Festival de Mar del Plata 2020: crítica de «Shiva Baby», de Emma Seligman

Festival de Mar del Plata 2020: crítica de «Shiva Baby», de Emma Seligman

Esta comedia farsesca se desarrolla en un velorio de la colectividad judía de Nueva York en el que una chica universitaria se topa, por sorpresa, con una ex novia y con un amante.

Oy vey. ¿Por donde empezar con esta película? Imaginemos una obra de teatro de la colectividad judía que transcurre en la década del ’50 o ’60 (pre- Woody Allen o Mel Brooks) y traigámosla al presente, con algunos de los cambios culturales que tuvieron lugar en estas décadas y un toque de espíritu indie. A eso pongámosle, detrás de cámaras, a una cineasta que sabe que lo que tiene entre manos tiene mucho de farsa teatral a la antigua y decide entonces narrar su historia con planos ajustadísimos y con una música de película de suspenso, hasta terror. Algo nuevo y algo prestado. Falta algo usado y algo azul y tenemos un evento completo.

El tema es que SHIVA BABY, como su título lo indica, no tiene lugar en una boda sino en uno de esos eventos posteriores a un entierro, caros a cierta tradición judía. En el corazón de la colectividad que habita en los suburbios de Nueva York, varias familias se juntan para despedir a alguien que nadie recuerda muy bien quién fue. Pero hay que estar ahí y llevar algo de comida. Eso dicta la tradición. Danielle (la debutante Rachel Sennott), la hija de Debbie y Joel, está ahí por compromiso familiar y es una situación que la angustia y estresa. Más que nada porque no tiene trabajo fijo y lo que está estudiando («Gender Studies») no es del todo bien visto por sus padres ya que no tiene una clara salida laboral. Y sus padres no hacen más que decírselo en voz alta a todos los que se le cruzan por adelante. Tíos, primos, parientes desconocidos y cualquiera que los escuche.

Hay cosas que sus padres no saben y otras que sospechan. Y ambas, caray, se hacen presentes en el evento en cuestión. Maya (Molly Gordon), una amiga de la infancia, se aparece ahí para acrecentar los nervios de todos. Es que Danielle tuvo con ella un romance que está ahora en una situación no del todo clara. Mamá Debbie (una simpática Polly Draper) lo sabe y le dice a Danielle que ni se acerque a ella, que ya es hora de «superar esa etapa de experimentación». Papá Joel (Fred Melamed, en un personaje y caracterización muy old school), en tanto, está perdido en su propio universo de padre desorientado, de esos que hacen los comentarios más incómodos a las personas menos indicadas.


Pero Maya no es el principal problema de Danielle. Para confirmar que están presentes todos los recursos de una farsa también llega allí Max (Danny Deferrari), un amigo de la familia a quien vimos, en la primera escena del film, teniendo sexo con Danielle. ¿Es su pareja? ¿Su amante? No, ninguna de las dos cosas. El tipo es una especie de sugar daddy que le hace regalos y le da dinero para ayudarla con sus estudios como «compensación» por sus servicios. La cosa se complica aún más porque el tal Max llega al velorio acompañado por su rubia, bella y muy goy esposa y su bonito aunque muy llorón bebé.

Y eso es lo que verán aquí, amigos. Una comedia a la antigua con temas nuevos. Enredos, confusiones, caídas. Un celular que se pierde, comida que se cae, café que se vuelca. Secretos en un cuarto, besos en otro, chimentos en el living. Y una Danielle desencajada que se complica más y más mientras trata de salir de sus problemas tomando siempre las peores decisiones posibles y más alcohol que el que su cuerpo puede tolerar. Convengamos, es cierto, que ni sus padres, ni Max, ni Maya la ayudan demasiado a llevar la jornada con dignidad. Pero el caos que viven es propio de un ESPERANDO A LA CARROZA judaico con el volumen subido a once. Si pasaron alguna vez por eso (yo lo he hecho), les recomiendo que lo vean de afuera. Créanme.

¿Es una buena película SHIVA BABY? No estoy muy convencido. Creo que, si no fuera por los temas actuales que trabaja y algunas decisiones formales de Seligman, estaríamos hablando de una comedia retro en plan vaudeville que atrasa muchos años. Pero la directora es inteligente y sabe que tiene que hacer lo posible por sacar a su comedia de ese vetusto rincón. Entonces transforma toda la velada en un terrorífico thriller hitchcockiano en el que la música y los ángulos de cámara parecen más propios de PSICOSIS que de una comedia de Neil Simon. Y esa decisión sirve para darle a la película una vivacidad y una tensión que de otro modo quizás no tendría.

No creo que sea suficiente, de todos modos. El guión recurre a tantos pero tantos clichés que por momentos la película parece un sketch satírico como los de Saturday Night Live. Simpático, por un rato, pero no durante casi una hora y media plagada de tías desconocidas que preguntan por tu vida amorosa, de padres que te avergüenzan adelante de todos mientras alaban a las hijas de los demás o de amantes que no nunca escucharon hablar de palabras como discreción o disimulo. Entretenida y olvidable, sirve por lo menos para balancear estilos dentro de la programación de un festival que tiene más la mirada puesta en un tipo de cine de autor más complejo y desafiante. SHIVA BABY es cualquier cosa menos eso. Es una película para ver con papá, mamá, los tíos y también con la suegra que es buena onda y seguro se engancha…


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