Estrenos online: crítica de «The House», de Andrew Jay Cohen (Netflix)

Estrenos online: crítica de «The House», de Andrew Jay Cohen (Netflix)

Esta fallida comedia desperdicia los talentos de Will Ferrell y Amy Poehler en la historia de un matrimonio que monta un casino clandestino para pagarle la universidad a su hija.

Todo concluye al fin», dice la letra de una famosa canción de rock argentino. Y alguna vez tenía que pasar. Yo tenía la teoría (el axioma, casi) de que no podía haber películas malas con Will Ferrell. Que hay excelentes, muy buenas y buenas. Y aún las que son fallidas, al tenerlo de protagonista o hasta de actor de reparto, se aseguraban momentos de brillantez que les evitaba caer en el pozo ciego de las malas comedias. En THE HOUSE/OPERACION CASINO hay algún que otro momento así. Pero es muy poco y no alcanza. Y si encima se tiene en cuenta que actúa junto a Amy Poehler –otra con un alto promedio de éxitos– hay que decir que la opera prima del guionista de BUENOS VECINOS es un fracaso hecho y derecho. No llama la atención, de hecho, que no haya tenido éxito en Estados Unidos ni se haya estrenado en muchos otros países.

En sus primeros quince, veinte minutos, sin embargo, la película promete. Ferrell y Poehler encarnan a Scott y Kate Johansen, los amables y un tanto pesados (¿cuadrados?) padres de Alex (Ryan Simpkins), una adolescente que acaba de terminar la secundaria y espera ser aceptada en una prestigiosa universidad. Los tres tienen una buena relación, a la antigua casi, y a ella les gusta pasar tiempo con ellos viendo juntos episodios de THE WALKING DEAD. Y cuando la chica recibe la esperada carta de aceptación todos festejan. Pero pronto se dan cuenta que hay un problema. Los Johansen esperaban mandarla a la facultad gracias a una beca que les daba la ciudad en la que viven. Pero por motivos presupuestarios la ciudad le cancela la entrega de ese dinero y se dan cuenta que no les alcanza para pagar la matrícula. ¿Qué harán?

A partir de una propuesta de un amigo de ellos, jugador empedernido, no tienen mejor idea que armar un casino clandestino en la casa del tipo, recientemente separado y con ideas muy disparatadas. Y el negocio pronto adquiere dimensiones inmensas pero no necesariamente las esperadas. Si bien todo el pueblo va a jugar allí, los malos manejos económicos, pésimas decisiones de todo tipo y la presencia de una suerte de mafia local complica la posibilidad de los Johansen de hacerse del dinero que querían para su hija. De hecho, los convierte en una cosa muy distinta a lo que eran antes.


Pero el humor entre cándido y absurdo que la película parecía manejar al principio rápidamente se descontrola hacia una especie de vale todo en el que nada causa demasiada gracia. Bueno, sí, algunos momentos particulares ligados a salidas humorísticas de Poehler, que redescubre la marihuana con resultados bizarros, o Ferrell, cuya mayor gracia es su absurdamente problemática relación con las matemáticas. Pero esas escenas no son suficientes –ni lo suficientemente graciosas– como para sostener la muy tenue estructura de esta mediocre comedia.

Da la impresión que Cohen intenta retomar la estructura de BUENOS VECINOS, convirtiendo a estos padres timoratos y bonachones en dos tipos más seguros de sí mismos al transformarlos, por la fuerza, en «capos» del juego capaces de andar con armas, maltratar a ladrones y enfrentar a mafiosos. Pero lo que podría ser gracioso en los papeles (el típico rol de Ferrell en plan inocentón desatado, digamos) casi nunca es efectivo aquí. Ni siquiera el buen elenco que los rodea (Nick Kroll, Jason Mantzoukas, Allison Tolman, Michaela Watkins y hasta Jeremy Renner) alcanza para que la película genere las risas que seguramente esperaban sus creadores al juntar a todo este equipo.