Estrenos online: crítica de «Retablo», de Alvaro Delgado Aparicio (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Retablo», de Alvaro Delgado Aparicio (Netflix)

La película peruana premiada en varios festivales internacionales se centra en un adolescente de la zona de Ayacucho cuya vida cambia cuando descubre los secretos que su padre le ha ocultado a su familia.

En los pasados dos, tres años algunas películas peruanas han tenido un importante recorrido internacional, recuperando un espacio para el cine de ese país que se había perdido un poco en los últimos tiempos. Films como WIÑAYPACHA, de Oscar Catacora; CANCION SIN NOMBRE, de Melina León y esta opera prima que estrena Netflix en agosto son tres ejemplos de películas de ese país que han logrado transformar temáticas locales en universales, en general a partir de historias ligadas a las comunidades indígenas de ese país.

RETABLO, que pasó por el Festival de Berlín en 2018 –entre muchos otros, recibiendo decenas de premios– y al año siguiente quedó nominada a los Spirit Awards estadounidenses, propone un acercamiento a la relación entre un padre y su hijo en un pueblo de la zona de Ayacucho. Noé es el que se dedica a hacer los retablos que dan título al filme, un dedicado y complejo trabajo artesanal típico del Perú (y, especialmente, de esa zona) cuyos secretos suelen pasarse de generación en generación. En este caso, el que acompaña a Noé en el aprendizaje de la tarea es Segundo, su hijo, que aparenta tener también talento para el trabajo.

En un film que se dedica, de manera muy precisa, a encuadrar a sus personajes de una manera similar a la que se lo haría en esos retablos (planos largos y muchas veces fijos, con los distintos cuerpos ubicados frontal o lateralmente adentro), se va contando la relación entre el padre, su hijo y su madre, Anatolia, que trabaja en la casa. De entrada nos damos cuenta que Noé es una persona psicológicamente frágil, que bebe de más, tiene crisis de llanto y una evidente angustia. Pronto el hijo se dará cuenta que esconde un secreto complicado en el machista universo en el que viven.


RETABLO es lo que llamaríamos un «coming of age«, una película que narra el proceso de crecimiento y aprendizaje de un adolescente, ese descubrimiento de realidades vedadas hasta entonces cuya aceptación lo transformarán en un adulto. La película –premiada con el Teddy Award en Berlín dedicado a films con temática LGBT– pone en primer plano las dificultades que siguen existiendo en ciertas comunidades para aceptar cualquier otra sexualidad que no sea la hetero tradicional. Cuando el «secreto» empieza a salir a la luz, las consecuencias no solo las sufrirá Noé, sino toda la familia.

La película, hablada casi en su totalidad en quechua, tiene un primer acto, si se quiere, más contemplativo, en el que vemos el trabajo, las enseñanzas (la primera escena es excelente para explicar tanto la lógica del trabajo del retablista como la de la puesta en escena del film) y la buena relación que padre e hijo tienen. Pero de a poco Delgado Aparicio deja entrever algunas de las cosas que están por debajo de la superficie (el «retablo», en la tradición religiosa proveniente del latín, es lo que «está por detrás») y, de a poco, los conflictos van creciendo, en paralelo, en la vida del padre y en la del hijo, que se va enterando no solo cuál es el secreto del padre sino la agresiva y violenta reacción que eso genera en la comunidad.

La película toma de una manera acaso un tanto pintoresca –pero sin exagerar– las costumbres de la comunidad, mostrando varios eventos públicos, algunos festivos y otros crueles, como un azote público a un ladrón. Lo que hace que su exhibición de las costumbres y el colorido de la vida en el pueblo no sean gratuitas está dado porque son esas las costumbres que Noé se dedica a capturar en su propio trabajo artesanal. Y, al verlas, el espectador también es testigo de la variedad y las diferencias entre esos momentos comunitarios: desde gratas celebraciones familiares o eventos festivos a situaciones mucho más violentas y agresivas.

Ese amplio recorrido es el que también traza, con todos sus conflictos y diferencias internas, la familia de Noé (Amiel Cayo), Segundo (Junior Béjar) y Anatolia (la consagrada Magaly Solier): el que va de la unidad y la idea de comunidad al de la fractura, la separación y el aprendizaje. Y el literal viaje de Segundo en el transcurso de esta historia tiene que ver con reconocer que todas esas cosas son parte integral de su vida y de su crecimiento emocional.