Estrenos online: crítica de «#Vivo», de Cho Il-hyung (Netflix)

Estrenos online: crítica de «#Vivo», de Cho Il-hyung (Netflix)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
07 Sep, 2020 07:30 | comentarios

Mejor y más efectiva que la secuela de «Invasión zombie», esta película coreana se centra en un ataque similar y en un protagonista que debe encerrarse en su casa para combatirlo. Cualquier parecido con la realidad…

Todos los problemas conceptuales –bueno, casi todos– que aparecieron en PENINSULA, la secuela de INVASION ZOMBIE, parecen resueltos mucho mejor en #VIVO, la segunda película coreana de zombies en llegar a los cines o plataformas de streaming con diferencia de semanas. Aquel film tenía el habitual carácter expansivo de toda secuela que lleva a sus creadores a pensar que lo más importante de las segundas partes es que sean más grandes y ambiciosas que la primera, muchas veces perdiendo el sentido y hasta la razón de ser del film original. Cho, seguramente inspirado en el éxito de Yeon Sang-ho, imaginó una historia y un modo de contarla mucho más cercano al espíritu de la película original que lo que fue la secuela. Y el resultado, al menos durante la primera hora de sus 95 minutos, es más que convincente.

Cho pensó que la mejor forma de contar una nueva invasión zombie igual a tantas otras –o, al menos, a tantas otras desde que los zombies aprendieron que no necesitan avanzar lentamente hacia nosotros– era generar un nuevo espacio dramático que sea contenido y limitado en los movimientos cinematográficamente permitidos. Y lo hizo de una manera tradicional pero que funciona muy bien. #VIVO podría definirse como una película de zombies contada al estilo de LA VENTANA INDISCRETA, de Alfred Hitchcock. Esto es, usando casi todo el tiempo la perspectiva de alguien atrapado en su departamento, ubicado en un bloque enorme con varios edificios enfrentados entre sí. Y alguien que no puede salir de ahí porque las calles, los pasillos, los ascensores o cualquier resquicio al aire libre están atestados de hambrientos y agresivos zombies.

El protagonista es Joon-woo, un adolescente bastante slacker que se pasa el día jugando con amigos a videogames online en una plataforma tipo Twitch y tiene un canal propio. Aún antes de los títulos, comienza el desmadre. Se cortan las conexiones, empiezan a funcionar mal los teléfonos y en la televisión solo se alcanza a escuchar algún mensaje ligado a un virus que convierte a las personas en zombies. Tras mirar por la ventana de su departamento y ver el caos que se desata abajo, el blondo muchacho –mucho antes de que las palabras palabras «pandemia» y «cuarentena» estén en boca de todos– decide auto-aislarse.


Pero no es tan sencillo. Su familia no está y no puede comunicarse con ellos. La comida y el agua empiezan a escasear. Los zombies circulan por la puerta de su casa y debe hacer el menor ruido posible. Y cuando alguien logra atravesar la puerta pidiendo refugio no está de más dudar de sus intenciones. Para Joon-woo la situación se va volviendo cada vez más complicada con el paso de los días, en los que graba mensajes de auxilio que no sabe si logran ser enviados o no, tiene delirios con encuentros familiares y hasta empieza a pensar en el suicidio. La película se hizo antes del Covid-19, pero las metáforas están ahí si quieren tomarlas.

ALERTA: ZONA DE POSIBLES SPOILERS

Justo cuando está a punto de acabar con todo, recibe la primera señal de que no es la única persona viva en el complejo de edificios, ya que en el de enfrente hay una chica en similar situación a la suya aunque un poco mejor equipada, al menos en lo que se refiere a comida. Y es así como Joon-woo y Yoo-bin empiezan a conectar, a hablar vía walkie-talkies, a pasarse comida a través de sogas y a pensar qué es lo que pueden hacer en una situación que parece irresoluble. Saben que apenas pongan un pie afuera de sus departamentos será muy difícil traspasar la dura línea de batalla que presentan los zombies.

Hasta ahí estamos ante una gran película, una excelente idea muy bien ejecutada que logra mantener la tensión y el suspenso con muy pocos recursos y utilizando solo un personaje que luego pasan a ser dos. Pero #VIVO tiene que encontrar la manera de resolver –o intentar resolver– la situación en la que están metidos nuestros dos sobrevivientes y allí a Cho se le agotan las ideas. No vale la pena contar mucho más pero digamos que el tercer acto que involucra tratar de zafar de la situación está lleno de problemas. No sólo de credibilidad y plausibilidad (aún dentro de los parámetros flexibles de este tipo de película) sino de lógica espacial y contexto.

FIN DE ZONA DE SPOILERS

Lo que la película mantenía bajo estricto control formal (si bien no es cien por ciento riguroso a lo Hitchcock, Cho es muy respetuoso de los puntos de vista posibles para contar la historia), en la última media hora desaparece. Es como que allí empezara otra película, una de acción y suspenso más tradicional, que está resuelta de una manera bastante torpe. Hay solo una escena dentro de esa última parte (ya verán cuál es) que regresa al concepto más íntimo y tenso de la primera hora, pero por lo demás ya estamos en un territorio mucho más convencional y, además, ni siquiera formalmente efectivo. Ahí sí se notan claramente las limitaciones de presupuesto y la película pierde en comparación con las de mejor factura.

Es una pena porque #VIVO tiene una hora realmente muy buena, craneada por alguien que, seguramente inspirado en INVASION ZOMBIE, entendió claramente que cuando se limitan los espacios de movimiento de los personajes la tensión puede crecer mucho más que si el espacio físico se vuelve maleable. Es, pese a su derrape del final, una película de todos modos valiosa, especialmente para los que siempre queremos encontrar en el cine de género ideas que planteen desafíos formales y narrativos para los directores. Sí, hay zombies, pero están afuera y funcionan más como amenaza que otra cosa. No es tanto el enfrentamiento físico –que lo hay, de todos modos– como la sensación de enfrentarse a un enemigo cruel que ataca a sus víctimas salvajemente y que nos obliga a cuidarnos, a escondernos, a protegernos y, en la medida de lo posible, quedarnos solos en nuestras casas. Cualquier conexión con la realidad que nos circunda es pura coincidencia.