Festival de Mar del Plata 2020: crítica de «Sophie Jones», de Jessie Barr

Festival de Mar del Plata 2020: crítica de «Sophie Jones», de Jessie Barr

Este relato de crecimiento se centra en una adolescente de 16 años que lidia de una manera muy particular con la reciente muerte de su madre, alienando a casi todos a su alrededor.

Honestidad no le falta a SOPHIE JONES. Está claro, de todos modos, que la honestidad no siempre es agradable ni cómoda. Sophie, la protagonista de este «coming of age», es una adolescente de 16 años con las neuras, indecisiones, caprichos y curiosidad de cualquier chica de su edad. Solo que, en su caso, hace muy poco tiempo ha muerto su madre por lo que, aunque intente negarlo, es evidente que no está pasando por su mejor momento emocional. Y eso le da, al menos para sí misma, una sensación de extraña libertad, de impunidad que se choca con la desesperación.

Quizás amparada en su sufrimiento, Sophie Jones (Jessica Barr, prima de la realizadora) actúa de una manera caprichosa y, hay que decirlo, se comporta de un modo que roza lo insoportable. Los amigos pueden tolerar sus cambiantes estado de ánimo y de decisiones pero, en un punto, aún los más comprensivos prefieren tomar distancia. Sophie, que está terminando la escuela secundaria, parece haber decidido que es tiempo de experimentar sexualmente, de probar cosas que no ha probado hasta el momento. Y se lanza a la aventura.

Y es así que, entre la curiosidad y el descontrol, el miedo y el capricho, la chica se mete en problemas con distintos chicos de la escuela: buscándolos, conquistándolos, confundiéndolos, rechazándolos, dejándolos de lado y volviendo a empezar todo otra vez. Pero no se trata de un acto consciente ligado a tomar las riendas de su vida y decidir ella sin esperar a que lo hagan los demás. No hay un gesto feminista en sus actos, al menos no uno pensado. Es más bien uno de confusión y desesperación, hasta de intentar lastimar y dañar para devolver el daño recibido a quien se cruce por adelante suyo.


SOPHIE JONES es un muy buen retrato adolescente que precisa que el espectador tenga una tolerancia alta para los comportamientos de la protagonista. Es la clase de personaje que todos intentan comprender y justificar por aquello de que «la está pasando mal», pero aún tomando en cuenta esos parámetros los amigos tienen un límite. Y quizás los espectadores también. No se trata de una chica necesariamente agresiva (quizás lo sea un poco cuando su padre le presenta una nueva pareja y en alguna situación específica) sino una irritante, inconstante, frustrada y frustrante, que busca lo que todos sabemos jamás encontrará por esa vía.

Como buena parte del cine ultraindependiente norteamericano, SOPHIE JONES está filmada, escrita y actuada de una manera muy naturalista y creíble, logrando dar la impresión de que estamos ante personas reales y no ante personajes con líneas dramáticas claras y definidas. Sophie no es una chica que sepa ahondar demasiado en sus emociones ni es capaz de expresarse verbalmente de una manera demasiado elocuente, por lo que buena parte de la evolución de su personaje pasa por sus actos. Y su viaje personal, de alguna manera, recién comienza cuando la película termina.


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