Festival de Mar del Plata 2020: crítica de «Moving On», de Yoon Dan-bi

Festival de Mar del Plata 2020: crítica de «Moving On», de Yoon Dan-bi

por - cine, Críticas, Festivales
19 Nov, 2020 04:50 | 1 comentario

Este drama familiar coreano se centra en un padre y sus dos hijos que se quedan sin hogar y deben irse a vivir a la casa del bastante anciano abuelo. En la Competencia Internacional del festival marplatense.

Los dramas familiares son, por decirlo de algún modo, la dieta diaria más consistente del cine asiático. Seguramente han tenido más éxito y difusión las películas de acción, suspenso o de artes marciales, pero sin este «alimento» el cine de países como China, Japón, Taiwán y Corea no sería lo que hoy es. El film coreano MOVING ON es un agregado más que digno a esa gran tradición que tiene cultores célebres que van desde Yasujiro Ozu a Hirokazu Kore-eda. El cine coreano, por lo general, tiende a incorporar los dramas familiares dentro de estructuras narrativas un poco más complejas y ambiciosas (se podría decir que PARASITOS es un drama familiar, sin ir más lejos, o ESTACION ZOMBIE), pero el tema sigue estando ahí y es claramente central a esa cultura.

Digo esto porque uno, al empezar a ver MOVING ON, podría tener la sensación de estar ante una película japonesa. De no ser por ciertos datos (el idioma, para empezar, si es que uno lo sabe o al menos reconoce sus diferencias; o las casas) todo se siente como un relato a lo Kore-eda. El film premiado en el Festival de Busan 2019 –pasó luego por Rotterdam y San Sebastián, entre otros– cuenta la historia de la adolescente Ok-joo y su familia. La historia comienza cuando ella y su pequeño hermano Dong-joo deben mudarse de su casa con su padre e irse a vivir a lo de su abuelo. Es que su papá se ha quedado sin dinero y su esposa los ha abandonado, por lo que no les queda otra opción que recalar en el hogar del anciano, que es mucho más grande que el que tenían.

El problema es que el abuelo está realmente muy mayor y no es fácil la adaptación. Especialmente para Ok-joo, que no se lleva del todo bien los cambios que se han dado en su vida últimamente. El pequeño, por su parte, parece adaptarse más fácilmente a su nuevo ambiente. Al grupo se le suma, al principio parcialmente pero luego con una presencia cada vez más relevante, la tía de los niños que tiene sus propios problemas personales y que empieza a sentirse necesaria para ayudar a su padre y a su hermano con la vida cotidiana. Para Ok-joo es, también, una presencia reconfortante.


MOVING ON avanza de manera calma –por momentos demasiado, la película podría funcionar mejor con diez, quince minutos menos– a través de esa readaptación familiar que se volverá a tensar cuando la salud del silencioso abuelo empiece a desmejorar rápidamente, poniendo a toda la familia en alerta. Uno de los puntos más interesantes de la película de Yoon es su decisión de no transformar al abuelo en una figura cálida, mítica o especialmente recordable. Es un señor muy mayor y silencioso cuyo pasado más activo apenas puede entreverse en breves momentos. Algo parecido sucede con el padre y la tía: son seres cálidos y amables pero parecen más preocupados por el dinero –es evidente que no les ha ido bien en ese tema– que por otra cosa.

La película tendrá algunos otros ejes –la tensión generada por la madre ausente, las sospechas de la niña de que su padre quiere vender la casa de su abuelo a sus espaldas, un amigo que la chica tiene en la escuela, entre otros detalles– dejando en claro que, a la par de un drama familiar sobre tres generaciones, MOVING ON en el fondo es más que nada un sensible relato de crecimiento (coming of age) sobre una adolescente que se ve obligada a crecer de golpe cuando una serie de situaciones la obligan a tener que lidiar con la más dura y cruda realidad.


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