Estrenos online/Festivales: crítica de «Possessor», de Brandon Cronenberg (Sitges)

Estrenos online/Festivales: crítica de «Possessor», de Brandon Cronenberg (Sitges)

La segunda película del hijo de David Cronenberg, que se estrenó el viernes 2 en Estados Unidos, es un thriller psicológico con elementos de terror acerca de una asesina a sueldo virtual, que mata gente usando cuerpos de otros. Andrea Riseborough, Christopher Abbott y Jennifer Jason Leigh protagonizan este muy buen film con obvios puntos de contacto con el cine del creador de «Videodrome».


La frase «de tal padre, tal hijo» parece armada para circunstancias como estas. POSSESSOR, el segundo largometraje de Brandon Cronenberg, hijo de David Cronenberg, tiene muchísimos puntos en común con el cine de su padre. Temáticamente, sin dudas. Y estilísticamente también, aunque quizás un tanto menos. Viendo este thriller violento sobre identidades cambiadas y virtuales, y de físicamente dolorosas «transfusiones cerebrales», uno no puede dejar de pensar en películas como SCANNERS, VIDEODROME, EXISTENZ o hasta LA MOSCA, en las que David exploraba cuestiones similares a través de una atmósfera áspera, extrañada y sí, cerebral.

Acá el «Pequeño Cronenberg» nos introduce en una trama centrada en una mujer cuyo trabajo consiste en, mediante una moderna tecnología, insertarse en la mente de otras personas y usarlas para los propósitos de la empresa para la que trabaja. Y los propósitos son, más que nada, criminales. Tasya Vos (Andrea Riseborough) es, en ese sentido, una asesina a sueldo virtual. Recostada en una cama, con su cabeza enchufada a un extraño aparato, logra mentalmente ocupar el cuerpo de sus receptores y usarlos para sus objetivos.

Tasya lleva mucho tiempo haciendo este trabajo y está empezando a sufrir algunos inesperados daños colaterales, especialmente un estado de confusión y mareo que hacen dudar a todos –especialmente a su jefa, interpretada por Jennifer Jason Leigh– acerca de su posibilidad de seguir cumpliendo sus funciones. Un dato clave de sus complicaciones se notan en el primer caso, que abre la película mostrándola (no a ella directamente, sino a la mujer que «posee») asesinar a un hombre. Para regresar a su cuerpo y a la vez cerrar el caso policial, Tasya debe «suicidarse» –algo así como matar a su host–, pero le cuesta trabajo hacerlo y eso puede convertirse en un gran problema.


La misión central de la película la tendrá ingresando al cuerpo de Colin (Christopher Abbott), el marido de la hija de un poderoso empresario, con la intención de asesinarlos a los dos. Eso consiste en preparar el terreno (Tasya tiene que conocerlo, estudiarlo e imitarlo) y luego, una vez dentro de su cuerpo, manejarse como si fuera él sin despertar sospechas. Pero esos serán, apenas, los primeros problemas con los que debe enfrentarse. Luego vendrán otros, ya que Tasya parece no tener ya la misma efectividad de antes sino que, además, el propio Colin prueba ser un poco más resistente y complicado de conducir que anteriores «poseídos». Y ni hablar de las cuestiones que despierta el cambio de sexo.

Durante la primera mitad de POSSESSOR, Cronenberg parece más interesado en mostrar el complejo funcionamiento de este sistema, pero de entrada la película va dejando en claro que sus temas no pasan necesariamente por el costado thriller del asunto, que son una excusa narrativa para trabajarlos. Por un lado, están los toques de inusual y brutal violencia. La cámara es más que descarnada a la hora de mostrar la manera de matar (y matarse y volver a su cuerpo) de Tasya, con planos detalle de cuchillazos sangrientos y perforaciones varias que enorgullecerían a David. Y, por otro, el drama y la literal destrucción psicológica de la protagonista y su poseído en una batalla por el control de su mente.

POSSESSOR, entonces, se verá algo así como «poseída» por el espíritu de Cronenberg padre y uno hasta podría bromear con las similitudes entre lo que plantea la trama y lo que parece estar pasando detrás de cámara (algo así como un «¿Quién controlará la mente de Brandon?«) Eso será algo que deberán resolver padre e hijo con ayuda (o no) de algún terapeuta, pero lo cierto es que la película logra transformar ese conflicto de una manera tan inteligente como brutal. Se trata de un drama psicológico, un thriller y una película de terror/ciencia ficción funcionando al mismo tiempo. Y si bien en su tercer acto el film entrará en una espiral cada vez más enigmática y extrañada que descolocará a algunos espectadores, todo es absolutamente consistente con las ideas que trabaja desde el principio.

En algún punto, POSSESSOR es una exploración psicológica acerca de Taysa –una mujer que, además, acaba de separarse de su marido con el que tiene un hijo– a la que muchas veces «vemos» en la piel de Colin. Es la historia de una mujer que no sabe muy bien ya quien es y que, estando en el cuerpo de un hombre que parece resistirse a su presencia, entra en una crisis aún más profunda. Un comentario sobre temas de género (hay un par de inquietantes momentos en las que Taysa investiga su nuevo físico, además de varias escenas de sexo) y sobre las extrañas maneras en las que la mente y el cuerpo se relacionan entre sí, la película siempre juega desde lo estético con recursos visuales y auditivos muchas veces shockeantes, de esos que obligan a taparse los ojos más de una vez. Pero más que eso, es el clima perturbado y angustiante (uno que bebe de la obra del padre, sí, pero también del giallo de los ’70) el que trasciende a cada momento, haciendo de POSSESSOR una película más que recomendable.