Festivales: crítica de «Verano del 85», de François Ozon (Toronto/San Sebastián)

Festivales: crítica de «Verano del 85», de François Ozon (Toronto/San Sebastián)

por - cine, Críticas, Festivales
13 Sep, 2020 11:24 | Sin comentarios

La nueva película del realizador francés mezcla romance, comedia y policial para contar la historia de amor de una pareja de adolescentes que termina complicándose. Un film menor, amable y un tanto intrascendente.

Combinando melodrama y policial, comedia y suspenso, historia de amor y tragedia, el director francés lleva a la pantalla su adaptación, escrita por él mismo a mediados de los años ’90, de la novela de 1982 «Dance on My Grave«, del británico Alan Chambers. No solo cambia la fecha de los sucesos a 1985 sino que mueve la historia a Francia para hacer otro de esos ejercicios formales que se han vuelto una costumbre en el realizador, ya que combina historia y narración, poniendo al propio procedimiento de escritura del texto en el centro de la trama.

La película –que se pasa en Toronto dos meses después de su estreno en los cines franceses y en breve competirá en San Sebastián– transcurre en una ciudad vacacional de la costa de Normandía. Tras un flash-forward inicial que adelanta el carácter policial aparentemente severo que tendrá lo que veremos, rápidamente Ozon nos pone en medio de la playa mientras suena «In Between Days», de The Cure. Es allí que conocemos a nuestro protagonista, Alexis (Félix Lefebvre), un rubiecito con look a lo Simon Le Bon (el cantante de Duran Duran) al que se le da vuelta su pequeña lancha en el mar y, cuando está desesperado en medio de las olas, es literalmente «salvado de las aguas» por David (Benjamin Voisin), que lo ayuda a recuperar la lancha y a volver sano y salvo a la costa.

Pero acaso eso no sea lo más importante que hace David. El seductor muchacho, de 18 años y un poco más maduro que Alex, de 16, pronto se convierte en su compinche y eventual amante, en un romance que arranca de manera tímida pero rápidamente se vuelve importante, al menos en la cabeza de Alex, que es el que narra la historia. Es que, en paralelo a lo que vemos, Ozon nos lo muestra al chico un tiempo después, tratando de escribir un resumen de lo que sucedió para poder ayudar en la investigación de un caso policial que no sabemos cómo se desarrolló.


VERANO DEL 85 se centrará en la relación amorosa entre los dos jóvenes, que crecerá rápidamente al punto que ambos terminarán haciendo una suerte de pacto de sangre relacionado con el título de la novela original. La historia entre ambos se completa con una simpática Valeria Bruno-Tedeschi como la madre de David, quien contrata a Alex –a pedido de su hijo– para trabajar en su negocio náutico. Pero el romance se complica porque David es lanzado y aventurero mientras que Alex es un poco más enamoradizo y tímido. Y apenas surjan las primeras desaveniencias, la situación pasará rápidamente de lo romántico a lo peligroso.

Ozon mantiene un tono curioso a lo largo del film al que solo se podría definir como tragicómico. Es que suceden hechos graves y densos pero el tono del relato siempre es entre liviano y absurdo, con situaciones realmente dramáticas contadas de una forma que roza lo gracioso. Y, si bien es un tono buscado, no estoy muy convencido de que sea el mejor para el film. No por la liviandad en sí, sino porque la pena y la angustia que aparecen cuando suceden ciertos hechos trágicos se desvanecen en el aire al ser tratadas así, generando que lo doloroso por momentos se vuelva un tanto ridículo. O quizás apueste por una cercanía al camp que no parece estar del todo lograda.

El del policial light con condimentos románticos y sensuales es un tono que Ozon maneja habitualmente más o menos bien. Y el de ÉTÉ 85 se parece un poco al de sus primeros films o al de EN LA CASA u otras adaptaciones de best sellers policiales, a los que el realizador aplica cierta mirada pícara y autoconsciente, con un guiño casi chabroliano a los acontecimientos. Pero, si bien se trata de su decimonoveno largometraje en apenas 22 años, da la impresión que no siempre tiene demasiado ajustados los resortes de esa fórmula como para que el espectador se sienta del todo seguro en sus manos, como podrían haberlo estarlo décadas atrás con un thriller de esos menores que a veces hacía Alfred Hitchcock.

Quizás sea el guión lo que no termine por atrapar del todo ya que da la impresión que Ozon jamás aprovecha la potencialidad de la historia y de los personajes optando por un jueguito narrativo irónico y una tram(p)a policial que, al final, resulta bastante intrascendente. Y cuando la película parece querer cobrar algún verdadero sentido dramático, ya no importa demasiado. Las revelaciones terminan siendo menores y poco importantes, como el propio film, un entretenimiento simpático pero menos audaz de lo que cree ser.