuelto casi una madre sustituta del hijo que tiene Gladys. Estas duras circunstancias, además, tensarán cada vez más la relación entre Alicia y su marido Ignacio.


A través de estas dos historias –estos dos juicios—que involucran situaciones ligadas a violencias de género, “Crímenes de familia” intenta contemplar las complejas ramificaciones de esos casos, especialmente las relacionadas a la influencia y protección que poseen aquellos que tienen mayor poder económico y las que indagan en los durísimos traumas psicológicos que este tipo de violencias tienen en sus víctimas. Si bien la película parece proceder como un thriller de juicio en el que el espectador debe descubrir qué sucedió y quién pudo haber sido el culpable, en realidad funciona de otra manera. No es difícil darse cuenta qué es lo que pudo haber sucedido en ambos casos. Lo que genera suspenso es saber qué hará Alicia cuando se entere, cuando las fichas se le empiecen a caer.

El tercer largo de ficción del director de “El hijo” funciona más que nada como una película de denuncia, poniendo el eje en la muy complicada situación que se presenta cuando caemos en la cuenta que alguien que queremos podría ser capaz de cometer delitos inimaginables. Schindel pone casi todo el peso dramático de la acción en los testimonios de los juicios, al punto de dejar en pantalla buena parte del “ceremonial” de estos eventos, con todos los términos mecánicos y burocráticos que se utilizan allí.

Y por los testimonios pasa buena parte de la historia, tanto los de los involucrados como los de los abogados (Marcelo Subiotto encarna al defensor de Gladys), los psicólogos (Paola Barrientos) y los testigos. Especialmente notable es la diferencia entre el crudo y gráfico testimonio de Marcela (en una escena excelentemente actuada por Gala Castiglione), una mujer golpeada que no está dispuesta a seguir soportando esa violencia de parte de su ex marido (quien niega ser responsable y la acusa a ella de manipularlo) y la imposibilidad de la más humilde Gladys de poner en palabras o hasta entender qué es lo que le ha sucedido.

Como en “La historia oficial”, película en la que una mujer que ignoraba los crímenes cometidos durante la dictadura empezaba a tomar conciencia de lo que sucedía en el país en esos años, “Crímenes de familia” le hace recorrer a Alicia (una compenetrada Cecilia Roth) un similar mapa emocional y geográfico, uno que implica salir de su situación de privilegio, abrirse a una realidad que no solo existe en esos “otros lugares” por lo que ella jamás se movía y reconocer que la violencia está mucho más cerca de lo que imagina.


Versión original de la crítica publicada aquí