Estrenos online: crítica de «El dilema de las redes sociales», de Jeff Orlowski (Netflix)

Estrenos online: crítica de «El dilema de las redes sociales», de Jeff Orlowski (Netflix)

Este documental analiza los abusos y peligros de las redes sociales en relación a la manipulación de datos, información y a los niveles de adicción que generan, con testimonios de ex ejecutivos de las más grandes empresas del ramo. De floja factura, es de todos modos fascinante por la crudeza con la que analiza el tema.

Documentales como EL DILEMA DE LAS REDES SOCIALES presentan, perdón por el obvio juego de palabras, un enorme dilema. Por un lado, es indudable que los temas que trata son fascinantes: actuales, necesarios, inevitables y preocupantes. Por otro lado, no solo es una película que por momentos funciona de la manera más banal y básica posible sino que hasta usa los propios mecanismos manipuladores –en este caso, a través del lenguaje cinematográfico– que se ocupa de criticar.

Se trata, en principio, de dos películas en una. La mejor y más interesante es una colección de entrevistas a un grupo de ex ejecutivos de importantes empresas de internet (hay miembros fundadores y ex jefes de Google, Facebook, Instagram, Twitter, Pinterest, entre otros, además de algunos académicos y especialistas) que han dejado esos lugares de trabajo horrorizados por el uso y las consecuencias de muchas de las ideas y algoritmos que ellos mismos ayudaron a crear. Básicamente, lo que dicen algunos de ellos, es que cualquier intento desde adentro de cambiar las cosas es literalmente imposible.

¿Cuáles son las cosas que más les preocupan? Las que muchos advertimos y nos damos cuenta (hagamos o no algo al respecto), solo que con un mayor grado de conocimiento de causa y visión acerca de sus posibles consecuencias. El uso de las redes sociales genera preocupantes adicciones, crea realidades paralelas, propaga fake news, sus algoritmos solo buscan retener tu atención para venderte productos o ideas no necesariamente chequeadas, sus sistemas de recomendaciones solo logrará conseguir más o más datos tuyos y sus notificaciones te harán más y más adicto al punto de que el futuro que pintan es bastante distópico. Dicho de otro modo, si no se controla o regula en muy poco ya estamos en MATRIX y vamos a un futuro tipo TERMINATOR.


¿Suena exagerado? No, para nada. Es bastante creíble y seguramente real. Lo interesante de los testimonios está en la precisión de muchos de los comentarios, ya que los entrevistados no solo opinan en términos académicos sino que algunos hasta son creadores de los algoritmos que hoy siguen en funcionamiento. Tomando algunos casos puntuales, el documental logra dejar muy en claro cómo funciona esta recolección de datos, estas segmentaciones en nichos y las consecuencias muchas veces nefastas que tienen en el mundo real: depresión, frustración, rotura de lazos familiares, adicción. ¿La principal de todas ellas? El altísimo grado de polarización y el crecimiento de la violencia política que tuvo lugar en la última década y que puede ser claramente conectada a la popularidad de estas redes.

La película podría ser efectiva, si bien no muy original, solo a partir de los testimonios. Pero los directores suponen que la mejor manera de «educar» al espectador para que entienda conceptos que suponen complejos (no lo son) es armar una suerte de ficción ejemplificadora que corra en paralelo a las entrevistas. Así, la película cuenta unos días en la vida de una familia y los problemas que la adicción a las redes sociales les van generando a todos ellos. Como si eso no fuera demasiado infantil, le agregan otra «historia» ficcional en la cual Vincent Kartheiser (MAD MEN) encarna algo así como a un humanizado algoritmo dividido en tres personas distintas que discuten los mejores métodos que se pueden usar para que las distintas personas (de la otra ficción) no abandonen sus redes. ¿Explicativo y didáctico? Probablemente. ¿Malo? No, pésimo.

Si uno pudiera reeditar EL DILEMA DE LAS REDES SOCIALES sacándole todo eso se quedaría con una versión más breve (una hora o menos) y más efectiva. De todos modos, aún en el segmento de entrevistas Orlowski (CHASING CORAL) se topa con otros problemas, unos que autofagocitan lo que la propia película tiene para decir. Comete el mismo «error» que acusa a las redes sociales al solo dar voz a los que tienen una misma opinión sin abrir la discusión a personas que piensan de otra manera, lo cual la hace funcionar de igual manera segmentada y «de nicho» a la que funcionan sus acusadas. Y además de eso, el uso de la música y cierta edición del material la vuelve tan emocionalmente manipuladora como los propios sistemas que critican. Da la impresión que hay un sistema arraigado de presentación de la información (tanto en Google como en Facebook como en este documental) en el que la relación con el consumidor/usuario/espectador no puede ser entendida de otro modo que no sea a través de la manipulación, más allá del objetivo final.

No hay duda que, volviendo al tema central de EL DILEMA DE LAS REDES SOCIALES, lo que se analiza aquí es muy preocupante y uno puede notarlo, sencillamente, con un par de clics. La película logra colar –claramente, a último momento, después de su estreno en el Festival de Sundance en enero– algunas reflexiones sobre las fake news durante la pandemia dejando más que en claro el preocupante rol de los algoritmos de las redes sociales a la hora de diseminar desinformación, con las nefastas consecuencias que todos conocemos. Es la clase de película que obliga a decir frases hechas como que es «de visión necesaria» y cosas por el estilo. Quizás no lo sea, pero no está de más estar atento a las consecuencias y a los intereses que funcionan por detrás de cada «me gusta» que ponemos en una red social.



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