Estrenos online: crítica de «Su casa», de Remi Weekes (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Su casa», de Remi Weekes (Netflix)

Esta opera prima británica se centra en una pareja de refugiados africanos que llega a Londres y la ubican en una casa destrozada en la que empiezan a pasar cosas extrañas y tenebrosas. Una inquietante mezcla de realismo social y película de terror.

No es nada nuevo dentro del género del terror, pero en los últimos años se ha visto una mayor conexión de películas de contexto realista y social con nociones más puras y duras del horror cinematográfico. Algunos gustan llamar a este estilo «folk horror» y quizás esa definición tenga su lógica. Yo prefiero conectarla en realidad a una nueva forma de trabajar temáticas sociales como la inmigración en el marco del choque cultural entre las sociedades más «racionalistas» y las que conviven más directamente con los mitos y las leyendas. Si bien es un territorio complicado si uno se mete a analizarlo políticamente –la idea de que los inmigrantes del Tercer Mundo están conectados a nociones primitivas y fantasmales del funcionamiento del mundo, por más que se lo pinte de un modo «noble» no deja de ser un tanto condescendiente–, hay muchas películas recientes que exploran esos choques.

SU CASA –un título muy poco atractivo comercialmente y hasta bastante malo aun considerando la trama– juega con ese choque de culturas y sensibilidades de una manera similar, en algunos puntos, a ZOMBI CHILD, de Bertrand Bonello o ATLANTIQUES, de Mati Diop. Pero lo hace con un acercamiento más clásico al cine de género. Al principio, uno cree que se equivocó de película y puso en su lugar un drama social sobre refugiados. La película comienza mostrando los sacrificios de una pareja de Sudán del Sur para llegar hasta Londres y, una vez ubicados allí en un centro de recogida, tratar de conseguir el permiso para entrar al país. Finalmente lo consiguen, pero es provisorio. Serán enviados a una casa, con un dinero fijo, no pueden trabajar ni dejar de cumplir sus obligaciones. Están, dicho de otro modo, en libertad condicional.

Cuando son llevados a la casa elegida para ellos descubren allí tres cosas. La primera, que es llamativamente grande para los parámetros de estas viviendas sociales. La segunda, que está destrozada por fuera y por dentro, con un olor horrible, basura, moscas, agujeros en las paredes, objetos tirados y abandonados adentro y afuera. Y la tercera es que parecen escucharse ruidos extraños entre las paredes. ¿Serán los visiblemente racistas vecinos tratando de asustarlos para deshacerse de ellos? ¿Alucinaciones de la pareja a partir de sus experiencias previas? ¿O realmente algo fantasmagórico que existe allí?


Durante su primera hora, SU CASA logra mantener muy bien el suspenso y la mezcla de drama social y película de terror. La sensación de esta pareja africana que habla muy poco inglés (y muy acentuado), viste raro para los parámetros del lugar (aún otros descendientes de africanos se burlan de ellos) y desconoce los ritos del lugar es, de por sí, incómoda. Y esos ruidos y sombras raras que ven en la casa parecen funcionar casi como «visibilización» de esa rareza. Quizás la casa los está echando o su tierra los está llamando. O quizás haya algo más de por medio.

Hasta que la película –en su media hora final– clarifica de una manera un tanto esquemática lo que les está sucediendo, SU CASA funciona muy bien. Bol (Sope Dirisu) y Rial (Wunmi Mosaku) tienen puntos de vista distintos para entender lo que les está pasando. Bol trata de encontrarle un sentido y así se lo explica al hombre de Migraciones (Matt Smith) que va a revisar la casa y la encuentra aún más destrozada que cuando los dejó. «Es que hay ratas gigantes», le dice Bol para explicarle los agujeros en las paredes. Ella, en cambio, parece más predispuesta a decir lo que realmente cree que les pasa (la versión más espiritista del asunto, que involucra cosas sucedidas en su país y en el viaje) aún a sabiendas que eso puede hacer que los pongan de regreso a Africa. Quizás, a esa altura del asunto, Rial esté prefiriendo volver.

El film de Weekes, inteligentemente, problematiza la experiencia migratoria desde un lugar alejado al del realismo inglés. Una vez que aparecen extrañas criaturas amenazantes ya no queda nada de película de Ken Loach aquí. Pero esa perspectiva le da a la historia un giro rico, interesante de analizar. Más allá de lo específico de lo que le está sucediendo a la pareja, cualquier emigrante puede sentirse rodeado de «fantasmas» apenas arriba a otro país. Lo que Bol y Rial han naturalizado, lo que tienen como historia de vida, es lo que los acompaña psicológicamente, en especial cuando lo que dejaron fue doloroso y truculento. El nuevo escenario puede resultar atractivo como liberación pero la adaptación nunca es nada fácil.

Weekes maneja bien el universo de terror más puro, con misterios, criaturas, efectos especiales y escenas de impacto bien logradas. Es cierto que cuando la película ya entra en plan full horror las cosas se vuelven un tanto más mecánicas y previsibles, con los shocks esperables del caso. Pero aún así SU CASA funciona bastante bien como un retrato de la experiencia migratoria y de los fantasmas del pasado que nos acompañan donde quiera que nos vayamos.