Estrenos online: crítica de «El cazador», de Marco Berger (Netflix)

Estrenos online: crítica de «El cazador», de Marco Berger (Netflix)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
10 Dic, 2020 11:05 | comentarios

Llega a la plataforma de streaming la más reciente película del realizador argentino centrada en un joven que se ve involucrado en lo que parece ser una red de pornografía infantil. Crítica publicada originalmente en La Agenda de Buenos Aires.


A lo largo de una carrera dedicada prácticamente en su totalidad a trabajar temáticas del universo gay, Berger ha explorado diversas áreas y situaciones potencialmente conflictivas. En EL CAZADOR toma un riesgo, si se quiere, un tanto mayor ya que se acerca a un costado delictivo ligado a la pornografía infantil. El otro riesgo que toma tiene más que ver con lo cinematográfico, ya que es su película más cercana a una de género, bordeando los límites del suspenso de una manera no tradicional.

El protagonista es Ezequiel (Juan Pablo Cestaro), un adolescente de mirada penetrante y cuerpo trabajado (como casi todos los personajes masculinos del cine de Berger) que aprovecha que sus padres se fueron de viaje para vivir algunas aventuras sexuales en su casa que tiene (como en casi todas las películas de Berger) una pileta de natación. Uno de los chicos que conoce y que lleva a su casa es un tal Mono (Lautaro Rodríguez), con el que termina estableciendo una relación que parece ir un poco más allá que una noche de sexo casual.

Es por eso que cuando el Mono invita a Ezequiel a pasar unos días en un caserón alejado de la ciudad, nada parece muy raro ni extraño. Allá vive un primo del Mono al que llaman Chino (Juan Barberini), que parece dedicado a sus cosas y no muy preocupado respecto a lo que hacen o dejan de hacer Mono y Ezequiel, que de todos modos solo se presentan ante él como amigos. Pero quizás haya algo más sucediendo allí. Y pronto Ezequiel empezará a notarlo. Y a sospechar del Chino.


La película allí pega un giro que es interesante en términos dramáticos pero complicado en lo narrativo. Como es de prever, hay una operación ilegal funcionando ahí y Ezequiel, al descubrirla, queda enredado en ella. Es por eso que, presionado, le toca a él pasar de “cazado” a “cazador”. Es decir, salir a la búsqueda de otro chico muy joven (Patricio Rodríguez) al que meter en este peligroso e ilegal negocio.

Lo interesante de la propuesta de EL CAZADOR es que Berger acepta y entiende la ambigüedad de la situación, ubicándose en la piel del personaje y poniendo a Ezequiel en zonas incómodas respecto a las decisiones que debe tomar y a los peligros que evidentemente corre. Lo narrativo se complica porque la película, literalmente, se parte en dos ante ese giro y es como si, promediando su metraje, hubiera que empezar todo de nuevo.

Ese problema finalmente se supera –digamos que de algún modo las dos partes se reúnen—y la película conserva hasta el final ese tono sombrío e inquietante que genera no solo el tema de la pornografía infantil sino la propia relación del protagonista con ese negocio. Berger consigue un llamativo realismo (estilizado, pero realismo al fin) de parte de su elenco y crea un personaje interesante en Ezequiel, alguien que no parece tener muy en claro como lidiar con el deseo, el miedo y los secretos. A mitad de camino entre película de autor y thriller (homo)erótico, EL CAZADOR muestra nuevos caminos a explorar en la carrera del realizador de PLAN B y AUSENTE.