Series: crítica de «Carmel: ¿Quién mató a María Marta?», de Vanessa Ragone y Alejandro Hartmann (Netflix)

Series: crítica de «Carmel: ¿Quién mató a María Marta?», de Vanessa Ragone y Alejandro Hartmann (Netflix)

Esta miniserie documental del género «true crime» es un muy efectivo y por momentos apasionante relato de un crimen que intrigó a los argentinos durante la década del 2000.

El caso de María Marta García Belsunce ocupó la atención de muchos argentinos durante años, hasta décadas. Como bien se lo explica en esta efectiva y por momentos apasionante serie documental que estrenó Netflix, el crimen fue tapa de los medios durante meses, ocupó horas y horas de programas de televisión, se sacaron decenas de libros tratando de descifrar sus enigmas y muchos subproductos más, incluyendo a este mismo documental. Dieciocho años después, el caso continúa generando más intrigas que certezas, más asuntos irresueltos que conclusiones claras.

Para quien no siguió demasiado de cerca el crimen –como es mi caso, admito que mi conocimiento previo no superaba las palabras «country», «Carrascosa» y «pituto»–, CARMEL: ¿QUIEN MATO A MARIA MARTA? resulta un producto sumamente intrigante y por momentos revelador. Quizás no lo sea tanto para los que conocen el tema de memoria, pero más allá de los detalles que seguramente los especialistas discutirán (como sucedió con el documental sobre el caso Nisman), el relato coordinado por Ragone y dirigido por Hartmann funciona muy bien como una mirada panorámica a un caso que ha despertado pasiones encontradas y que se lo puede encarar desde muchos lugares.

La serie intenta cubrir muchos de ellos. Están los que se engancharon con el caso porque permitía una ventana a la vida de los ricos y poderosos, especialmente en una época en la que el país atravesaba una fuertísima crisis económica y política. Están los que lo ven con fascinación literaria/cinematográfica por el costado Agatha Christie del asunto (un crimen en un espacio cerrado con un límite específico de actores posibles) con todas sus intrigas y posibilidades. Y están los más interesados en las cuestiones específicas de la trama: ¿quién? ¿cómo? ¿por qué?


No haré un resumen del caso porque es imposible y para eso está también la serie, pero para los no iniciados diré solo que María Marta fue encontrada muerta (o al borde de la muerte, depende quién lo diga) en el baño de su lujosa casa en el country club Carmel de Pilar. El que la encontró (o el que la mató) fue su marido al llegar a la casa. Y lo que pasó de allí en adelante entra en el universo de las especulaciones. ¿El la mató? Si fue así, ¿por qué lo hizo? ¿O fueron ladrones? ¿O algún enemigo del country? ¿Habrá sido alguien ligado a carteles narcos mexicanos? Y si fue otro, ¿por qué la familia limpió la escena del crimen como parece que lo hizo? ¿Qué rol jugaron los hermanos y el cuñado y otros involucrados en un posible encubrimiento?

CARMEL narra de manera muy efectiva (y entendible para los neófitos en el tema), los distintos pasos y procedimientos del caso a lo largo de los años. Y más allá de algunas inconsistencias –que probablemente también sean inconsistencias del caso–, el asunto va adquiriendo dimensiones épicas, pasando de ser un aparente accidente a convertirse en una conspiración entre muchas personas con motivos que nunca se aclaran ni se entienden demasiado bien en la realidad. Y hay muy buen material de archivo (mediático, pero también y especialmente del primer juicio) que ofrece muchísimas sorpresas y momentos bastante insólitos.

Dentro de un formato que es ya clásico en el estilo Netflix, la showrunner y el realizador utilizan de manera bastante precisa los recursos de este género conocido como true crime: líneas de tiempo sobre la pantalla, música de thriller, docenas de entrevistas y ningún narrador, algunos (pocos, por suerte) reenactments y una construcción muy efectiva de personajes. Al entrevistar a gran parte de los involucrados, CARMEL logra crear buenos «personajes» en un sentido dramático. Está Carlos Carrascosa –el marido, el viudo, ¿el asesino?– con su campechana simpatía de clase alta ociosa; la siempre preocupada pero aparentemente muy franca y directa Irene Hurtig –hermana de María Marta–; el un tanto más sinuoso Horacio García Belsunce –hermano también–, y el fiscal Diego Molina Pico, implacable y quizás obsesivo perseguidor de la familia durante años.

A la que quizás falte caracterizar más y mejor es a la propia María Marta, que es el personaje central, aún fallecida, de esta historia. Al menos dentro de la narración, se trata de un personaje un tanto enigmático y poco carismático, con una historia y una personalidad de la que se habla brevemente pero que no alcanza a generar mucha empatía personal. Quizás no haya mucha más tela para cortar respecto a su pasado –eso en la serie se dice más de una vez–, lo cual a la vez genera un misterio a la hora de entender la fascinación que despertó su muerte. De hecho, da la impresión que fue más el «carisma» de sus familiares el que terminó haciendo que el caso creciera mucho más de lo esperable, sorprendiendo hasta a sus propios protagonistas.

No suelo seguir este tipo de casos por los medios (más allá de las informaciones que trascienden lo estrictamente policial) por el problema del que se habla en la propia serie: es evidente que a la prensa le interesan estos casos porque generan muchas ventas y, con el paso del tiempo, van transformando lo que podrían ser buenos relatos policiales en imposibles novelas de acontecimientos bizarros y conspiraciones absurdas e interminables. Lo bueno de CARMEL es que, con sus cuatro horas de duración divididas en cuatro bastante compactos episodios, uno sabe que la narración está controlada y organizada con principio y un final, por más que no sea el final real del caso o de la investigación. Y que no aparecerán los desvíos narrativos imposibles que la prensa acostumbra introducir para seguir estirando un negocio rentable.

Otro factor interesante –similar a lo que se hizo en la serie sobre Nisman– es que los realizadores no eligen ningún punto de vista ni apoyan una hipótesis sobre las otras. O al menos no lo hacen de manera evidente. Es que no es necesario, ya que el caso María Marta tiene la atracción de los policiales clásicos con su intriga limitada en locaciones y personajes, sus borrosas motivaciones y la vida acomodada de sus personajes, esa suerte de aristócratas de medio pelo que habitan estas tierras. Es tan así que uno espera la aparición de algún detective, una especie de Hercules Poirot bonaerense, que logre desenmascarar a alguno de los personajes con reveladores razonamientos o descubrimientos de último momento. Habrá que ver la serie para saber si eso sucede o no. Hay evidencias (y pitutos) para todos los gustos…

En los comments los invito a dejar sus hipótesis respecto a quién o quiénes fueron los asesinos y al rol que la familia de María Marta jugó en el asunto.